jueves, 23 de diciembre de 2010

Ladrones (**)

TAKERS. Dirección: John Luessenhop. Intérpretes: Matt Dillon, Paul Walker, Idris Elba, Jay Hernandez, Michael Ealy, Tip "T.I." Harris, Chris Brown, Hayden Christensen, Zoë Saldana. Guión: Peter Allen, Gabriel Casseus, John Luessenhop y Avery Duff. Fotografía: Michael Barrett. Música: Paul Haslinger. Nac.: USA. Año: 2010. Duración: 109 min. ACCIÓN.

El eterno conflicto entre amantes de lo ajeno y cuerpos de seguridad suele premiar al espectador con una buena dosis de cine que llevarse de la sala. Sea por lo ingenioso que son los ladrones al agenciarse de lo que no les pertenece, o por lo extravagante del policía, generalmente, fuera del método lícito de un funcionario estatal, para apresarlos con las manos en la masa. Ladrones intenta, que no consigue, tanto lo uno como lo otro para acabar con un revuelto en el que es difícil confiar.

Los ladrones, un eficaz grupo patrocinado por Dolce & Gabbana, jerarquizados y ordenados para llevar cada uno su función en sus golpes perfectos, de año en año. Los policías, incapaces de dar con ellos, meros perseguidores de lo invisible bajo pistas difícilmente identificables, enfrascados en unos dramas personales que roban minutos a los verdaderos protagonistas: los ladrones (o no se llama así la película).

Era de esperar que el debut de Chris Brown y T.I., reconocidos cantantes norteamericanos, no fuera para tirar cohetes y que, camuflados entre Paul Walker, Hayden Christensen e Idris Elba, incluso pasaran desapercibidos. Pues no señores, lejos de intentar guardar la ropa, el director le entrega al rapero el personaje más conflictivo de la película y obsequia al hombre que nos ha demostrado que la violencia de género no está reñida con la fama y el dinero (Chris Brown, ex novio de Rihanna) con una persecución de 10 minutos (o se me hicieron eternos), de saltimbanqui absurdez y fatal desenlace. Matt Dillon los persigue, aunque hubiera sido más gracioso tan racisa como en Crash, el trastorno familiar que suponemos tiene su personaje huele a tufillo de calcetines demasiado usados.

Así, Ladrones se cimenta en las bases de un ultra efectivo grupo de ladrones (evidente) que, en la primera que tienen, se meten en el charco más grande. Con un ex compañero caído en otra batalla que camina como si estuviera en uno de sus videoclips como única motivación para perder la cabeza. Bueno y mucha pasta, claro, pero el caso es que ya vivía como marajás. ¿Es tan grande la avaricia? Me quede con ganas de ver más minutos de Zoë Saldana, lo más rentable de la cinta aunque esta vez no fuera un bicho alto y azul.

NOTA FINAL: 3/10

lunes, 13 de diciembre de 2010

Skyline (**) (2/10)

SKYLINE. Dirección: Colin Strause y Greg Strause. Intérpretes: Eric Balfour, Donald Faison, Scott Thompson, David Zayas, Brittany Daniel, Crystal Reed. Guión: Joshua Cordes y Liam O´Donnell. Fotografía: Michael Watson. Música: Matthew Margeson. Nac.: USA. Año: 2010. Duración: 90 min. CIENCIA-FICCIÓN.

Basura entretenida. Entretenida por lo infame. Alienígenas invadiendo la Tierra con una nueva estrategia de abducción lumínica. No está mal. Humanos "convertidos" al tener contacto visual con el haz de luz azul. "15 horas antes", comienza el desastre. No el de la invasión sino el de la película que nace de un flashback. Se podría intuir una especie de cinéfilo sarcasmo de personajes chupando de la teta de mamá Hollywood que predecía algo más de lo que, finalmente, hay. No lean entre líneas, no hay nada que leer.

Los hermanos Strause actúan con premeditación y alevosía a la hora de embolsarse una ingente cantidad de dinero en taquilla con esta mala cinta de extraterrestres de bajo presupuesto, como futura financiación de su próximo bochorno. Aunque tras Alien vs. Predator 2 y la aquí presente, no sé que mayor mamarrachada se les podrá ocurrir. Aceptables efectos digitales para el ínfimo presupuesto gastado (10 millones de dólares es una baratija en la industria americana).

Unos personajes cortados por el patrón del estereotipo más vulgar, con unos conflictos personales lejos de ser asumidos por el espectador en ningún momento de la película, intentan sobrevivir al ataque de alienígenas demasiadas veces repetidos formalmente. Porque son tan recolectores como los de Spielberg en La guerra de los mundos como anatómicamente parecidos a los centinelas que intentan aniquilar a los humanos que no pertenecen a Matrix. Es decir, a parte de no gastar tiempo en guión tampoco se lo han dado a los elementos artísticos. Un clan de supervivientes, grandes secundarios televisivos, que no dan la talla en este compromiso: el sargento Batista de Dexter, el doctor Chris Turk de Scrubs, el vicioso hermano de Charlie en Lost o una de Las gemelas de Sweet Valley. No es que sean actores de primera línea, la verdad.

Sí se podía haber pedido más originalidad a un guión, desencantado desde el minuto cinco en una historia que no ofrece ninguna sorpresa ni recompensa al paciente espectador que no se levanta de la sala para huir de semejante bodrio. Para más inri, el desenlace se enzarza en una temática invisible durante el resto de la narración para mayor irritación de la platea que no sabe ya qué hacer. Diálogos irrisorios entre personajes de chiste rodeados por una alucinante situación de luces azules de discoteca evitando que su cerebro sea engullido. Tan mala, inusual, sencilla a la par que imbécil que, oigan, hasta me hizo un pelín de gracia.

NOTA FINAL: 2/10

viernes, 3 de diciembre de 2010

Caza a la espía (***) (6/10)

FAIR GAME. Dirección: Doug Liman. Intérpretes: Naomi Watts, Sean Penn, Ty Burrell, Sam Shepard, Bruce McGill. Guión: Jez y John-Henry Butterworth, sobre los libros de Joseph Wilson y Valerie Plame. Fotografía: Doug Liman. Música: John Powell. Nac.: USA. Año: 2010. Duración: 104 min. THRILLER.

Pues resulta que los espías de verdad no son como James Bond (¡qué lástima!), sino que tienen hijos y una rutinaria vida familiar trenzada con secretas investigaciones para desentramar las políticas de países antiamericanos (o países víctimas de la paranoia post 11 de septiembre). Como el caso de Valerie Plame, una agente encubierta de la CIA y madre de gemelos, a la que la administración Bush vapulea publicando su nombre real, denostándola y robándole su verdadera identidad que, paradójicamente, es la que no existe. El individuo contra el gobierno, la hormiga que desafía al elefante, la impotencia de luchar contra el poder.

Doug Liman (El caso Bourne), director de la cinta, recoge los sucesos ocurridos entre la agente de inteligencia, Valerie Plame y su marido, Joseph Wilson, diplomático estadounidense, contra el gobierno de los Estados Unidos; y, animado por su pro-democrática ideología, expone un discurso tan políticamente activo como íntimamente ligado al ámbito familiar, el que ocurre entre las cuatro paredes de nuestro hogar. Mezcla difícil de ejemplificar sin trasnochar en los sucesos más absurdos, pendiendo de un hilo entre el buen thriller y la película "basada en hechos reales" ("True story!", citando al gran Barney Stinson) que tan bien rellena la parrilla televisiva en demasiadas ocasiones. Caza a la espía salva el escollo con soltura.

Quizá sea por los actores, porque el reencuentro entre Naomi Watts y Sean Penn, después de 21 gramos y El asesinato de Richard Nixon, acentúa lo que los dos actores labran en cada minuto que aparecen en pantalla: mucho talento. Naomi Watts asume el conflicto y absorbe la desbordada realidad de la protagonista y Sean Penn la acompaña en un proyecto (y un personaje) muy afín a su cometido como activista. Aún así, no se despista y ejerce de patriarca, liderando una utópica cruzada de siglo XXI, en un ejercicio de absoluta sobriedad al que nos tiene acostumbrados.

Y es que el mayor valor de Caza a la espía (triste traducción de Fair Game) es su capacidad para remarcar la diferencia entre Estado e individuo en el ámbito público y conseguir ser explícito en una humillación sin capacidad alguna de defensa. Es hacer patente la vulnerabilidad del ser humano como individuo cuando el complejo engranaje que todo lo mueve conspira en nuestra contra, medios de comunicación de por medio, cuyas filtraciones nunca son inocuas sino que son capaces de denigrar al ciudadano-chivo expiatorio y engañar a las masas para creer lo que los poderosos están dispuestos que crean. Menos mal que, ahora, tenemos Wikileaks. O no.

NOTA FINAL: 6/10

martes, 30 de noviembre de 2010

Bon Appétit (*) (1/10)

BON APPÉTIT. Dirección: David Pinillos. Intérpretes: Unax Ugalde, Nora Tschirner, Herbert Knaup, Guilio Berruti. Guión: David Pinillos, Paco Cabezas y Juan Carlos Rubio. Fotografía: Aitor Mantxola. Música: Marcel Vaid. Nac.: España, Suiza, Alemania. Año: 2010. Duración: 95 min. DRAMA ROMÁNTICO.

No puedo dejar de hacerme eco de los comentarios que he leído sobre la ópera prima de David Pinillos, montador como principal oficio. Y no puedo dejar de hacerlo por lo curioso que me resulta ver la profundidad e intensidad que, otros, han conseguido entresacar de la última película protagonizada por Unax Ugalde. Y no sólo comentarios, sino incluso premios en festivales de cine, como los seis que se llevó en el de Málaga.

Bien es cierto que, durante un tiempo inicial, Zurich se nos ofrece a los ojos como una gran anfitriona, incluso dejándonos olvidar lo que todo esto conlleva en las producciones nacionales (corproducciones europeas, mejor dicho), hecho que ya se evidencia por las pericias de los protagonistas en Bilbao y Munich. Y que puede denotarse un cierto orgullo amateur, estética de cortometraje, que invita a algo de frescura en la imagen. Pero no traspasa más allá, Bon appétit, se enmascara en un mundo de alta cocina para versar sobre amores imposibles entre caprichosos niños de papá jugando a ser grandes nombres en el mundo profesional. En todo caso, el papel de la "chica", Hanna, Nora Tschirner, genera más ansiedad en su tragedia personal.

Y no es por los actores, que todos cumplen (Ugalde, Tschirner, Berruti), sino sus diálogos que, aunque agresivos, están fuera de tono, demasiado reaccionarios y falsamente cínicos sobre el amor y el sentido de la vida. Es lógico que todo ser humano se haya sentido rechazado alguna vez, sin embargo, no es excusa que con la maravillosa (500) days of Summer todavía en la memoria, nos inviten a un convidado de piedra donde falta lo evidentemente sutil de la anteriormente nombrada: la comedia. Así como hizo Cobeaga en Pagafantas. La esencia está ahí.

Así, Bon appétit es indigerible. Y quizá ese sea uno de los objetivos que los responsables han intentado mostrar. Si es así, he de rectificar en varias de mis líneas, sin embargo, creo que Bon appétit busca ser más trascendente de lo que, en realidad, es. Indagando en el drama de las relaciones amorosas no correspondidas, se estrella ante la inutilidad de un propósito ya por todos reconocido, melancólico y triste en exceso, con unos personajes bastante planos y poco convincentes, en una dicotomía vital entre trabajo y amor, más bien, sencillita. Y es que, aunque la línea a seguir no era equivocada, falta "picante" en este primer plato del chef Pinillos.

NOTA FINAL: 1/10

lunes, 8 de noviembre de 2010

Los ojos de Julia (***) (6/10)

LOS OJOS DE JULIA. Dirección: Guillem Morales. Intérpretes: Belén Rueda, Lluís Homar, Pablo Derqui, Francesc Orella, Julia Gutiérrez Caba. Guión: Guillem Morales y Oriol Paulo. Fotografía: Óscar Faura. Música: Fernando Velázquez. Nac.: España. Año: 2010. Duración: 117 min. THRILLER.

Bajo el publicitario apadrinamiento de El orfanato, llega a la cartelera Los ojos de Julia, un thriller mainstream de ascendencia española, algo cada día más común en los cines de nuestro país. Lo cual, me llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel. Guillem Morales, el director convoca a un grupo de cineastas que adolecen un cuidado gusto por la imagen para ofrecer una película de género recomendable. Y aunque las comparaciones son... inevitables (más, si es así como lo venden), El orfanato gozaba de una unidad dramática más equilibrada en su conjunto global.

Y es que todo lo que en Los ojos de Julia pertenece al género es lo correcto. Una puesta en escena delicada, una imagen acorde a lo que se cuenta, una sutil y brillante dirección de arte y una actriz, Belén Rueda, generosa en el esfuerzo y que brilla con luz propia (en una película a oscuras). Pero claro, las películas no son sólo aspectos formales y técnicos, son historias. Y en la pura narrativa es donde Los ojos de Julia expone un libreto con demasiadas sombras que, en ocasiones, indica descaradamente al espectador que se aferre al suspense de una forma obligatoria, abandonando a su protagonista en forzadas secuencias.

No desmerece el resultado final, pero Los ojos de Julia se dilata en su desarrollo, en ocasiones, tedioso e inverosímil. Y tropieza en un intento de mezcla de géneros digno del Telecinco de los años 90. La cinta pierde intensidad en cuanto se aleja por los derroteros que no pertenecen al suspense, su hábitat natural, buscando en el culebrón todo aquello que cree puede completar la historia. Error de bulto, cuando se tiene un concepto bueno para la concepción de un thriller en estado puro: una mujer con una enfermedad degenerativa en los ojos (se queda ciega) es acosada por un perturbado que se esconde en la oscuridad. Genial.

Que ese sea su talón de Aquiles, no significa que Los ojos de Julia no sea fiel a la propuesta que vende. Terror y suspense envuelven una historia que respeta al espectador en su objetivo, con un eterno e intenso clímax final y un villano muy gratamente malvado. A lo mejor, al aquí presente, le resultó tan bonito el envoltorio del regalo que encontró más en el interior de lo que, de verdad, había. Aunque los pasillos interminables que se van iluminando, los rincones repletos de oscuridad y los flashes fotográficos regalen imágenes que impregnan la retina del espectador. Lástima de epílogo "universal", tanto por su definición más estricta como por querer dejar contento a "todos los públicos".

NOTA FINAL: 6/10

jueves, 28 de octubre de 2010

Buried (****) (8/10)

BURIED. Dirección: Rodrigo Cortés. Intérpretes: Ryan Reynolds. Guión: Chris Sparling. Fotografía: Eduard Grau. Música: Víctor Reyes. Nac.: España. Año: 2010. Duración: 93 min. SUSPENSE.

El experimento ha cuajado. No las tenía todas conmigo, malpensado por naturaleza, en esa sugerente mezcla para cualquier productor: barato y vendible (para confirmar teorías de la conspiración, en números, Buried es la película con más copias para distribuir de la historia del cine español). Sin embargo, el valor y la decisión han sobrepasado a la economía como factores determinantes para que el proyecto que andaba pululeando durante años en los despachos de Hollywood se haya llevado a cabo. Y en España. Rodrigo Cortés hace de su segunda película mucho más que un virus comercial ya que, después de "obligarte" a verla, la recompensa es bastante generosa.

El desafío era intrigante, casi como una experiencia virginal pues los ejemplos de enterramiento audiovisual (Kill Bill Vol. 2, CSI Las Vegas...), no aplicaban al pie de la letra el concepto de enterramiento en vida. Cortés, no sólo nos invita a acompañar a Paul Conroy, un conductor norteamericano enterrado en un ataúd perdido en Iraq, sino que consigue que lo seamos durante hora y media, en un ejercicio natural de empatía digno de cualquier espécimen perteneciente a la raza humana.

Pese a que la sensación física a la que hace referencia el director, no haya pasado factura en mi cuerpo (siempre fui consciente de que estaba en una butaca, no bajo tierra en un reducido espacio), el producto lleva consigo un alto agotamiento psicológico compartido con un Ryan Reynolds espectacular. Quizás es evidente decir que "él" es la película pero me temo que es así, más allá de lo lógico en un actor que está el 100% de las tomas allí delante. Genial en los detalles de una interpretación tan complicada como expuesta a cualquier ínfimo error. Perfecto el que ya nunca más será conocido como el marido de Scarlett.

Buried es lógica, visceral, inquietante en un lugar expuesto a pocas sorpresas, siniestra incluso en su mensaje político /corporativo. Es un ejemplo de timing, de ritmo cinematográfico por parte de Cortés que envuelve a su protagonista en un elenco de tonalidades lumínicas todas diegéticamente explicables (y que también afectan a la retina del espectador para no tener esa sensación de estancamiento visual). Buried enmarca lo que es una aventura en el cine, arriesgar en un producto innovador. Un transparente concepto, visual y narrativo. Y qué narices, para que se lo lleven crudito en Estados Unidos, nos lo llevamos aquí, que lo sabemos hacer tan bien o mejor que ellos.

NOTA FINAL: 8/10

lunes, 18 de octubre de 2010

Machete (****) (7/10)

MACHETE. Dirección: Robert Rodriguez y Ethan Maniquis. Intérpretes: Danny Trejo, Robert De Niro, Jessica Alba, Steven Seagal, Michelle Rodriguez, Don Johnson. Guión: Robert Rodriguez y Álvaro Rodriguez. Fotografía: Jimmy Lindsey. Música: John Debney y Carl Thiel. Nac.: USA. Año: 2010. Duración: 104 min. ACCIÓN.

Robert Rodriguez había recuperado su versión más golfa en Planet Terror, quizá su versión más identificativa. Indicio de lo que nos prometía el futuro. Machete, que nació como tráiler falso entre las dos películas del Grindhouse de Tarantino y Rodriguez, es un producto en el tono en el que Rodriguez se siente como pez en el agua, un ejercicio de realización íntima en autocomplacencia. Pues tras un origen tan desequilibrado (una mofa entre ambos directores), se ha conseguido armar un guión divertido, cachondo y, lo más increíble, premonitorio.

Poco podría imaginar Rodriguez, en los tiempos que vivimos, lo actual de su última película. Ya que lejos de querer hacer de Machete un canto político reforzador de sus orígenes y los de muchos hispanos que viven en Estados Unidos, parece ser que es en lo que se ha convertido pues la actualidad manda: se han endurecido las leyes de inmigración en el estado de Arizona. La apología ideológica respecto la inmigración es evidente pero no es el fin último de una trama que plantea directamente el conflicto fronterizo entre Estados Unidos y Méjico. Es un disfraz para contar la historia de un violento ex federal chicano con cara de pocos amigos y recio gesto aplicado en el arte de los cuchillos, envuelto en una trama donde hay una "Red" que ayuda a ilegales, políticos con pocos escrupulos ante las muestras racistas o narcotraficantes mejicanos influyentes en la democracia del país que instaura democracias. Y tías buenas, claro.

Machete es un clásico en su estilo. Danny Trejo es un duro protagonista (muy generosamente acompañado por actores que adquieren el peso y el tono de la película: Michelle Rodriguez, Jessica Alba, Robert De Niro, etc.), un ángel vengador de rasgos latinos que supera todos los obstáculos que le interpone el destino. Incluido un íntimo final con el malvado villano, Steven Seagal, en esta moda de reciclar viejos rockeros de acción. Una parodia tan bien realizada que podría definirse como independiente con una música tan elocuente y divertida como integradora en su objetivo.

Machete se nutre del Robert Rodriguez más personal. Donde mostrar sus exquisitas dotes como director es sencillo y natural. Genial en sus planos programados y violentos. Escabechina sangrienta de sensible placer, donde no sobra ningún cercenamiento corpóreo o fulminante decapitación. Diversión con mayúsculas de intrínseco mensaje (aunque nimio por su evidencia) hacia el complicado tema de la inmigración con un héroe amoral, seco, petrificado en el tiempo. Es triste que películas como éstas, finalmente, se utilicen como armas moralizadoras cuando están hechas con un último sentido paródico, de puro entretenimiento. Pero bueno, no sólo ocurre esto en la frontera sur de Estados Unidos. Pregunten a Sarkozy.

NOTA FINAL: 7/10

jueves, 14 de octubre de 2010

Resident Evil 4: Ultratumba (*) (1/10)

RESIDENT EVIL: AFTERLIFE. Dirección: Paul W. S. Anderson. Intérpretes: Milla Jovovich, Ali Larter, Kim Coates, Sergio Peris-Mechenta, Wentworth Miller, Spencer Locke. Guión: Paul W. S. Anderson. Fotografía: Glen MacPherson. Música: Tomandandy. Nac.: Canadá, Alemania. Año: 2010. Duración: 98 min. CIENCIA-FICCIÓN.

La extraterrestre Alice, única ser humano capaz de asimilar el virus T, vuelve a pasearse por la cartelera. Desvergonzada, impune, aburrida. La cuarta adaptación del videojuego Resident Evil es una continuación (sin intención de enmienda) de las dos anteriores: Apocalipsis y Extinción. Tanto en su pésimo gusto como en su inexistente estilo, a pesar de haber retomado las riendas de la dirección, Paul W. S. Anderson, que no lo hacía desde la primera incursión (única salvable aunque firma todos los guiones). Autodenominado gurú del nuevo cine de acción, patina cada vez que se vuelve a involucrar en la recreación del archiconocido videojuego de Capcom.

Inútil texto el de Anderson, incapacitado para hacer una historia que no esté encallada en el corrimiento de secuencias "sálvese quien pueda" una tras otra. Muy mecánico en su objetivo de supervivencia extrema pero tedioso, soso y repetitivo. Hordas de torpes zombies (o clásicos zombies, según se quiera ver), intentando alimentarse de las jugosas carnes de las bellas protagonistas: Milla Jovovich y Ali Larter. Dos heroínas no exentas de culpa, por su inexistente interpretación, en la baja calidad de un producto que abusa de forma descarada del slow motion para observar mejor las frescas y turgentes carnes femeninas, tan apetitosas para infectados antropófagos que para embellecer unas secuencias de acción bastante mundanas.

No contento con todo esto, se permiten el lujo de incorporar a la trama a Wentworth Miller encerrado en una jaula. Síntoma de que ni ellos mismos se toman en serio. Por cierto, otro que se toma al pie de la letra eso de no interpretar. Aplicación de desenlace made in sagas interminables como mandan los cánones (y como les piden las productoras), en este caso, con alevosía, aprovechándose del tirón comercial del engañoso 3D en salas para atraer a inocentes corderitos al matadero del taquillazo.

La próxima secuela (que la habrá), Resident Evil: Resurreción o Resident Evil: Hiperespacio, tiene visos de volver a ser una timadura de pelo. Resident Evil 4: Ultratumba es un gasto de dinero para los numerosos asiduos a las multisalas (más ahora con el suplemento 3D), con una historia que no cambia un ápice desde que comienza hasta que termina. Si se la hubieran ahorrado, en la próxima sólo habría que explicar quién es el personaje de Wentworth Miller (¡y encima no sabríamos que había salido de una celda!). Un disparate recauda billetes con un villano cada vez más próximo a ser el hermano gemelo mutante del agente Smith. Una vergüenza para un género que debería ser refrescante, ingenioso o entretenido en lugar de soporífero e irritante. Alice sólo en la Play, por favor.

NOTA FINAL: 1/10

miércoles, 6 de octubre de 2010

Todo lo que tú quieras (**) (3/10)

TODO LO QUE TÚ QUIERAS. Dirección: Achero Mañas. Intérpretes: Juan Diego Botto, Lucía Fernández, José Luis Gómez, Najwa Nimri, Ana Risueño. Guión: Achero Mañas. Fotografía: David Omedes. Música: Leiva. Nac.: España. Año: 2010. Duración: 101 min. DRAMA.

Poco pródigo en sus apariciones en pantalla, Achero Mañas ha reservado su regreso para una ocasión supongo especial. Todo lo que tú quieras se esperaba como una de las vueltas más sonadas en el panorama cinematográfico español. Sin embargo, tras el visionado, me ha dejado muy frío, distante, aguardando al genio que realizó Noviembre. Y, en realidad, vuelve por los fueros políticos sin preocuparse en colocar claras señas de identidad narrativas.

La estrambótica trama es cuanto menos sospechosa de inverosimilitud. No es justo, lo sé. Hay que confiar en el poder de la ficción pero me sigue pareciendo excesiva y rimbombante. Juan Diego Botto ejerce de padre despreocupado por las labores hogareñas hasta la muerte de su mujer. Es entonces cuando decide aplicarse el cuento y convertirse en padre y madre (en sentido literal, disfrazándose) por petición expresa de su hija que, por cierto, es de largo, lo mejor de la película. Lucía Fernández, la hija, es un bombón, un dulce de pocos años que enamora desde el segundo cero a pesar de saber que estamos condenados de ante mano por esa angelical carita que ya amenaza desde el cartel publicitario.

José Luis Gómez consigue un gran trabajo en su caracterización como transformista homosexual. Aunque es triste verle deambular sin sentido dentro de la narración, con la única utilidad de ejercer de símbolo de una minoría que Mañas está dispuesto a mostrar a toda costa pero que no está conectada a la película. El maniqueísmo vertido sobre el tema, inquieta a todo aquel que sea de mente abierta, y también debe inquietar a aquel que se identifique con la homofobia mostrada en la película. A lo mejor, tiene cierto carácter didáctico. En todo caso, demasiado riesgo para lo poco que se cuenta. Demasiada tesis y poca película.

Quizá Todo lo que tú quieras sirva como película aperturista que describa conflictos que estaban destinados a unos pocos. Una película que permita hablar a muchos directores sobre temas que, en ocasiones, parecen vetados y propiedad inexpugnable de ciertos cineastas (efectivamente, me refiero a Almodóvar, que siempre ha conseguido impregnar en fotogramas una gran sensibilidad sobre esta temática). Sin embargo, en lo que respecta a la última aventura de Mañas, se define como una película inconexa y soberbia que no pueden salvar tres o cuatro secuencias brillantes relativas a la identidad del padre (la mejor en la que Botto le suplica a su hija que le llame papá). Vuelvo a repetir: demasiada tesis y poca película.

NOTA FINAL: 3/10

martes, 5 de octubre de 2010

Conocerás al hombre de tus sueños (***) (6/10)

YOU WILL MEET A DARK TALL STRANGER. Dirección: Woody Allen. Intérpretes: Naomi Watts, Josh Brolin, Anthony Hopkins, Antonio Banderas, Gemma Jones. Guión: Woody Allen. Fotografía: Vilmos Zsigmond. Nac.: España, Gran Bretaña. Año: 2010. Duración: 98 min. COMEDIA.

Si hay alguien capacitado para contar siempre lo mismo y no aburrir es, sin duda, Woody Allen. Como el chiste que cuenta un amigo y siempre hace gracia pese a haberlo oído infinidad de veces. Porque Allen vuelve a retratar ese mundo dominado por las diferencias conyugales, llevadas hasta puntos extremos, donde lo superlativo de sus personajes es precisamente su seña de identidad y donde no falta (como siempre) un escritor, o sucedáneo, con falta de inspiración. La disfunción entre parejas y la incapacidad creativa: sus dos temas favoritos.

Conocerás al hombre de tus sueños deja una sensación de haber querido aunar demasiados conflictos en pocos personajes pues se queda en la superficie de varios conflictos. Si con Annie Hall, encandiló con la especial relación entre Keaton y el propio Allen; y en Balas sobre Broadway, irradió comedia con su sinceridad sobre la incapacidad del autor, ambas vertientes se difuminan en esta película que pasará más a la historia como la versión Woody Allen año 2010. De los pocos cineastas de película por año.

El caso de Allen es especialmente raro, cada artista suele mostrar al mundo lo que supone significa su existencia. Y aunque Allen goza de una saludable y excéntrica vida marital con su pareja (antigua hija adoptiva) y una muy fértil vida cinematográfica, repite el esquema que parece ser su obsesión vital pese a poseer todo lo contrario. Quizá proponga al espectador miedos más que certezas: la falta de comprensión en la pareja y la impotencia autoral. Si bien, el cupo de Allen es inagotable, se revuelve como gato panza arriba en lo que conoce y deambula por una siniestra línea de igualdad y correctismo, aunque consiga hacer fluida una recreación o reescritura de muchas de sus otras películas.

La singularidad de este director para hablar del sentido de la vida, disfrazándola de ligerita comedia es incatalogable. Tras haber pasado el metraje con una sonrisilla constante debido a lo que se expone explícitamente, la sensación que queda impregnada en nuestro ser es intranquila y desasosegante. Es por eso que hay que aplaudir a este icono del séptimo arte, por esa capacidad de no contar aparentemente nada y conseguir un interrogante en la mente del espectador. Aunque Conocerás al hombre de tus sueños no sea una de sus virtuosas maravillas, se agradece ir al cine y reconocer unos inequívocos esquemas de quien conoce la filmografía del que va a ver. Siempre quedan ganas de ver qué es capaz de hacer fuera de su área de seguridad, que es muy amplia, como ya demostró en Match Point.

NOTA FINAL: 6/10

jueves, 23 de septiembre de 2010

Salt (**) (2/10)

SALT (USA, 2010, 100 min.). Dirección: Phillip Noyce. Intérpretes: Angelina Jolie, Liev Schreiber, Chiwetel Ejiofor, Daniel Olbrychski, August Diehl. Guión: Kurt Wimmer. Fotografía: Robert Elswit. Música: James Newton Howard. ACCIÓN.

Rezaba el cartel publicitario: "¿Quién es Salt?". Pese a haberme tomado la molestia de intentar averiguarlo, sigo sin saberlo a ciencia cierta. Dudo que ella misma sea capaz de discernirlo. Los cambios de actitud respecto de la protagonista son tan impredecibles y caprichosos que podría ser cualquiera de las que se presenta en el film. El director, Phillip Noyce (El coleccionista de huesos), intenta mejorar el producto que lleva de sobrecarga un guión bastante flojo. Y es que Salt se caracteriza por ser una generosa trampa continua para sus espectadores, intentando imitar las complicadas narraciones contemporáneas para acabar siendo un conglomerado de giros narrativos, quizá sorprendentes pero, vacíos de contenido.

Relato incoherente, necesitado de estrambóticos trucos de guión para hacer fluir la historia que, en realidad, es sosa y produce una total apatía. Pese a estar de moda y ser un género relativamente satisfactorio (en un término general) para la audiencia, Salt aprovecha la coyuntura para asaltar la cartelera sin compasión y, peor, sin nada que contar. Quizá haya engañado a algún espectador con esos inesperados giros que pueden ejercer de atractivos efectos que deslumbren a algún inocente espectador. No se dejen engañar por una gran cantidad de fuego artificial y poca lógica interna.

Prominente esfuerzo de deificación a la figura de Angelina Jolie, que sale mal parada del acontecimiento. Y poco más que decir, pues el desaprovechamiento general del elenco de secundarios es alarmante y sirve como advertencia de lo nulo del proceso dramático. Una tercera secuela de Tomb Raider, sin cuchillo a la cintura ni pantalones censurablemente cortos. Diversos agentes soviéticos viven infiltrados en la cultura norteamericana esperando, en estado de latencia, su oportunidad de actuar. Hasta aquí, bien. Lo demás, continuas y poco sugerentes secuencias de acción más caracterizadas por la inoperancia de los agentes de inteligencia americanos que por su espectacularidad como secuencias de género.

Tiempo limitado de incomprensibilidad, de extrañas actitudes y toma de decisiones, de sin sentidos con motivaciones imposibles y agentes de inteligencia de corazón blandito. Además de una acérrima defensa del sistema de vida norteamericano y un rechazo a la cultura soviética digo de hace 50 años, en plena guerra fría. Salt es olvidable, no cede en su actitud de película seria cuando, en realidad, se define como una hilera de secuencias trepidantes y desengarzadas entre una trama aburrida. Desde luego, Salt es una vergüenza para el género, un género tan bien llevado a cabo en las tres películas del carismático Jason Bourne donde, por cierto, también la identidad era el núcleo principal. Menuda diferencia.

NOTA FINAL: 2/10

lunes, 20 de septiembre de 2010

Origen (*****) (9/10)

INCEPTION (Gran Bretaña, USA, 2010, 142 min.). Dirección: Christopher Nolan. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ken Watanabe, Cillian Murphy, Marion Cotillard, Ellen Page. Guión: Christopher Nolan. Fotografía: Wally Pfister. Música: Hans Zimmer. CIENCIA-FICCIÓN.

El maestro Calderón escribió: "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son." Sin querer emular al conocido literato español, Christopher Nolan adquiere un cuasi estatus de leyenda del séptimo arte, como uno de los mejores cineastas de este nuevo (y aún corto) siglo XXI, con la estimable capacidad de mostrar el genio bajo una descarada capa de pura comercialidad.

Origen es una vuelta al principio de Nolan, a sus "orígenes", valga la redundancia. Los de descontrol mental y nuevas alternativas narrativas que le guiaron a concebir esa maravilla llamada Memento. Nolan construye en Origen un hilo narrativo profundo en el espacio imaginario del subconsciente, en lugar de dilatado y desbocado en el tiempo, como hizo en Memento. Consigue dar textura a elementos que pocos otros directores podrían siquiera tener en mente. Toda la creatividad al servicio de la composición de engendros bien montados (y bien vendidos) como este último "experimento". Floritura final incorporada que dejó un leve murmullo de inquietud digno de ser escuchado. Por lo inusitado del acontecimiento.

Podría calificarse como una verborreica y firme mezcla entre Matrix y ¡Olvídate de mí! Aunque, se acaba definiendo como una declaración de intenciones, una manifestación de la esencia de un cineasta con alma de metafísico visual, de compañero de teorías relativistas. Enmascarada tras una densidad argumental ficticia, se esconde la verdad, aquella que aparece cuando cerramos los ojos, conciliamos el sueño y dejamos volar la imaginación. Porque, increíblemente, lo que hace Nolan es enseñarnos a descubrir un mundo que todos conocemos y que, aun así, nadie nos había contado.

Que la fuerza de las imágenes oníricas es muy potente en cine, ya nos lo había demostrado Scorsese hace poco en Shutter Island (también encabezada por DiCaprio), pero con la excusa de implantar una idea en mente ajena y conseguir que ese individuo la asimile como propia, Christopher Nolan invita al espectador a bucear, investigar, reconocer y dudar del abismo de su propia mente, de lo que escapa a su consciencia, de lo que vive y siente involuntariamente durante gran parte de su vida. Porque así es, como resaltó Calderón de la Barca: "La vida es sueño". O por lo menos, casi la mitad de ella. En sentido literal. Menos mal que no existe ninguna señal que tire por tierra todos los cimientos de, lo que creemos, una verídica existencia.

NOTA FINAL: 9/10

lunes, 13 de septiembre de 2010

Toy Story 3 (*****) (10/10)

TOY STORY 3 (USA, 2010, 102 min.). Dirección: Lee Unkrich. Intérpretes (voces): Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Ned Beatty, Michael Keaton. Guión: Michael Arndt. Música: Randy Newman. ANIMACIÓN.

Han pasado ya 15 años desde que Buzz y Woody se colaron en los corazones de niños y no tan niños. Esta tercera entrega no ha podido ser mejor. En un soberbio homenaje a la figura de Woody (protagonista indiscutible), se le convoca a una última hazaña: mantener unidos a los juguetes de Andy, más allá de saber que él es el favorito, el elegido para acompañar a su dueño a la universidad. Consecuente propuesta, parecida a ese último capítulo de Lost, dedicado a su gran protagonista: Jack Sheppard. Generosa enfatización de ambos personajes, pese a haber sido vilipendiados (en ocasiones) por el ultramoderno Buzz Light Year o el cínico Sawyer, respectivamente. Los verdaderos héroes siempre aparecen al final.

Toy Story 3 sigue siendo calificable como película infantil pero traspasa los límites de la edad para enfocar directamente a otro púlico más difícil de convencer: el de los cinéfilos. Y es que, cualquier amante del buen cine, podrá comprobar la cantidad de sutiles detalles que ofrece, más allá del chiste y la aventura clásica, elementos identificadores del cine de animación. Referenciando cine negro, mafia, cárcel, las apologías son incontables, haciendo de la película un deleite para las mentes inquietas.

John Lasseter, poderoso líder e inconfudible fantasma en todas y cada una de las creaciones de su marca con estilo propio, delega en Lee Unkrich para proponer un ataque a los sentidos, una espeluznante travesía por el colorido mundo infantil convertido en un Vietnam de guardería, con un Jardín del Edén tan cercano como la habitación de al lado, aunque regentado y defendido de las invasiones externas por una cruel "familia". No es que el término aparezca en la cinta pero, Lotso, el dulce osito rosa abrazador es un capo en toda regla.

Excepcional ejemplo de cine con mayúsculas de los que no tienen figuras de carne y hueso (y de los que sí). Gran traca final donde no se puede explicar la emoción pero sí el llanto. Virtuoso recuerdo el que quedara en la memoria de quienes aman a estos seres de plástico, como el que aquí escribe. Y, por supuesto y como casi siempre, agradecimiento eterno, o mejor dicho, "hasta el infinito y más allá", a esa pequeño flexo juguetón que salta alegremente sobre la I de Pixar justo antes de comenzar la función. Por poner una pega (si es que se puede), no acabe de encontrarle el gustillo al evidente cortometraje previo a la maravilla.

NOTA FINAL: 10 / 10

lunes, 30 de agosto de 2010

Shrek. Felices para siempre (***) (6/10)

SHREK FOREVER AFTER (USA, 2010, 94 min.). Dirección: Mike Mitchell. Intérpretes (voces): Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz, Antonio Banderas, Julie Andrews, Walt Dohrn. Guión: Josh Klausner y Darren Lemke. Música: Harry Gregson-Williams. ANIMACIÓN.

Existen finales que son vueltas al principio, como bucles inquebrantables de una historia que ha de repetirse una y mil veces, pues así está escrito, como en el libro que abre todas las películas del famoso ogro verde. Y es que esta cuarta parte, es una reescritura de la esencia de lo que nos vino a contar Shrek en su primera aparición hace ya unos años: amar no está supeditado a ningún físico y supera todas las barreras (incluso las espacio-temporales).

Bajo la dudosa imaginativa del universo paralelo, el gruñón héroe tiene que empezar de cero la reconquista de su amor verdadero. Bien estructurada, quizá haya menos humor del habitual en la saga en favor de una mayor emotividad. Aun así, el despegue de la cinta es divertido a la par que agobiante, con Shrek emulando a Bill Murray en el eterno día de la marmota, versión la tribu de los Brady con burro incluido. No puede haber mejor motivación para la búsqueda de un cambio en la vida del protagonista.

Shrek. Felices para siempre abusa, como las dos anteriores, en la referencia y parodia externa sin preocuparse de crear un mundo original, o por lo menos, 90% original (en la primera, Asno, Fiona, Lord Farquad, etcétera no estaban sacados de ningún otro cuento). Sobre todo, irritan esas brujas, secuaces del antagonista, reflejos de la bruja malvada del Oeste del maravilloso clásico El mago de Oz. Acertado el malvado Rumpelstiltskin, pese a ser el enésimo de la saga, cínico y avaricioso, que no hace flojear la estructura de una trama sencilla pero completa y emotiva.

En conclusión, Shrek. Felices para siempre finaliza la aventura de uno de los personajes más carismáticos de la animación digital (emblema de Dreamworks, sin duda) en un digno final. Nada nuevo, eso sí, pero efectivo en sus objetivos. Una película donde, en ocasiones, sólo esperas la aparición de los tiernos ojos del Gato con Botas pero que es inflexible en el transcurso de su exposición para concluir en el esperado romántico desenlace y su consecuente vuelta a empezar. Se termina aquí una saga de ogros que pueden ser felices, de inesperadas resoluciones de maldiciones que muestran la verdadera identidad de una princesa, de príncipes encantadores metrosexuales y perversos y un sinfín de peculiares y grotescos personajes más. Shrek. Felices para siempre demuestra que volver al origen, a la fuente, a la esencia de uno mismo es, en la mayoría de las ocasiones, la decisión más sensata y acertada.

jueves, 19 de agosto de 2010

Eclipse (*) (0/10)

THE TWILIGHT SAGA: ECLIPSE (USA, 2010, 124 min.). Dirección: David Slade. Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Bryce Dallas Howard, Dakota Fanning. Guión: Melissa Rosenberg, sobre la novela de Stephenie Meyer. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Howard Shore. FANTÁSTICO.

Y todavía queda otra. En fin, esta tercera parte, firmada por David Slade, es un completo esperpento redundante sobre la más que excesivamente dilatada historia de amor entre los protagonistas, incluyendo una absoluta amnesia sobre la naturaleza de la historia (recuerden que hablamos de vampiros y licántropos). Vamos, una triste reproducción de un exasperante triángulo amoroso sin sentido ninguno. Una tomadura de pelo para el público que no desee empacharse una tarde cualquiera en su cine habitual.

Se podría haber sacado más jugo a una trama que, fuera del triángulo Bella-Edward-Jacob, existía; ese ejército de neófitos, o vampiros recién convertidos, que han de acabar con la familia Cullen y que "roban" los mejores planos de la película. Sin embargo, Eclipse se aburre de repetir las tonterías de los tres chavales que no entienden cuán difícil es el amor cuando las hormonas revolotean (da igual que hayas vivido 500 años como el deseado Edward).

Así que, tras desaprovechar incomprensiblemente el apartado fantástico / terror (increíble dentro de una película de vampiros y hombres lobo), todavía pretenden que el público no objetivo (los que superen los 18 años de edad) salgamos contentos de la sala. Cierto es que determinados chistes hacen hasta gracia, porque referencian las mayores estupideces de la saga, en especial, la incomprensible falta de camisetas en el armario del señor Black. El único, otra vez, que no desmerece en Eclipse es Charlie (Billy Burke), como el inocente padre que cree tener todo bajo control sin conocer las románticas aventuras de su hija Bella con las fantásticas criaturas que habitan alrededor de Forks.

Y es que La saga Crepúsculo: Eclipse ha conseguido acabar con mi paciencia respecto a los tira y afloja de estos tres chavales marcados por una inoperante capacidad para comunicarse entre sí y dejar las cosas claras. Porque ya van tres películas de dudas, amores, engaños e indecisiones y la gasolina de esta historia hace tiempo que está acabada. Sobre todo, por esa necesidad de volcar todo el protagonismo en la historia de amor, habiendo detrás algo más que parece hasta interesante. Intuyo (pues de los libros sólo pude acabar Crepúsculo y acabe saturado de tanto azúcar) que la misteriorsa familia Voltiuri tendrá algo que decir en el final de traca, pero como se han enredado tanto en mostrar a Bella, Jacob y Edward haciendo el ridículo, no entenderé nada. Qué lástima que aprovechen el filón tan descaradamente porque, lo que de verdad están haciendo, es perder la taquilla de la última película. Se lo merecen.

lunes, 26 de julio de 2010

The Blind Side (**) (2/10)

THE BLIND SIDE (USA, 2009, 123 min.). Dirección: Johnny Lee Hancock. Intérpretes: Sandra Bullock, Quinton Aaron, Tim McGraw, Kathy Bates. Guión: Johnny Lee Hancock, sobre el libro de Michael Lewis. Fotografía: Alar Kivilo. Música: Carter Burwell. DRAMA.

He aquí la película que le ha dado el Oscar a una de las actrices más "casposas" de las últimas décadas en Hollywood. Entiendo que estas artistas tengan su cuota de pantalla en el mundo del celuloide (alguien tiene que hacer Miss Agente Especial) pero... ¿premiarlas? Me parece una temeridad. Amén de abrir una brecha que quizá no se cierre nunca. Con la de talento que hay todavía sin reconocer.

The Blind Side: un sueño posible (voy a omitir cualquier comentario respecto al lamentable subtitulillo típico de España. Ups, se me ha escapado lamentable) es una película que, sin la publicidad generada por la expectación de ver a Sandra Bullock "haciéndolo bien", se hubiera distribuido en DVD o ni eso. Machacona y vacía en su contenido, aburrida en sus recovecos narrativos, la historia real de este jugador de fútbol americano recoge todos los clichés de las películas de superación personal. En este caso, con la ayuda casi divina de una mujer dispuesta a limpiar su republicana conciencia adoptando a un chico de color.

Pues eso, sólo queda celebrar la aceptable y discreta interpretación de Sandra Bullock (no ser tan excéntrica será lo que ha impresionado tanto, yo me sigo quedando con su interpretación en Crash) como una pre-menopáusica en busca de un objetivo vital que satisfaga su acomodada vida. Y es que Leigh Anne Tuohy, su rol, parece tan bondadosa como estiradas el resto de sus ricachonas amigas de lifting anual. Hay que reconocer el trabajo del protagonista, Quinton Aaron, ese Big Mike, cuya cara de tonto inicial rezo sea creada y no natural. Los demás están ahí porque tienen que estar: un hijo menudo con mucho morro; una adolescente tan arisca al principio como entrañable al final; y ese padre castrado por su mujer en la toma de decisiones familiares. Kathy Bates nos da la única alegría hacia el final con una sarcástica e inteligente profesora particular que, desgraciadamente, entra en escena demasiado tarde.

The Blind Side no es una atrocidad, ni una vergüenza pero sí una película estándar y aburrida. Tiene su ración de comedia y su ración de drama, un poquito de cada y a partes iguales. Johnny Lee Hancock, el director y guionista, no descubre nada sobre estas películas donde la raza humana regala al prójimo (con una inexistente generosidad) todo lo que le hace falta para ser feliz. Tan inverosímil que no parece basado en una historia real. Claro que... está basado, pero de paso se toman unas cuantas licencias para maquillar el resultado y que el espectador medio no se revele. "¡Pues que hubiera hecho un documental!", dirá algún extravagante espectador. Ya, bueno, pero no saldría Sandra Bullock y no lo vería nadie. Esperaré ansioso el remake español con Samuel Eto´o y Dolores de Cospedal de protagonistas. Seguro que me hace más gracia.

jueves, 1 de julio de 2010

Kick-Ass (****) (8/10)

KICK-ASS (USA, 2010, 117 min.). Dirección: Matthew Vaughn. Intérpretes: Aaron Johnson, Christopher Mintz-Plasse, Mark Strong, Chloë Grace Moretz. Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn, sobre el cómic de Mark Millar y John S. Romita Jr. Fotografía: Ben Davis. Música: John Murphy, Marius De Vries, Ilan Eshkery y Henry Jackman. ACCIÓN.

Bien nutrida ha estado la cartelera, en estos últimos años, de reconocibles aventuras de variopintos superhéroes. Pues he aquí uno diferente (¿o raro?), uno que desea serlo más por su idílica conducta defensora del bien que por sus propias características físicas: Kick-Ass. Aunque podría tratarse de la payasada pre-veraniega de Hollywood, Kick-Ass, a parte de la proximidad a lo absurdo de su protagonista, es una llamativa máquina de eficiente resultado, bien diseñada por su creador.

Y es que Matthew Vaughn, director del film, construye basándose en la finalidad común de todo superhéroe/heroína: salvar el mundo, para aplicárselo a un patético chaval cuyas únicas habilidades sólo son visibles tras la pantalla de un ordenador, manipulando en redes sociales cibernéticas y encerrado en su habitación sin contacto con la realidad (ojito con la actualdad del tema, aquí tomado a chufla). Así pues, Dave Lizewski o Kick-Ass, su torpe anque valiente alter ego, reclama lo que cualquier otro superhéroe: la paz y, por su puesto, a la chica (cuanto más popular mejor, como siempre). Esta vez con Twiter como intermediario.

Pese a contar con un reparto plagado de desconocidos, el prestigio de la película, que bien podría haber sido vapuleada por ser una auténtica chorrada (en parte, lo es), lo respaldan un peso pesado como Nicolas Cage, interpretando a Big Papi, el vengador padre disfrazado de Batman sesentero, y Mark Strong (otra vez de villano, el más malo del blog) que ejerce de implacable mafioso cuyo imperio ve peligrar por un chaval vestido con mallas apretadas de un verde rancio. Adam Johnson, el protagonista, debuta en cine reflejando una falta de cordura que enlaza con el espectador en la lástima absoluta. Lo verdaderamente llamativo es ver a esa niña malhablada de 11 años, interpretada por Chloë Grace Moretz, revolcándose en imposibles acrobacias de violentas consecuencias. No se veía nada así de salvaje y de tan corta estatura desde el Damian de La profecía. Sólo que en plan vacililla.

Así pues, Kick-Ass se apoya en el clásico esquema de película de superhéroes y se alimenta de las nuevas tecnologías para contar historias contemporáneas. Valiéndose de ellas para incrementar el interés narrativo, la película va madurando en su justa medida hasta llegar a su clímax, ese enfrentamiento final con el villano de turno. Con bazuca de por medio. Maravillosa creación de esperpéntica mezcla. Una especie de cóctel de Spider-Man añejo, aligerado con unas gotas de Tarantino y endulzado con un poquito de Kevin Smith. Un curioso (y efectista) ejercicio de barman que deja un buen sabor a cine de siglo XXI y nada de resaca.

lunes, 14 de junio de 2010

Robin Hood (****) (7/10)

ROBIN HOOD (Gran Bretaña, 2010, 139 min.). Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Russell Crowe, Cate Blanchett, Mark Strong, Max Von Sydow, Danny Houston, Eileen Atkins. Guión: Brian Helgeland. Fotografía: John Mathieson. Música: Marc Streitenfeld. AVENTURAS.

Era inevitable respirar ese tufillo a Máximo Décimo Meridio en la sala. Aun así, es encomiable el esfuerzo del dúo Scott / Crowe por disimular las permanentes características comunes a la película que les catapultó por primera vez (juntos) hasta el éxito en ese péplum memorable. Aquí, se presenta un origen al legendario sir Robin de Locksley (ahora que no está de moda: ni Batman, ni Lobezno, etc.), como otra persona suplantando la personalidad del noble, para justificar la archiconocida acción de robar a los ricos para dárselo a los pobres.

Este Robin Hood mejora sus anteriores versiones poniendo especial atención en las conspiraciones palaciegas representadas bajo una cantidad ingente de personajes de peso que hacen la trama muy interesante. Sin embargo, se confunde en la necesidad de mostrar unos genes heroicos para un personaje que proviene de los orígenes más humildes. Me refiero a esos flashbacks del demonio, sentimentaloides e indigestos, de imagen difusa, olvidadiza. En todo caso, el dominio de la épica por parte de Scott (Blade Runner, Thelma y Louise) es innegable, convirtiendo las batallas en auténticos ejercidios de estilo preparados para ser devorados visualmente por un espectador ávido de secuencias espectaculares.

Russell Crowe escapa, en la medida de lo posible, de un papel tan aparentemente ajustado al general del ejército romano que le dio un Oscar. Y pese a que el rostro sea el mismo al del gladiador que se vengó del emperador, consigue destaparse gracias al resto del reparto que le ayuda sobremanera. Meritorio el papel de la nueva Lady Marian, interpretada por Cate Blanchett, que se hace fuerte en sus reivindicaciones políticas. Max Von Sydow está impecable como ciego señor feudal de unas tierras saqueadas sin compasión por la corona de Inglaterra y, el príncipe Juan, interpretado por Oscar Isaac, es la revelación de la película pues acompasa su ambición y egoísmo con parsimonia, imantando rápidamente un sentimiento absoluto de repulsión. Pero, haciendo analogía con Gladiator, estas películas son, lo que el villano vale. Y si Joaquin Phoenix era el despreciable emperador Cómodo, aquí la vibrante ejecución de Mark Strong ejemplifica a la perfección lo que un malvado de película ha de ser: un pérfido calculador exento de escrúpulos. Impresionante sonrisa final.

Pues eso, ya tenemos los amantes del séptimo arte, un origen a la leyenda del arquero del bosque de Sherwood. Ya podemos entender mejor, si place, a ese pícaro zorro de Disney o a ese Kevin Costner de pelo lacio. Pues aunque sea un personaje multiplicado en la gran pantalla, el Robin Hood de Ridley Scott no pierde un ápice de interés, sino que indaga en la Inglaterra del siglo XII para obsequiar con una intriga digna de ser vista. Y es que Ridley Scott vuelve a demostrar que sabe hacer su trabajo a la perfección, tanto desde el punto de vista estilístico como desde el punto de vista narrativo. Una buena historia realizada con buenas imágenes. Eso, ladies and gentleman, se llama cine.

jueves, 3 de junio de 2010

Prince of Persia (*) (1/10)

PRINCE OF PERSIA: THE SANDS OF TIME (USA, 2010, 116 min.). Dirección: Mike Newell. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton, Ben Kingsley, Alfred Molina. Guión: B. Yakin, D. Miro, C. Benard, sobre el videojuego de J. Mechner. Fotografía: J. Seale. Música: H. Gregson-Williams. AVENTURAS.

El todopoderoso rey del blockbuster americano, Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, Armageddon, La roca, El bar coyote, y un larguísimo etcétera), vuelve a la carga con una nueva saga de taquilla asegurada. Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz de fuego) se encarga de la consecuente y aburrida realización de esta cinta de aventuras cortada por el patrón de lo corriente y vulgar disfrazado de viajes temporales con dagas misteriosas pertenecientes a sagradas civilizaciones.

Y es que Prince of Persia no aporta nada a un género que demanda novedades. Y si no, cuanto menos, sería recomendable encomendarse a un emblemático personaje con carisma suficiente para que te salve la hora y media. Pues ni lo uno ni lo otro, el nuevo producto "Bruckheimer" sobrepasa con creces el perfecto subrayado de todos los estereotipos de la aventura (el peor, la relación amorosa entre protagonistas, extrapolable al 90% de películas) para regalar un soporífero espectáculo de acontecimientos que no se sale de lo común, entiéndase dentro dél género.

Con un reparto elegido para establecer una íntima complicidad con la taquilla, la película cojea desde su instante inicial. Jake Gyllenhaal salta, lucha y ama perdido, en sentido literal, por los desiertos de la antigua Persia (con barbita de dos días y musculito hinchado, vamos, el persa de todas la vida y no tipos como Sadam Hussein). Es incomprensible la elección, lastra toda la película. También, Sir Ben Kingsley se equivoca pues no le hace falta el jugoso cheque y quedar en ridículo por este tipo de papeles. Pase que éste último, por lo menos, está mejor caracterizado. Así pues, la sensual Gemma Arterton (mucho mejor que en Furia de titanes) es la única que salva su personaje, no por una buena interpretación sino por un espectacular envoltorio. Ni nombrar quiero, el continuo y pesado chiste fácil sobre impuestos (aprovechando la coyuntura) del cansino personaje de turno interpretado por Alfred Molina.

Y es que, por nombrar algo positivo de Prince of Persia, diré que es correcto a la hora de adaptar un juego de plataformas colocando a su protagonista dando brincos entre tejados buena parte del metraje. Porque más allá del goce de ver a la señorita Arterton luciendo palmito, Prince of Persia es un entretenimiento simplón, de escasa comicidad y surrealista aventura. Demérito de sus creadores, cuyos ojos no son capaces de ver algo que mostrar al espectador sino sólo de convertirse en dólares al más puro estilo tío Gilito. Bueno, es que distribuye Disney, tiene su lógica.

jueves, 20 de mayo de 2010

Un ciudadano ejemplar (****) (7/10)

LAW ABIDING CITIZEN (USA, 2009, 108 min.). Dirección: F. Gary Gray. Intérpretes: Jamie Foxx, Gerald Butler, Colm Meaney, Leslie Bibb, Bruce McGill. Guión: Kurt Wimmer. Fotografía: Jonathan Sela. Música: Brian Tyler. THRILLER.

Es inusitado que dentro de las fórmulas del cine de género exista todavía un resquicio para inventar algo fresco, no de por sí redundante. Y es que el thriller es una de las estructuras más férreas sobre las que inventar. Sin embargo, F. Gary Gray (The Italian Job), más allá de un prólogo cómodo, propone una trepidante e inverosímil aventura llena (hasta arriba) de golpes de efecto, diseccionada en dos partes definidas por sus protagonistas. La primera, con Butler como padre en busca de justicia y; la segunda, con Foxx como el hombre que intenta capturarle.

Esta dicotomía moral produce un efecto desconcertante en la mente del espectador que, casi sin querer, se da cuenta de que, en realidad, no forma parte de ninguno de los dos bandos o, al revés, está de parte de ambos. Así, Un ciudadano ejemplar puede provocar un contundente disgusto por la incomodidad de no estar bien posicionado dentro de la narración (aunque, por otro lado, es de lo más excitante de la película).

Gerald Butler, el eterno Leónidas de 300, vuelve por los fueros espartanos del héroe sobrehumano, en este caso, como discípulo de Maquiavelo, transformándose de persona común a amenaza nacional. Porque, según mi punto de vista, el verdadero ciudadano ejemplar es el personaje de Jamie Foxx (Ray), maniatado por la burocracia gubernamental, más allá de sus ganas de protagonismo mediático (presentes siempre en la raza humana: reconocimiento, fama, etc.). El cara a cara de estos dos personajes, enfrentados deontológicamente, lo gana Foxx, inmerso en un rol que guarda muchos más conflictos que el de Butler, precisamente por moverse dentro del sistema.

Con todo, Un ciudadano ejemplar es el caso de que películas tensas, suspendidas y sorprendentes pueden hacerse en base a un concepto "original". Que en algunos casos será más verosímil que en otros pero a nadie le importa. Una película donde no se legitima ninguna forma de actuar con respecto a la ley (dentro o fuera de ella) pero que si presenta, sin ningún afán aleccionador, las limitaciones de un sistema lineal y fracturado como corresponde al de la justicia. Aprovechando de paso un inquebrantable (y exagerado en primeros planos) combate entre dos curiosos personajes que se convierten en héroes aunque, más allá de la historia que se cuenta, siempre fueron ciudadanos ejemplares.

lunes, 10 de mayo de 2010

El escritor (****) (7/10)

THE GHOST WRITER (Francia, Alemania, Reino Unido, 2010, 128 min.). Dirección: Roman Polanski. Intérpretes: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Kim Cattrall, Tom Wilkinson. Guión: Robert Harris y Roman Polanski sobre el libro de Robert Harris. Fotografía: Pawel Edelman. Música: Alexandre Desplat. THRILLER.

Manteniendo un pulso con su filmografía, Roman Polanski rueda este paranoico y claustrofóbico thriller. Delicado ejercicio de sutileza del director polaco para envolver a su víctima (el protagonista y, a su vez, el espectador) en una red de la que no puede escapar, excepto por el recoveco que él mismo entrega como solución al enigma, en este caso, con un elegante fuera de campo en el último plano. Aquí se planta, ni corto ni perezoso, con una trama sobre las altas esferas políticas británicas cuyo máximo exponente es el ex primer ministro Adam Lang (o Tony Blair, las referencias son más que evidentes).

El engaño para el que es contratado el protagonista (un "negro", ente aquí conocido gracias a Ana Rosa Quintana), es decir, escribir un libro que luego firmará a ojos del mundo su cliente, Adam Lang, es comparable a la conspiración basada en mentiras que atenta contra la vida de ese escritor en la sombra si descubre las verdaderas causas de la muerte de su predecesor. Polanski transforma la casa, con una cuidadísima puesta en escena, en una jaula donde no se puede distinguir el interior del exterior y donde la intimidad se relativiza debido a esos inmensos ventanales. No puede haber secretos, aunque lo parezca.

Ewan McGregor consigue captar la esencia de este ser que patrulla inofensivo y campa a sus anchas en la residencia privada de un importante líder pasando, en demasiadas ocasiones, inadvertido; vigilando situaciones inimaginables cual voyeur invitado. Pierce Brosnan ejerce de marioneta movida para cuidar su imagen y borrar las "inquietantes" huellas de su mandato. Hacia el final, es interesante observar una leve justificación sobre la impotencia de la política (evidente si uno es capaz de empatizar con la clase política, que ya es difícil). Olivia Williams, la mujer del ex primer ministro, ejerce de poderosa matriarca moviendo los hilos en la oscuridad con buenas raciones de suspense. Y por su parte, Tom Wilkinson, en un no muy dilatado papel, demuestra la clase de quien sabe hacer un gran trabajo.

Es inevitable referenciar antiguos títulos de Polanski: El quimérico inquilino, Frenético, Chinatown... para entender a esos protagonistas engullidos por complejos universos a los que no son capaces de adaptarse. Atrapados en una realidad construida como laberinto de máscaras que les marca como única solución, la paranoia. Las autobiográficas connotaciones del cine de Polanski, hacen de éste, uno de los grandes. Pues, ya que siempre ha estado en el punto de mira, se siente incómodo frente a un mundo que, en muchas ocasiones, le ha adulado pero que, en otras tantas, le ha crucificado sin compasión. Y es que Polanski es un cineasta que se nutre de sensaciones privadas para sugerirlas intensamente en películas como El escritor que, necesariamente, le catapultan (por sincero y evocador) al Olimpo del séptimo arte. Una sutil e íntima realización de suspense con firma incluida.

viernes, 7 de mayo de 2010

Que se mueran los feos (****) (7/10)

QUE SE MUERAN LOS FEOS (España, 2010, 108 min.). Dirección: Nacho G. Velilla. Intérpretes: Javier Cámara, Carmen Machi, Juan Diego, Tristán Ulloa, Julián López. Guión: Oriol Capel, David S. Olivas, Nacho G. Velilla y Antonio Sánchez. Fotografía: David Omedes. Música: Juanjo Javierre. COMEDIA.

Que se mueran los feos no es un título a la lígera. La necesidad de la sociedad contemporánea de premiar a aquellos que comparten bellos atributos hace que el rechazo/castigo a lo que se asocia con lo desagradable visualmente sea absoluto (aunque el castigo de la muerte me parezca excesivo). Tampoco se trata de ponerse melodramático con este mundo que juzga las apariencias como verdaderos argumentos de peso, porque eso, ya lo sabíamos todos antes de entrar en la sala: escaparates, revistas, televisión, etc...

Nacho G. Velilla se pone tras las cámaras por segunda vez tras Fuera de carta para hacer un simplista cuadro rural de nuestros días aliñado con protagonistas poco agraciados físicamente. Simplista no quita que sea divertido, porque lo es. Similiar en sus virtudes y defectos a la ficción televisiva (de la que proviene Velilla), esta comedia romántica de vieja escuela consigue conectar de principio a fin con su público pues, antes o después, todos estamos condenados a sentirnos feos.

Javier Cámara (que ya fue el protagonista del primer film de Velilla) y Carmen Machi están espléndidos como pareja protagonista de película "chico conoce chica". Machi eleva esa mujer indecisa abocada a una humillación constante a un lugar dominante donde tomar sus propias decisiones; mientras que, Cámara, consigue el más difícil todavía haciéndonos creer que lo verdaderamente feo de Eliseo, su personaje (y eso que es cojo, "disimula" su calva y usa unas gafas de espanto), es su negro interior amargado por la vida. El resto de un reparto bastante coral, típico en el humor patrio, acompaña perfectamente a los protagonistas donde Julián López y su indisciplinado comportamiento, digno de un niño de 8 años, destaca por encima de los también muy correctos Juan Diego, Ingrid Rubio, María Pujalte, Tristán Ulloa... El pero (que siempre suele estar presente) lo da Hugo Silva, excesivo en todo su metraje, sobreactuado y enervante. Quizás, a veces, no pueda distinguir entre personaje y actor, pues no le tenía en tan mala estima.

Que se mueran los feos se puede calificar, por el momento, como la comedia española del año. Por características implícitas y por cifras (que nunca son desdeñables). Y es que no se puede despreciar su escasa ambición estilística / cinematográfica porque en lo que viene a ser cumplir objetivos, los cumple. Divertida, irónica, peculiar o descojonante dependiendo del espectador que hable, pero seguro que aburrida para ninguno. Una película donde la estructura de comedia romántica (Pretty Woman, por ejemplo) está presente y cuya catarsis final subyace en el clásico Eres tú de Mocedades. Canción que posee un gancho humorístico evidente (genial las segundas voces de Machi y López), por lo menos, para los menores de 30. Y es que, si las comedias están para reírse, aquí hay una que lo consigue de lleno. Enhorabuena.

martes, 27 de abril de 2010

Alicia en el país de las maravillas (***) (4/10)

ALICE IN WONDERLAND (USA, 2010, 108 min.). Dirección: Tim Burton. Intérpretes: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway. Guión: Linda Woolverton, sobre los libros de Lewis Carroll. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Danny Elfman. FANTÁSTICA.

Que el universo imaginativo de Burton es genuino y truculentamente identificador no nos lo iba a enseñar su enésima película. Así pues, el inaugurador de la saga Batman pone a las órdenes de Disney su reconocible mente fantástica para adaptar los libros que hicieron a Lewis Carroll pasar a la historia de la literatura. Maniatado por las garras de una major, recibe el prediseñado guión de Linda Woolverton (guionista de El rey león o La bella y la bestia) que busca el fanatismo cinematográfico de las motivaciones y recompensas del esquema más clásico hollywoodiense.

Así pues, Alicia vuelve a ese mundo de fantasía cuando su vida real se lo pide con el conejo blanco angustiado por la falta de tiempo como placebo imaginario. Amnésica de sus antiguas aventuras, comete los mismos errores que la "invitan" a revisitar los pasajes de las novelas predecesoras. Y es que Burton sólo es capaz de poner en imágenes (poco innovadoras estilísticamente pero acertadas en su contexto) una historia de buenos y malos donde hasta el apuntador pierde su identidad original en pos de una clara estructura dramática digerible para el gran público.

Sin olvidarse de sus compañeros de aventuras, Johnny Depp y Helena Bonham Carter (también compañera sentimental), Burton tropieza en la redundancia poco agraciada y cansina. Si por una parte, es cruel y dulcemente malvada esa Reina de Corazones interpretada por Bonham Carter; Johnny Depp arrastra todos los malos vicios adquiridos por un vínculo demasiado estrecho entre director y actor. Un Sombrerero Loco que demuestre poco de lunático (en comparación con su elocuente referente literario) y proponga sentimentalismo pseudo pederasta, enoja. La Alicia burtoniana, Mia Wasikowska, imanta un sensual recuerdo de la niña británica pero no levanta las pasiones de un personaje idílico para una joven actriz. Brillante la composición de Matt Lucas (divertido hasta el extremo en su propia serie Little Britain) de sus Din y Don desdibujados bajo millones de píxeles y, Anne Hathaway, me deja sin comentarios con que descalificar su neo punk Reina Blanca de la bondad y pureza snob.

Por todo esto, Alicia en el país de las maravillas debe hacer que Tim Burton vuelva a mirarse el ombligo y dejarse llevar por su esencia personal. Porque no es que la "Alicia versión 2010" sea una película para tirarse de los pelos y salir llorando del cine por haber perdido el dinero de la entrada pero, sin duda, no se trata de una película con el sello Burton de los que muchos estamos enamorados. Pues el imaginario de Burton tiene más de Eduardos Manostijeras, Eds Woods o Jacks Skelletors (solitarios desquiciados) que de adolescentes mesiánicas dispuestas a salvar el mundo que las ha hecho madurar. Una pena que hayan coartado la libertad de un cineasta tan lúcido, más aun, con un referente a interpretar tan predispuesto a su rediseño por el siniestro director. Otra vez, el dinero vuelve a primar sobre el arte. Cosas de la industria cultural.

jueves, 22 de abril de 2010

Furia de titanes (***) (4/10)

CLASH OF THE TITANS (USA, 2010, 106 min.). Dirección: Louis Leterrier. Intérpretes: Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Mads Mikkelsen, Gemma Arterton, Alexa Davalos. Guión: Phil Hay y Matt Manfredi. Fotografía: Peter Menzies Jr. Música: Craig Armstrong. ACCIÓN.

Remake de la homónima película dirigida por Desmond Davis en 1981. Ochentera donde las haya, el que aquí escribe no consigue recordar con exactitud el argumento pero sí deambula por su ineficaz memoria el pasaje de Perseo arrancando la cabeza de Medusa. Esta vez es el francés Louis Leterrier (El increíble Hulk), el encargado de llevar a la gran pantalla la epopeya de Perseo, hijo de Zeus, quien tiene que alcanzar su venganza contra Hades, el dios del inframundo, por haber matado a su familia adoptiva.

No sin antes recalcar la espectacularidad de la cinta (con un limitado presupuesto), Furia de titanes está destinada a caminar por el limbo de las películas épicas de aventuras. Ni se desmarca ni se hunde frente a todas las demás del género (un género, por lo general, muy del gusto del espectador). Pues lo ramplón de sus personajes planos, encorsetados y triviales mata el misticismo de la mitología, haciendo incomprensible la verdadera identidad de las historias clásicas que siempre van teñidas de un claro ejemplo moralizador para el pueblo.

El chico de moda de Hollywood, Sam Worthington, la persona más vista en el planeta en 2010 tras su Avatar, pasea sin pena ni gloria (otra vez) dentro del cuerpo de Perseo, sin poder darle una vitalidad más real por culpa de un guión más divertido que preocupado por el conflicto interno de sus personajes. Mientras, en un Olimpo ideado por Alaska, Liam Neeson y Ralph Fiennes, como Zeus y Hades respectivamente, se lo pasan bomba ejerciendo de divinidades relucientemente enfrentadas (lo de Fiennes con los papeles de villano es paranoia tras interpretar a Lord Voldemort). A destacar entre todos a Mads Mikkelsen como Draco, general del ejército de Argos, cuya sobriedad interpretativa es de lo más acertado de la cinta, y es que la figura del "maestro" siempre tiene un carácter especial en este género (Obi-Wan Kenobi, Gandalf, etc.).

Así que, más allá de alacranes de exageradas dimensiones, mujeres encantadas con cabellos de serpiente, monstruos ancestrales surgidos del océano o caballos alados, Furia de titanes crispa a todo aquel que no sólo vaya a engullir refresco y palomitas. Concebida como taquillazo, es generoso el esfuerzo por no escapar demasiado de su "cutre" predecesora gamberro-aventurera, aunque habilitando los efectos al siglo XXI. Total, un blockbuster plagado de testosterona, adrenalina, músculo y espada, sin ninguna vergüenza en reconocerlo y encantado de haberse conocido, que hará las delicias de todos aquellos aficionados a la acción con tintes fantásticos y despertará lejanas imágenes en el subconsciente de los que disfrutaron (o sufrieron) con su antigua versión. En este caso, no es que tiempos pasados fueran mejores, es que, sinceramente, parecían tener más espíritu.

miércoles, 21 de abril de 2010

Ciudad de vida y muerte (****) (8/10)

NANJING! NANJING! (China, Hong Kong, 2009, 133 min.). Dirección: Lu Chuan. Intérpretes: Liu Ye, Hideo Nakaizumi, Fan Wei, John Paisley, Gao Yuanyuan. Guión: Lu Chuan. Fotografía: Cao Yu. Música: Liu Tong. DRAMA HISTÓRICO.

Que el genocidio es una de las formas de odio indiscriminado que más veces la raza humana ha sacado a relucir, desgraciadamente, no es algo poco común: el antisemitismo nazi, la guerra de los Balcanes, Ruanda... Y sólo en el siglo XX. Aquí, el director chino Lu Chuan (tildado por su propio gobierno de poco más que "traidor"), nos muestra los crímenes del ejército japonés en la invasión de China previa a la Segunda Guerra Mundial. Arriesgada propuesta de exponer el horror de la intolerancia y el dolor de los que la sufren.

Una película partida en dos. El director propone una primera parte bélica que demuestra la frialdad y violencia de la guerra en clave estética para entrar en un Nanking (antigua capital china) gris de marcados claroscuros en su preciosa fotografía, junto con el ejército invasor nipón. La excepción radica en esa segunda parte con el ejército chino entregado. Y es que a partir de la mitad de la película, los dramos de personajes encerrados en un campo de refugiados relatan el verdadero terror, rozando en demasiadas ocasiones la indigestión por su excesiva dureza: violaciones consecutivas, ejecuciones indiscriminadas, etc. Escenas que la mayoría de espectadores no están acostumbrados a presenciar. Por lo menos, tan repetidamente y sin descanso.

La ganadora de la Concha de Oro a Mejor Película en el último Festival de Cine de San Sebastián, representa en carne viva, las dos vertientes del conflicto. Ni olvida (como siempre) a los hostigados, ni deja a un lado a los hostigadores (algo más difícil de ver). Cuesta creer que esa cultura multicolor y tecnológica fuera una de las más salvajes a mediados de siglo XX. Por otro lado, es inevitable pensar que no todos los participantes de genocidios son puros brazos ejecutores de las órdenes de un líder trastornado, sino que, más allá, existe esa conciencia pura e interna de cada individuo. Es aquí, donde el protagonista japonés, Kadokawa (y con ello la nación japonesa), un militar incapaz de parar la masacre, reciben el perdón del pueblo chino (o del director Lu Chuan) con esta película que no utiliza los maniqueísmos a los que estamos tan sometidos, también dentro de nuestro propio cine (me viene a la mente Sergi López en El laberinto del Fauno).

La relevancia de que John Rabe, un afiliado del partido nazi de Hitler (un Schindler a la oriental), sea el personaje del que el pueblo chino depende, ya habla por sí solo de las atrocidades que están por venir. Un personaje que no puede evitar el desastre pues se debe a su patido y a la futura alianza del Eje entre Alemania y Japón en la Gran Guerra. Y es que, por derecho propio, Ciudad de vida y muerte, no es un ejercicio de traición al régimen comunista de su China natal ni una justificación de las atrocidades del genocidio promovido por Japón, sino una preciosa y sensible declaración de memoria histórica a los héroes, entre ellos muchísismas mujeres (increíble la secuencia en la que levantan la mano), que allí fallecieron. Ni olvido, ni rencor. Bravo.