Podría ocurrir que superproducciones con un fenómeno fan internacional tan grande detrás tuvieran la tentación de no esforzarse mucho en complacer a sus seguidores ya que, fuese como fuese la película, sería vista y amortizada. Sin embargo, queda claro que para Hollywood, estas películas que se convierten en eventos mundiales, son más una responsabilidad que una obligación como queda muy claro en Luna nueva.No sólo es así sino que, además, intenta abarcar a un público más amplio que no está ligado al mediático fenómeno mediante una narración más madura de la que vimos en la anterior película. Haciendo gala de un ritmo acompasado, suave, casi melancólico nos entregamos a las frustraciones y nuevas amistades de la heroína por antonomasia (o por popularidad, sin olvidarnos de Lisbeth Salander) del siglo XXI. Kristen Stewart (La habitación del pánico) continúa alejándose, a mi parecer, de la Bella literaria, mucho más patética y oscura, para enamorarnos (con una boca terriblemente sexy, perdónenme el inciso) y reflejarnos a todos como el gran espejo que es el cine, siendo partícipes de su sufrimiento y del comienzo de un triángulo amoroso que promete para las dos próximas entregas.
Y es que la aparición de Jacob (Taylor Laurent), o quizás la desaparición de Edward (Robert Pattinson), da una bocanada de aire fresco a la ya un poco manida temática sobre el amor puro que hace que Luna nueva gane en sensibilidad (menuda contradicción, dirán) y sea un relato más universal que no sólo interese a adolescentes ingenuos/as o a personas más entradas en años que anhelan ese amor que no tuvieron. La historia sólo pierde intensidad en el momento en que Edward y Bella, con unos interminables e inverosímiles diálogos ñoños, planos y aburridos, destruyen el contenido de una película que habla de la aceptación de uno mismo y no del amor, sino precisamente sobre todo lo contrario.
Aún así, Luna nueva tiene la gracia de los buenos relatos bien contados, apoyada en un espectacular cuidado de la imagen (gracias al director de fotografía español Javier Aguirresarobe) que encandila y entretiene a cualquiera que se entregue a la película sin muchos prejuicios. Un film donde descubrimos un mundo mucho más rico y complejo del que pudimos distinguir en Crepúsculo en el que el gran olvidado sigue siendo Edward, el personaje de Robert Pattinson (Harry Potter y el cáliz de fuego), que parece más un producto comercial capitalista prediseñado para conquistar los corazones femeninos que un verdadero vampiro con las implicaciones que ello conlleva (no creo que haya peor condena que vivir eternamente). En resumen, buena película.

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