Para ser la película dirigida a cambiar la historia del cine o, más importante y difícil aún, a cambiar la industria del cine (o así es como la vendían), me dejó frío. Quizás fueran muy altas las expectativas ya que no hay nada que reprochar a su espectacularidad. Tras muchos años de inactividad, volvía uno de los grandes de Hollywood, James Cameron, para colocarse en primera línea de parrilla con una historia acorde con los tiempos que vivimos: ecologismo y avatares, haciendo referencia a la segunda personalidad en Internet (¿se parecen mucho la tribu na´vi, habitantes de Pandora, a los elfos de la noche del World of Warcraft o soy yo?).
Curiosa a la hora de desarrollar un nuevo mundo con todas sus especies y formas de vida, acaba acercándose excesivamente al dibujo morfológico terráqueo, (el parecido entre Pandora y la Tierra, es cuanto menos, escandaloso por mucho que los humanos no puedan respirar allí). Tal vez por eso, sea más claro el implícito mensaje ecologista. Y es que Avatar se convertirá en la película recolectora de premios esta temporada, por haber sabido conjugar el elemento ecológico dentro de una superproducción (de muchos millones de dólares) de género épico e intentando revolucionar el mundo del séptimo arte (por algo así fue tan premiada El Señor de los Anillos: El retorno del rey, cuando, a mi parecer, no era la mejor película de la trilogía). La industria tiende a reconocer estas películas.
La falta de carisma del protagonista, Jake Sully, interpretado por Sam Worthington (Terminator Salvation), presentado como Mesías para el pueblo na´vi pero al que, en realidad, se advierte como la víctima de una serie de fortuitos accidentes (entre ellos, el amor, el más grande de todos los posibles), hace que Avatar tiemble desde sus pilares más básicos. Quizá esto pueda deberse a la capacidad de Cameron por hacer a las mujeres protagonistas de sus films mucho más fuertes y decididas: la teniente Ripley (Aliens: El regreso), Sarah Connor (Terminator, Terminator 2), Rose Dewitt (Titanic), etc... Aquí también, la heroína, que ni siquiera posee un rostro humano, supera con creces al protagonista aunque se percibe en ella una descarada similitud al universal personaje de Pocahontas. Destacado el papel de Giovanni Ribisi (un actor siempre eficiente) como enlace del gobierno y el reencuentro, casi un cuarto de siglo después de Aliens: El regreso, entre Sigourney Weaver y Cameron.
Descrito todo esto y, para bien o para mal, Avatar se convierte en la película del año por explosión mediática donde el fallo radica en disfrazar una historia de indios y vaqueros entre batallas galácticas y naves espaciales. Porque Pandora podría denominarse, perfectamente, el lejano Oeste y porque los na´vi, pueblo en comunión con la naturaleza, o sea, indios americanos del siglo XIX, han de ser expulsados de sus tierras por los (mejor armados) imperialistas sedientos de expansión y riqueza. ¡Ay, si Eastwood hubiera tenido esta idea! Menudo peliculón habría hecho.
Qué pena que encendieran las luces y recordara que me encontraba rodeado de niños. Primero, porque se había terminado la magia y; segundo, porque la nueva película de Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, Adaptation) no es, ni de lejos, pasto para ingenuos infantes por mucho que haya sido distribuida y publicitada para ellos, amén de ser estrenada en Navidades (una vergüenza, oigan, pero el dinero manda). Sólo conociendo la reducida pero valiosísima filmografía del director se podía presuponer que por ahí no iban los tiros. Y, efectivamente, por ahí no van los tiros ya que Donde viven los monstruos es una lírica regresión (para adultos, obviamente) hacia una dimensión donde todavía existe el niño que no creció en nuestro interior.

Nacida dentro de la ola de películas de animación del siglo XXI para todos los públicos, es decir, también prediseñadas para enamorar a mayores, Planet 51 debería hacer surgir en nuestro interior un cierto orgullo patrio. La nueva (porque es su primer largo, no porque se haya creado recientemente) productora Ilion Animation, de nacionalidad española, promete un gran futuro y aunque en su primer proyecto mama demasiado de todas sus predecesoras americanas (las películas de Pixar y Dreamworks, especialmente de Wall-E, por sus evidentes connotaciones intergalácticas), conjuga bien todos los apartados para crear una historia que nada tiene que envidiar a sus competidores del otro lado del Atlántico, a los que más se parece, o a los del Extremo Oriente, aunque no tengan nada que ver.


