miércoles, 24 de febrero de 2010

The Road (**) (3/10)

THE ROAD (USA, 2009, 110 min.). Dirección: John Hillcoat. Intérpretes: Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce, Garret Gillahunt. Guión: Joe Penhall, sobre la novela de Cormac McCarthy. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Nick Cave y Warren Ellis. DRAMA.

Emotiva, desesperante, evocadora, sugerente, desgarradora y provocativa, así es la novela homónima de Cormac McCarthy, premio Pullitzer, en la que se basa. Brillante ejercicio de uno de los escritores más carismáticos contemporáneos, autor también de No es país para viejos, que puede dejar a cualquier lector conmocionado durante semanas. Aquí el encargado de la transcripción al lenguaje cinematográfico es John Hillcoat que hace un auténtico despliegue para llevar correctamente la (especial) novela de McCarthy a la pantalla. Con el consecuente riesgo de quererla transponer demasiado fielmente; falla, pues hay obras que no pueden tener el mismo efecto literaria que fílmicamente.

Y es que The Road propone la última esperanza como destino, situada en la costa, hacia el sur. Un propicio viaje hacia el sol y el calor en un mundo muerto, ceniciento y frío, ausente de luz. Podría parecer que la película tiene carencias narrativas por los pocos sucesos que acontecen pero ésa es la base de la novela de McCarthy donde los "tiempos muertos" son más importantes que huir de la amenaza que aparezca. Un relato que se basa en la relación padre-hijo, devastadora en sus diálogos sencillos pero interminablemente profundos donde el padre representa la desconfianza y la precaución que surgen del conocimiento de la raza humana, frente a un hijo que encarna la inocencia de no conocer la verdadera maldad.

Un magnífico Viggo Mortensen (único actor de la trilogía de El Señor de los Anillos, exceptuando a Ian McKellen, que ha conseguido separarse del carisma intemporal de un personaje destinado a pasar a la Historia) que ilustra el papel de padre desde la angustia por ver cerca un final que no cumple con sus expectativas, encarnando al héroe que es por no dejarse llevar por la muerte como solución en un mundo post-apocalíptico y luchar hasta el final por un futuro. Kodi Smit-McPhee está inmejorable en uno de los papeles infantiles más complicados que se hayan escrito últimamente. Por otro lado, y perdónenme la grosería, es acojonante el parecido que tiene con su madre ficticia, Charlize Theron, que da vida a un papel poco deslumbrante para ella pero vital a la hora de entender la historia.

Así pues, The Road es el claro ejemplo de que no todas las novelas pueden ser llevadas al cine con la sensibilidad y oscura (en este caso) atracción de su predecesora literaria. Porque el aquí presente, es el caso de una extraordinaria adaptación global (aunque con trucos para crear más suspense en algunas secuencias, correcta decisión ésta también) que sólo consigue emocionar a los espectadores que entren en la sala con un bagaje emocional ya captado de la novela. Donde el resto del público se aburrirá porque el virtuosismo de la obra de McCarthy no es posible de plasmar en fotogramas. Por ello, la película es desacertada, porque mientras algunos apenas pueden contener las lágrimas; otros, pasan las dos horas jugueteando con el móvil aburridos sin capacidad de introducirse en una de esas historias que son capaces de quebrarte el corazón.

viernes, 19 de febrero de 2010

Invictus (***) (5/10)

INVICTUS (USA, 2009, 134 min.). Dirección: Clint Eastwood. Intérpretes: Morgan Freeman, Matt Damon, Adjoa Andoh, Tony Kgoroge. Guión: Anthony Peckham, sobre el libro de John Carlin. Fotografía: Tom Stern. Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens. BIOPIC.

Los Oscars acechan, Clint Eastwood estrena película. Bienvenidos al Hollywood profundo. Además, una de estas de especial gusto académico, películas basadas en personajes de carne y hueso. Un Eastwood (Million Dollar Baby, Gran Torino) con más ganas de retratar a Mandela por la publicidad (no creo que le haga tanta falta aunque no le ha ido muy bien en la taquilla americana) y por los premios (¿será que no tiene bastantes?) que por el mero hecho de representar la vida del ciudadano-político-héroe que marcó un antes y un después en la sociedad internacional y acabó con el último gran régimen racista.

Película que podría resultar extremadamente maniquea, consigue dejar esta sensación en un segundo plano que, aunque siempre presente, no deja huella perceptible en el espectador. Pues Eastwood lo soluciona en diferentes secuencias, algunas, incluso cómicas. Basada por completo en el rugby, el film posiblemente no sea consumible para aquel que no puede ni imaginarse sudando, salvo que, como bien claro deja la película, le excite la manera que encontró Mandela para unir a su nación y vibre con los partidos de los Springboks.

Partiendo de que, azarosamente, Morgan Freeman (El caballero oscuro) hubiera nacido para interpretar este papel, éste adquiere todos los dejes y maneras de una figura tan relevante de finales del siglo pasado como muchos de nosotros hemos podido comprobar si recordamos los telediarios donde veíamos al verdadero Nelson Mandela. Un excelente trabajo, más agraciado si cabe debido a un vestuario perfectamente elegido (Mandela también es famoso por sus camisas, no me digan que no). Matt Damon (Infiltrados), a la sombra de Freeman, lleva a cabo un gran trabajo convirtiéndose en el principal cómplice de un mandatario tan "manipulador" como para acabar con el apartheid sudafricano. Especial, supongo, es para la gente de mi generación el papel que lleva a cabo una leyenda como Jonah Lomu, nada conocido por ser estrella de un deporte tan minoritario como el rugby en España pero, fácilmente reconocible como el deportista que salvaba un pez llevándolo hacia el mar en aquel maravilloso anuncio de Nike.

Así, Invictus, que podría haberse convertido en el sopor del año por su nulo interés narrativo (si se que se conoce la historia contemporánea), por su apacible y amable desenlace o por su exprimida utilización del deporte como motor de la historia; se transforma en una completa demostración de capacidad del maestro Eastwood, al que poco hay que se le resista. Una película que se basa en los sentimientos humanos sin que éstos aparezcan en un primer plano donde la esperanza arrasa y destruye el rencor. Sobra alguna que otra secuencia demasiado emotiva que no sigue el tono de la película pero, oigan, hay que explicar que Mandela estuvo en una prisión durante muchos años porque quizás algún espectador no lo sepa. Y es que el 46664 no es un número al azar que use U2 para promocionar algunos de sus conciertos.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sherlock Holmes (***) (4/10)

SHERLOCK HOLMES (USA, 2009, 128 min.). Dirección: Guy Ritchie. Intérpretes: Robert Downey Jr., Jude Law, Rachel McAdams, Mark Strong, Eddie Marsan. Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham, Simon Kingberg y Lionel Wigram. Fotografía: Philippe Rousselot. Música: Hans Zimmer. ACCIÓN.

Enésima saga creada en la última década (o primera del milenio, como se quiera ver), esta vez sobre la figura del archiconocido detective de Baker Street sobre el que escribió Sir Arthur Conan Doyle: Sherlock Holmes, versión actualizada a las necesidades del espectador medio globalizado occidentalmente. Dirigida por Guy Ritchie, la grandeza y decepción, caminan a partes iguales. Grandeza, porque hay pocos directores con un sello tan característico en sus películas de acción (Lock & Stock and Two Smoking Barrels o Snatch. Cerdos y diamantes) y; decepción, porque Ritchie no firma el guión de una película que bien podría haber sido escrita por él y, seguro, hubiera sido bastante más mordaz. Esperemos que, el haber roto con Madonna, no le convierta en un director de estudio y siga haciendo sus maravillosos por personales proyectos.

Encantador el tándem Robert Downey Jr. (Tropic Thunder), como el nuevo Sherlock Holmes, y Jude Law (Closer), como el inestimable acompañante Dr. Watson, donde la latencia homosexual queda presente como un chiste en un segundo plano durante la totalidad del film. Que el conflicto entre Watson y Holmes sea que el primero se va a casar y, por ello, va a abandonar al segundo en la casa que comparten, no creo que sea casualidad. Sobre todo después de los ríos de tinta que se han vertido sobre este tema entre estos dos personajes y sobre muchos otros (me vienen a la memoria Merry y Pippin de la trilogía El Señor de los Anillos). Más a mi favor, respecto a esta pseudoteoría, es el hecho de que el personaje femenino protagonista del film, Irene Adler (Rachel McAdams), pasa sin pena ni gloria esperando su oportunidad en la secuela, supongo yo.

La cinta es una película de detectives de las de toda la vida (como no podría ser de otra manera). Una intriga planteada desde conceptos paranormales (resurrecciones, desapariciones, combustiones espontáneas), con un misterioso y bien caracterizado Lord Blackwood como antagonista, donde llegados al desenlace, el genial detective ha conseguido resolver el entuerto de forma racional porque se conoce de cabo a rabo la todavía inexistente Enciclopedia Larousse actualizada del año 2000. No es que esto sea ningún truco que lo es, es que hace al espectador poco o nada partícipe de la investigación criminal, ausentándolo de la película prácticamente hasta su clímax final.

Así, Sherlock Holmes se convierte en otra de las infinitas sagas que no cambian la historia del cine aunque sí alcanzan altas cifras en taquilla (cosa no desestimable pues hay otras que fracasan estrepitosamente), y que será recordada como la película que le dio un Globo de Oro a un gran actor como Robert Downey Jr., aunque ésta no sea su mejor interpretación. Quizás se vea excesivamente programada desde el guión su alta excentricidad y numerosidad en tics carismáticamente prediseñados, muy del estilo del mejor Johnny Depp improvisando a su ya inolvidable Jack Sparrow de Piratas del Caribe. El que aquí se cita cambia rastas y perilla por pipa y bombín.