miércoles, 30 de diciembre de 2009

Avatar (***) (5/10)

AVATAR (USA, 2009, 166 min.). Director: James Cameron. Intérpretes: Sam Worthington, Sigourney Weaver, Zoe Saldana, Stephen Lang, Michelle Rodriguez, Giovanni Ribisi. Guión: James Cameron. Fotografía: Mauro Fiore. Música: James Horner. CIENCIA-FICCIÓN.


Para ser la película dirigida a cambiar la historia del cine o, más importante y difícil aún, a cambiar la industria del cine (o así es como la vendían), me dejó frío. Quizás fueran muy altas las expectativas ya que no hay nada que reprochar a su espectacularidad. Tras muchos años de inactividad, volvía uno de los grandes de Hollywood, James Cameron, para colocarse en primera línea de parrilla con una historia acorde con los tiempos que vivimos: ecologismo y avatares, haciendo referencia a la segunda personalidad en Internet (¿se parecen mucho la tribu na´vi, habitantes de Pandora, a los elfos de la noche del World of Warcraft o soy yo?).

Curiosa a la hora de desarrollar un nuevo mundo con todas sus especies y formas de vida, acaba acercándose excesivamente al dibujo morfológico terráqueo, (el parecido entre Pandora y la Tierra, es cuanto menos, escandaloso por mucho que los humanos no puedan respirar allí). Tal vez por eso, sea más claro el implícito mensaje ecologista. Y es que Avatar se convertirá en la película recolectora de premios esta temporada, por haber sabido conjugar el elemento ecológico dentro de una superproducción (de muchos millones de dólares) de género épico e intentando revolucionar el mundo del séptimo arte (por algo así fue tan premiada El Señor de los Anillos: El retorno del rey, cuando, a mi parecer, no era la mejor película de la trilogía). La industria tiende a reconocer estas películas.

La falta de carisma del protagonista, Jake Sully, interpretado por Sam Worthington (Terminator Salvation), presentado como Mesías para el pueblo na´vi pero al que, en realidad, se advierte como la víctima de una serie de fortuitos accidentes (entre ellos, el amor, el más grande de todos los posibles), hace que Avatar tiemble desde sus pilares más básicos. Quizá esto pueda deberse a la capacidad de Cameron por hacer a las mujeres protagonistas de sus films mucho más fuertes y decididas: la teniente Ripley (Aliens: El regreso), Sarah Connor (Terminator, Terminator 2), Rose Dewitt (Titanic), etc... Aquí también, la heroína, que ni siquiera posee un rostro humano, supera con creces al protagonista aunque se percibe en ella una descarada similitud al universal personaje de Pocahontas. Destacado el papel de Giovanni Ribisi (un actor siempre eficiente) como enlace del gobierno y el reencuentro, casi un cuarto de siglo después de Aliens: El regreso, entre Sigourney Weaver y Cameron.

Descrito todo esto y, para bien o para mal, Avatar se convierte en la película del año por explosión mediática donde el fallo radica en disfrazar una historia de indios y vaqueros entre batallas galácticas y naves espaciales. Porque Pandora podría denominarse, perfectamente, el lejano Oeste y porque los na´vi, pueblo en comunión con la naturaleza, o sea, indios americanos del siglo XIX, han de ser expulsados de sus tierras por los (mejor armados) imperialistas sedientos de expansión y riqueza. ¡Ay, si Eastwood hubiera tenido esta idea! Menudo peliculón habría hecho.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Donde viven los monstruos (*****) (9/10)

WHERE THE WILD THINGS ARE (USA, 2009, 100 min.). Dirección: Spike Jonze. Intérpretes: Max Records, Catherine Keener, Mark Ruffalo, Chris Cooper (voz), James Gandolfini (voz), Paul Dano (voz), Catherine O´Hara (voz). Guión: Spike Jonze y Dave Eggers, sobre el libro de Maurice Sendak. Fotografía: Lance Acord. Música: Karen O. y Carter Burwell. FANTÁSTICO.

Qué pena que encendieran las luces y recordara que me encontraba rodeado de niños. Primero, porque se había terminado la magia y; segundo, porque la nueva película de Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, Adaptation) no es, ni de lejos, pasto para ingenuos infantes por mucho que haya sido distribuida y publicitada para ellos, amén de ser estrenada en Navidades (una vergüenza, oigan, pero el dinero manda). Sólo conociendo la reducida pero valiosísima filmografía del director se podía presuponer que por ahí no iban los tiros. Y, efectivamente, por ahí no van los tiros ya que Donde viven los monstruos es una lírica regresión (para adultos, obviamente) hacia una dimensión donde todavía existe el niño que no creció en nuestro interior.

La maestría con que el director cautiva (en todas sus producciones) con personajes superados por su realidad, desesperados y perdidos (en este caso Max, un niño que se siente abandonado por su familia), únicamente es comparable a su lógica fílmica de contarnos más de lo que simplemente se ve en pantalla, de dejarnos con un saborcillo agridulce para masticarla mejor de camino a casa o consultándolo con la almohada.

Utilizando la metáfora como elemento principal de la narración, es necesaria la complicidad de un espectador dispuesto a trabajar en comprender lo que está viendo. Para así poder descubrir el lugar donde viven los monstruos y reconocer en cada uno de sus rincones un reflejo de la vida y problemas de Max. Porque, precisamente se trata de eso, de reconocer esos lugares comunes o paralelos, que existen en ambos mundos, y acompañar a nuestro protagonista a la hora de conocer y comprender a Carol, su alter ego monstruoso. Max Records, protagonista del film, a pesar de cargar con la responsabilidad dramática del relato con tan sólo 12 años, completa una grandiosa interpretación, a la que no le falta ni le sobra un ápice (¿suenan campanas de posible nominación al Oscar?). Una muy grata sorpresa.

Sublime y sugerente periplo imaginario donde lo políticamente correcto queda a un lado, para dar paso a una pequeña muestra de realidad, donde la infancia no es la etapa inocente de la vida de cualquier persona, donde se justifica el uso de la violencia como una pueril salida de emergencia y donde se legitima el egoísmo como una actitud muy humana y natural, sobre todo, cuando se es un niño. Con todo esto, Donde viven los monstruos es un recital de cine poético visceral sobre las necesidades infantiles (o no tan infantiles) de atención en un viaje hacia la madurez más inmediata y la comprensión de un mundo que, a veces, no es ni el del protagonista ni el nuestro: la vida real.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Spanish Movie (**) (3/10)

SPANISH MOVIE (España, 2009, 89 min.). Dirección: Javier Ruiz Caldera. Intérpretes: Alexandra Jiménez, Carlos Areces, Silvia Abril, Joaquín Reyes, Eduardo Gómez, Luis Zahera, Michelle Jenner. Guión: Paco Cabezas y Eneko Lizarraga. Fotografía: Óscar Faura. Música: Fernando Velázquez. COMEDIA.

Y yo que pensaba que las parodias cinematográficas servían como duro correctivo hacia determinadas películas, o eso me parecía viendo los ya clásicos de Mel Brooks como El jovencito Frankenstein (1974) o Sillas de montar calientes (1974). Sin embargo, queda claro que pueden tener otra utilidad muy diferente: promover un sonado autohomenaje. Y es que gracias a la salud de una parte (bastante reducida) de nuestro cine, Spanish Movie aprovecha para regalarse por navidades una indulgente película hecha entre amigos sin ninguna capacidad crítica en sí misma salvo la de regodearse (con un humor, en ocasiones, bastante zafio) sobre lo buenos y maravillosos que somos cuando hacemos películas que la gente va a ver.

De partida, el número de cintas a parodiar son excesivas. Sin querer dejar de invitar a alguien a la fiesta, la película se convierte en un variopinto popurrí de sketches difícilmente hilable. En todo caso, salvan el obstáculo; porque escribir una historia en base a un número determinado de conceptos no es tan complicado, lo único es que cuantos más conceptos haya que incluir más absurda será la historia (he aquí un caso evidente).

Dos actrices impecables, eso sí, Alexandra Jiménez (Fuera de carta) y Silvia Abril. La primera como la almodovariana Raimunda de Volver, aquí llamada Ramira, a la que clava utilizando sus voluptuosidades para una mayor carga cómica; y la segunda, la desvergonzada e irreverente niña de Shrek, como una mezcla de Belén Rueda (El orfanato) y Nicole Kidman (Los otros) que cautiva la cámara desde el segundo cero y que, le hubieran dado el papel que le hubieran dado, nos haría reír como hacía tiempo no nos hacía reír otra actriz española (pensar en Gracita Morales sería exagerado, ¿no?). Por el contrario, los "chanantes" Joaquín Reyes y Carlos Areces, me hacen dudar de su más que discutible don interpretativo, ya que ambos parecen sacados de cualquier capítulo de sus extraordinarios programas "La hora chanante" o "Muchachada Nui", sin evolucionar nada en sus dos roles como el Fauno (El laberinto del fauno) y Ramón Sampedro (Mar adentro). Una pena, podríamos haber descubierto en ellos algo nuevo e, incluso, interesante. Por otro lado, los excesivos cameos sólo corroboran la teoría de la benevolencia y camaradería del film (aunque también colaboran a que llegara un momento en que creía estar viendo una posible versión de Torrente 4).

Álgido comienzo capaz de unir comicidad y preciosismo (bellísima factura técnica) que hace que la película no se pueda sostener a partir de la media hora, con la chabacanería y el escatologismo como primer recurso cómico. Porque créanme que aquello se acaba convirtiendo en una carrera para poder llegar a la meta de la chorrada por minuto. Si lo que querían era copiar el formato "Loquesea Movie" americano (Scary Movie, Date Movie, etc.), han ido a elegir lo malo y lo peor, sin ni siquiera echar una mirada hacia atrás y "homenajear" nuestra extensa tradición cómica como referente más directo.



viernes, 18 de diciembre de 2009

Planet 51 (****) (7/10)

PLANET 51 (España, Gran Bretaña, 2009, 90 min.). Dirección: Javier Abad, Jorge Blanco y Marcos Martínez. Intérpretes (voces): Dwayne Johnson, Jessica Biel, Justin Long, Gary Oldman. Guión: Joe Stillman. Música: James Seymour Brett. ANIMACIÓN.

Nacida dentro de la ola de películas de animación del siglo XXI para todos los públicos, es decir, también prediseñadas para enamorar a mayores, Planet 51 debería hacer surgir en nuestro interior un cierto orgullo patrio. La nueva (porque es su primer largo, no porque se haya creado recientemente) productora Ilion Animation, de nacionalidad española, promete un gran futuro y aunque en su primer proyecto mama demasiado de todas sus predecesoras americanas (las películas de Pixar y Dreamworks, especialmente de Wall-E, por sus evidentes connotaciones intergalácticas), conjuga bien todos los apartados para crear una historia que nada tiene que envidiar a sus competidores del otro lado del Atlántico, a los que más se parece, o a los del Extremo Oriente, aunque no tengan nada que ver.

Basada en la máxima del cine de animación actual (versión USA, claro está), Planet 51 se alimenta de la selección de determinados tópicos para darlos la vuelta por completo. Véase como ejemplo más evidente de este hecho: Shrek (2001), el ogro convertido en héroe que, por cierto, también fue escrita por Joe Stillman, guionista de la película que aquí nos ocupa. Su punto de partida no puede ser más próximo a esta premisa de querer dar la vuelta a la tortilla: humanos invadiendo otro mundo, aunque también beben de esta fuente muchos otros elementos presentes en el film: un Alien como mascota, un robot enviado desde la Tierra para explorar el planeta que se dedica exclusivamente a fotografiar piedras, etc.

Como ópera prima de la (esperemos extensa) factoría Ilion Animation, Planet 51 ofrece una hora y media (medida estándar, por supuesto) trepidiante, rítmica, salvaje e irónica combinada con buenas y hábilmente repartidas aunque escuetas dosis de humor visual, capaces de mantener intacta una sonrisa en el espectador durante toda la proyección. Utilizando personajes extremos pero muy reconocibles (desternillante el profesor obsesionado con extraer el cerebro de los alienígenas), se adivina con bastante facilidad el devenir de éstos aunque no por ello sus reacciones dejan de emocionar de una forma tan efectiva (de manual cinematográfico de animación clásica la relación entre el robot Rover y Skiff, el amigo "friki" de Lem).

Gracias a todo ello, Planet 51 se convierte por completo en un chiste, en el buen sentido de la palabra, que acaba pareciéndose más a una absurda comedia apocalíptica de los Monty Python que a cualquier inocente película de animación (sin querer ofender la "inocencia" humorística del grupo británico), destacando, en este sentido, la genial secuencia donde los militares entran en completa paranoia creyendo ser todos posibles víctimas de control mental por parte del humanoide. Y es que Ilion Animation ha sabido leer perfectamente el mercado y subirse al tren de las oportunidades en el momento adecuado, ofreciendo un producto que, no obstante, no es perfecto (y dista bastante de parecerlo) pero que abre el camino hacia un viaje más que prometedor.

martes, 15 de diciembre de 2009

Luna nueva (***) (4/10)

THE TWILIGHT SAGA: NEW MOON (USA, 2009, 130 min.). Dirección: Chris Weitz. Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Michael Sheen. Guión: Melissa Rosenberg, sobre la novela de Stephenie Meyer. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Alexandre Desplat. FANTÁSTICO.

Podría ocurrir que superproducciones con un fenómeno fan internacional tan grande detrás tuvieran la tentación de no esforzarse mucho en complacer a sus seguidores ya que, fuese como fuese la película, sería vista y amortizada. Sin embargo, queda claro que para Hollywood, estas películas que se convierten en eventos mundiales, son más una responsabilidad que una obligación como queda muy claro en Luna nueva.

No sólo es así sino que, además, intenta abarcar a un público más amplio que no está ligado al mediático fenómeno mediante una narración más madura de la que vimos en la anterior película. Haciendo gala de un ritmo acompasado, suave, casi melancólico nos entregamos a las frustraciones y nuevas amistades de la heroína por antonomasia (o por popularidad, sin olvidarnos de Lisbeth Salander) del siglo XXI. Kristen Stewart (La habitación del pánico) continúa alejándose, a mi parecer, de la Bella literaria, mucho más patética y oscura, para enamorarnos (con una boca terriblemente sexy, perdónenme el inciso) y reflejarnos a todos como el gran espejo que es el cine, siendo partícipes de su sufrimiento y del comienzo de un triángulo amoroso que promete para las dos próximas entregas.

Y es que la aparición de Jacob (Taylor Laurent), o quizás la desaparición de Edward (Robert Pattinson), da una bocanada de aire fresco a la ya un poco manida temática sobre el amor puro que hace que Luna nueva gane en sensibilidad (menuda contradicción, dirán) y sea un relato más universal que no sólo interese a adolescentes ingenuos/as o a personas más entradas en años que anhelan ese amor que no tuvieron. La historia sólo pierde intensidad en el momento en que Edward y Bella, con unos interminables e inverosímiles diálogos ñoños, planos y aburridos, destruyen el contenido de una película que habla de la aceptación de uno mismo y no del amor, sino precisamente sobre todo lo contrario.

Aún así, Luna nueva tiene la gracia de los buenos relatos bien contados, apoyada en un espectacular cuidado de la imagen (gracias al director de fotografía español Javier Aguirresarobe) que encandila y entretiene a cualquiera que se entregue a la película sin muchos prejuicios. Un film donde descubrimos un mundo mucho más rico y complejo del que pudimos distinguir en Crepúsculo en el que el gran olvidado sigue siendo Edward, el personaje de Robert Pattinson (Harry Potter y el cáliz de fuego), que parece más un producto comercial capitalista prediseñado para conquistar los corazones femeninos que un verdadero vampiro con las implicaciones que ello conlleva (no creo que haya peor condena que vivir eternamente). En resumen, buena película.



2012 (*) (0/10)

2012 (USA, 2009, 164 min.). Dirección: Roland Emmerich. Intérpretes: John Cusack, Amanda Peet, Danny Glover, Chiwetel Ejiofor, Thandie Newton, Woody Harrelson. Guión: Roland Emmerich y Harald Kloser. Fotografía: Dean Semler. Música: Harald Kloser y Thomas Wander. FANTÁSTICO.



Enésima película del director alemán Roland Emmerich que versa sobre catástrofes (Independence Day, Godzilla, El día de mañana). Esta vez, se trata de una profecía maya que indica que el fin del mundo, tal y como lo conocemos, será el 21 de diciembre de 2012. Pese a un arranque prometedor amparado en una sólida base científica, o eso me parece a mí, la película se va diluyendo tan rápido como un cubito de hielo abandonado en medio del océano a través de su excesivo metraje (dos horas y media de destrucción sin sentido).

Construida a base de todos los clichés habidos y por haber en el cine comercial hollywoodiense: ex marido que intenta salvar a la familia que ha perdido por no ser el padre y esposo ideal, la malvada clase política frente a la inocencia del científico ético, etc. Estos estereotipos pensados para ayudar a la activación del efecto dramático, irritan a cualquier espectador que se sienta mínimamente inteligente.

Batiburrillo de culturas y personajes de todos los puntos del planeta que no aporta prácticamente nada al film, sólo una segura mejor distribución de éste por el mundo entero (extrañamente o casualmente, mejor dicho, las dos historias no centralizadas en USA ocurren en China e India, dos de los países más poblados del planeta: cosas de taquilla, globalización y la industria cinematográfica). John Cusack (Jackson Curtis), espléndido como neurótico titiritero en Cómo ser John Malkovich, y Amanda Peet (Kate Curtis), deliciosa como una asesina en serie en prácticas en Falsas apariencias, matrimonio protagonista, naufragan con el resto de la producción en unos papeles que les alejan de su más que sobrado talento para la comedia por encima de cualquier otro género. Cabe destacar, sin embargo, a Woody Harrelson (Asesinos natos), también actor con un bagaje más cómico que dramático que nos regala la interpretación de un profeta radiofónico muy tarado siendo así el más "gamberro" de los personajes, muy de agradecer por parte del espectador entre tanta masticada tragedia.

Protagonizada por demasiados héroes y pocos villanos (situación que realmente encuentro improbable y más en el film de los tiempos), 2012 se pierde en su necesidad de amortizar al máximo la superproducción que obliga a complacer a todo tipo de espectadores, convirtiendo el relato en impersonal y enervante, saciado de continuas escenas de acción sin sentido con la capacidad de conmover de una patata sobre un retrete, aunque una gran parte del metraje este destinado a este fin. Personalmente, me quedo con la divertida y escueta aparición de la Reina de Inglaterra y el impresionante parecido físico de la actriz que interpreta el papel de la cancillera alemana Angela Merkel, por poner algo positivo. Recomendación personal sobre el fin del mundo: Tres días (F. Javier Gutiérrez, 2008, España). Hay que barrer para casa.