miércoles, 31 de marzo de 2010

En tierra hostil (***) (6/10)

THE HURT LOCKER (USA, 2008, 127 min.). Dirección: Kathryn Bigelow. Intérpretes: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Ralph Fiennes, David Morse, Guy Pearce. Guión: Mark Boal. Fotografía: Barry Ackroyd. Música: Marco Beltrami y Buck Sanders. DRAMA BÉLICO.

He aquí la película seleccionada para pasar a la Historia del cine como la ganadora del Oscar a Mejor Película del año 2009. Ciertamente, no pasará a la Historia por este hecho sino por haber sido premiada, por primera vez, una mujer a mejor dirección. Kathryn Bigelow (Le llaman Bhodi, El peso del agua), presenta un delicado ejercicio estilístico y de composición muy alejado de lo que podría considerarse una película al uso, haciendo un espléndido trabajo de puesta en escena con Bagdag y el desierto iraquí como telón de fondo.

No sólo eso, En tierra hostil busca en las raíces de las necesidades humanas más profundas y, a la vez, más concretas para posicionarse dentro de una guerra, en este caso, la de Irak, donde el protagonista no es el héroe formal que la sociedad busca para la batalla por la libertad y la democracia (esto es lo que venden los USA, no lo que digo yo). Simplemente, se trata de un yonqui de la adrenalina dispuesto a todo por no dejar que su vida se consuma en su verdadero infierno: su hogar, el tierno y tristemente apacible hogar. Dicho esto y con la excusa de un artificiero como antihéroe, la película se desarrolla en un clima de suspense continuo donde los nexos narrativos brillan por su ausencia haciendo imposible percibir la evolución dramática en los personajes.

Jeremy Renner (28 semanas después), protagonista de la cinta, demanda una mayor atención en el ámbito hollywoodiense gracias a un papel que, parece ser, le viene al pelo (veremos si es capaz de sorprender en otros registros). Completan el reparto no muchos secundarios (toda la trama se basa en tres personajes) que también bordan la acción y que no deslucen unos diálogos perfectamente construidos para crear la sensación de realidad de una unidad en servicio durante la guerra. Mención especial para el siempre asombroso Guy Pearce, ahora muy ducho en pequeños papelitos de corte testimonial.

Así pues, En tierra hostil es la consumación de una extraordinaria cineasta como Kathryn Bigelow pero no consigue traspasar los muros de su propia creación, donde se intenta romper de forma sistemática con las convenciones del clasicismo de Hollywood (y del mundo entero) en una historia sin el famoso "planteamiento, nudo y desenlace" que ya Aristóteles proclamaba. Sin embargo, se trata de un brillante ejercicio de suspense narrativo que te mantiene inquieto y agitado en la butaca (el contexto bélico de Irak con demasiados "enemigos invisibles" ayuda). Sin querer desmerecer esta producción, En tierra hostil se convierte en el chivo expiatorio elegido por los académicos de Hollywood para no premiar descaradamente a Avatar (supongo que es un desprestigio y por eso no lo hacen) para que se siga construyendo ese estereotipo mental en el que público y académicos nunca están de acuerdo. Una completa farsa, pues, sin duda, la gran perjudicada de este año y merecedora de un mayor reconocimiento es Up. Espero que algún día, empiecen a contar con estas películas de verdad (me refiero a las de animación, las que casi siempre consiguen aunar crítica y público).

viernes, 19 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras (**) (2/10)

THE MEN WHO STARE AT GOATS (USA, 2009, 93 min.). Dirección: Grant Heslov. Intérpretes: George Clooney, Ewan McGregor, Kevin Spacey, Jeff Bridges, Stephen Lang. Guión: Peter Straughan, sobre el libro de Jon Ronson. Fotografía: Robert Elswit. Música: Rolfe Kent. COMEDIA.

Nuevo producto "marca Clooney", es decir, izquierdismo maquillado tontamente. Grant Heslov (guionista de Buenas noches y buena suerte), su colaborador particular (abran San Google y descubrirán a un famoso secundario de toda la vida), dirige la película para asegurarse una posición en el mercado neo progresista y provocador. Nada más lejos de la realidad, que una película boba, con tres chistes más efectistas que graciosos, difíciles de unir aunque con cuidados personajes funambulistas del absurdo.

Ineficaz intento de estilo en una endeble sátira de las funciones de un ejército ultra agresivo como el americano, acercándose a una postura hippie setentera paranormal post-vietnamita que ni la misma película entiende, perdiendo mucha fuerza por una inestable estructura y por parecer un congreso de clases magistrales impartido por varios de los mejores actores de las últimas décadas. Por lo menos, queda amenizada la hora y media por una banda sonora muy rockera (More than a feeling de Boston o Alright de Supergrass).

Lo más destacable es, sin duda, el reparto, porque a McGregor, Clooney, Spacey y Bridges, no se les ve todos los días juntos. Cuatro actores vinculados al proyecto por su connotación sociopolítica (excesivamente blandita en su resultado) y claramente influenciados por la impresión de tener en sus manos unos controvertidos y supuestamente inflamables personajes. Ewan McGregor es el peor parado, al ser él, protagonista de un discurso que no tiene ningún sentido mayor que el de conectar situaciones excéntricas, para la risa de la platea (o el aburrimiento general). George Clooney (o más bien, Lyn Cassady, su personaje) engulle a McGregor en su particular road movie por el desierto de Irak. Por su parte, Jeff Bridges no arriesga nada en su papel de oficial hippie encargado del Ejército de la Nueva Tierra, la psicológica división pacifista de la Armada (o sea, un edulcorado de su "Nota" de El Gran Lebowski) y no dejo de preguntarme el por qué de la escasa relevancia dramática que se le ha dado a Kevin Spacey siendo el "malo" de la película (y siendo Kevin Spacey, claro).

Así pues, el consiguiente ensayo de Clooney y Heslov por volver a demostrar su ideología a toda costa, se transforma en una insípida colección de acontecimientos indefinidamente reales que tienen como marco la crítica antibelicista. Pero esto se lee muy entre líneas porque podría deducirse perfectamente que se trata de una patochada entre colegas para matar el rato. Y es que Los hombres que miraban fijamente a las cabras es una burda y fallida aproximación al estilo de los hermanos Coen. Remarcable la ligera emoción que puede causar la secuencia final de Clooney y las cabras pero, aburridas, las constantes comparaciones "graciosas" con el universo Star Wars. Que no le pisen el terreno a Kevin Smith, pues su Jay y Bob el Silencioso (Mall Rats, Clerks, Jay y Bob el Silencioso contraatacan, etc.), mirar a las cabras no sé cómo lo harán, pero eso se les da de maravilla.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Precious (****) (7/10)

PRECIOUS: BASED ON THE NOVEL "PUSH" BY SAPPHIRE (USA, 2009, 109 min.). Dirección: Lee Daniels. Intérpretes: Gabourey Sidibe, Mo´Nique, Paula Patton, Mariah Carey, Sherri Sheperd. Guión: Geoffrey Fletcher, sobre la novela de Sapphire. Fotografía: Andrew Dunn. Música: Mario Grigorov. DRAMA.

La todopoderosa (en los USA) Oprah Winfrey tiene una idea (o negocio, según se quiera ver), retratar la vida y milagros de una analfabeta afroamericana, violada por su padre del que ya tiene una hija y humillada constantemente por su madre. Dicho y hecho la maquinaria de Hollywood se pone a trabajar de inmediato (más sabiendo el poder de congregación de esta mujer). Basada en la novela Push de Sapphire y con un Oscar bajo el brazo a Mejor Guión Adaptado, Precious se cuela fácilmente en nuestros corazones, pues el derrotismo humano es uno de los sentimientos con más sencillez para empatizar.

El director de la película (y también productor, no olvidemos el negocio), Lee Daniels, utiliza recursos cercanos al documental para enfatizar el aspecto realista de esta obra que, seguramente, no diste demasiado de la verdadera vida de una Precious cualquiera del Harlem de los años 80. Con una estética, también, de vídeo musical, tanto en sus partes más fantásticas como en sus partes más crudas, ambas surrealistas por completo, parece que escuchamos continuamente el Beautiful de Christina Aguilera, remarcado más claramente por el segundo nombre y apelativo por el que todos llaman a la protagonista: Precious, delicada y perfecta elección.

Seguramente, parte del acierto de la película sea que los actores hayan creído más en el proyecto que la propia Oprah. Varias estrellas vinculadas al proyecto por su significado: Mariah Carey, sin maquillaje (¿por qué trae tanta cola este hecho?), queriendo participar en el evento afroamericano del año, o un Lenny Kravitz irreconocible pero igualmente sexy (como siempre) como enfermero. Gabourey Sidibe, la protagonista, en su debut como actriz, no se deja amedrentar por un melodramático papel de los de saca el kleenex y no lo vuelvas a guardar en dos horas. Por su parte, a Mo´Nique, ganadora del Oscar a Mejor Actriz Secundaria, le toca bailar con la más fea, con el monstruo que tiene por madre Precious, en una golosina que, gracias a su talento, le va a reportar muchos éxitos.

Una película que podría ser desesperantemente trágica pero que, bien llevada por dirección, nos da momentos puntuales de alivio gracias al mundo onírico de Precious, recreando en su mente lo que nunca podrá llegar a ser: blanca o tener un marido blanco. Donde se aprovecha el analfabetismo para crear el poco humor posible dentro de esta historia pero en el que se aprecia como telón de fondo la importancia de la educación para llevar la vida que uno quiere. Supongo que este tipo de películas tendrán mucha más repercusión en la sociedad americana pero nunca está de más, desde aquí, meterse en la piel de una obesa, vejada, y lo más importante, llena de esperanza, Clarice Precious Jones. Y si de paso, podemos ver la reencarnación de la Whitney Houston de El Guardaespaldas en la figura de la maestra progresista, mejor que mejor.

jueves, 4 de marzo de 2010

Al límite (*) (0/10)

EDGE OF DARKNESS (USA, Gran Bretaña, 2010, 117 min.). Dirección: Martin Campbell. Intérpretes: Mel Gibson, Ray Winstone, Danny Huston, Bojana Novakovic, Dennis O´Hare, Jay O. Sanders. Guión: William Monahan y Andrew Bovell, basada en la serie de televisión escrita por Troy Kennedy Martin. Fotografía: Phil Meheux. Música: Howard Shore. THRILLER.

La nueva incursión de Mel Gibson en el cine tras muchos años desaparecido (como actor) deja bastante que desear. El thriller que se ha sacado de la chistera Martin Campbell, director de la cinta, basado en la serie que el mismo dirigió titulada Edge of Darkness, parece haber sido rodado en dos semanas y a matacaballo. Increíble que un director que ha sacado adelante (con honor) las dos partes de El Zorro y la visualmente brillante Casino Royale no hace mucho, haya llevado a cabo este zarrapastroso conjunto de incoherencias metidas todas con calzador.

Lenta en su desarrollo, inclusive para una complejísima trama que se hace difícil de seguir, se nos presenta el drama de un padre clamando venganza. Desastre en su conjunto y en sus partes más menudas, todo chirría: unos diálogos desesperantemente fuera de lugar, un montaje descuidado que deja en evidencia prácticamente a todos los actores, una sobreactuación continua de los mismos, unos recursos en las escenas de acción que quedan descalificados por su antinaturalidad, un maniqueo absoluto en el concepto de buenos y malos que no hace partícipe al espectador, y así se podría seguir indefinidamente. Una película que no pueden salvar dos secuencias clamorosamente llamativas (supongo que para distraer la atención) aunque previsibles.

Mel Gibson, como su categoría de estrella asume, es el único que se salva de la quema. El actor recuerda, en la mayoría de sus planos, por qué existe el star system quedándose clavado durante segundos, abarcando la pantalla por completo sin sacar de quicio tanto como cualquiera de sus compañeros de reparto en una esquina al fondo del plano. Y es que no sé dónde se metería el señor Campbell durante el rodaje o quién estaría al cargo de la dirección de actores (si es que éste no piso el plató) porque hacía tiempo que no recordaba algo tan lamentable.

Puro entretenimiento de domingo por la tarde, de siesta con el ruido de la tele de fondo, con la excepción de que Mel Gibson es el protagonista y que, sólo con su presencia, convierte esta película en una superproducción, digna de una aceptable recaudación en taquilla. En todo caso, Campbell debería hacer examen de conciencia y ver qué es lo que ha ocurrido (aunque me juego el meñique a que se fundieron el presupuesto en el caché de Gibson). A modo de petición, espero que el hombre que pasará a la historia del celuloide como William Wallace, antes de volver a participar en semejante circo, se dedique a otros menesteres. Sobre todo, después de deslumbrar al mundo con cada uno de sus trabajos como director. Y es que, con lo cerradito que es, como me hizo disfrutar de La pasión de Cristo.

martes, 2 de marzo de 2010

Shutter Island (*****) (10/10)

SHUTTER ISLAND (USA, 2010, 138 min.). Dirección: Martin Scorsese. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max von Sydow, Michelle Williams, Patricia Clarkson, Emily Mortimer. Guión: Laeta Kalogridis, sobre la novela de Dennis Lehane. Fotografía: Robert Richardson. THRILLER.

Martin Scorsese al servicio del gran público; del complicado, áspero, heterogéneo y, especialmente, resultadista gran público. Grandioso thriller de cuidada caligrafía que combina campos de exterminio, Guerra Fría, islas claustrofóbicas, antiguos asesinatos y psicólogos conspiradores en un coctel de prodigiosos detalles enfrascados en un guión de los de vieja escuela. Y es que el gran Scorsese baja al mundo terrenal para dibujar una de esas películas que manipulan la mente del espectador, tan bien como Pavlov manipulaba a los perros a los que hacía salivar tocando una campana, para así demostrar la teoría conductista.

Tramposo ejercicio narrativo lleno de virtudes que dan ganas de volver a degustar, de esos tiernos filetes que te comes (perdonen los vegetarianos la inadecuada metáfora) y cuando acabas, te hubiera gustado disfrutarlo más con los ojos, antes de hincarle el diente. Película para consumir mínimo dos veces en la vida en la que los detalles parecen superfluos (de elección puramente estética) o son demasiados para que el espectador pueda procesarlos todos durante la proyección pero que, al final, se convierten en esenciales para el goce del film en su totalidad.

Leonardo DiCaprio vuelve a trabajar aquí con Scorsese, tras Gangs of New York, El aviador e Infiltrados, demostrando que puede ser uno de los actores más relevantes de Hollywood si va de la mano de un gran cineasta. DiCaprio alcanza su punto álgido scorsesiano en esta cinta y su tándem italoamericano tiene visos de llegar a ser tan fructífero como el anterior formado por el director y De Niro (Taxi Driver, Toro Salvaje, Casino, Uno de los nuestros). Completan el reparto: Mark Ruffalo, el conspirador compañero policía; Sir Ben Kingsley, el ambiguo director del psiquiátrico; Max von Sydow, el médico alemán de oscuro pasado; y Michelle Williams, la esposa violentamente asesinada. Todo el cast colabora para la activación de un dramatismo que tiene su clímax en una espectacular secuencia, intensa en cada uno de sus segundos y, ciertamente, un poco deslucida por la rigidez post mortem infantil.

Así pues, Shutter Island se define como un soberbio thriller que te mantiene clavado en la butaca y constituye un buen ejemplo de cómo hacer una película en estos tiempos donde ya todo parece inventado. Porque es así, todo lo que propone Shutter Island ya está inventado pero no revuelto hasta ese punto demencial. Utilizando momentos oníricos de alto voltaje sugestivo que, conclusivamente, serán muy reveladores, Scorsese golpea repetidamente la tecla que revuelve las entrañas y la conciencia del espectador. Una maravilla del séptimo arte que el aquí presente tardará mucho en olvidar pues le hizo recordar que, en contadas ocasiones, cuando se sienta delante de la gran pantalla es una simple marioneta en manos de un genial y especializado tirititero.