Martin Scorsese al servicio del gran público; del complicado, áspero, heterogéneo y, especialmente, resultadista gran público. Grandioso thriller de cuidada caligrafía que combina campos de exterminio, Guerra Fría, islas claustrofóbicas, antiguos asesinatos y psicólogos conspiradores en un coctel de prodigiosos detalles enfrascados en un guión de los de vieja escuela. Y es que el gran Scorsese baja al mundo terrenal para dibujar una de esas películas que manipulan la mente del espectador, tan bien como Pavlov manipulaba a los perros a los que hacía salivar tocando una campana, para así demostrar la teoría conductista.Tramposo ejercicio narrativo lleno de virtudes que dan ganas de volver a degustar, de esos tiernos filetes que te comes (perdonen los vegetarianos la inadecuada metáfora) y cuando acabas, te hubiera gustado disfrutarlo más con los ojos, antes de hincarle el diente. Película para consumir mínimo dos veces en la vida en la que los detalles parecen superfluos (de elección puramente estética) o son demasiados para que el espectador pueda procesarlos todos durante la proyección pero que, al final, se convierten en esenciales para el goce del film en su totalidad.
Leonardo DiCaprio vuelve a trabajar aquí con Scorsese, tras Gangs of New York, El aviador e Infiltrados, demostrando que puede ser uno de los actores más relevantes de Hollywood si va de la mano de un gran cineasta. DiCaprio alcanza su punto álgido scorsesiano en esta cinta y su tándem italoamericano tiene visos de llegar a ser tan fructífero como el anterior formado por el director y De Niro (Taxi Driver, Toro Salvaje, Casino, Uno de los nuestros). Completan el reparto: Mark Ruffalo, el conspirador compañero policía; Sir Ben Kingsley, el ambiguo director del psiquiátrico; Max von Sydow, el médico alemán de oscuro pasado; y Michelle Williams, la esposa violentamente asesinada. Todo el cast colabora para la activación de un dramatismo que tiene su clímax en una espectacular secuencia, intensa en cada uno de sus segundos y, ciertamente, un poco deslucida por la rigidez post mortem infantil.
Así pues, Shutter Island se define como un soberbio thriller que te mantiene clavado en la butaca y constituye un buen ejemplo de cómo hacer una película en estos tiempos donde ya todo parece inventado. Porque es así, todo lo que propone Shutter Island ya está inventado pero no revuelto hasta ese punto demencial. Utilizando momentos oníricos de alto voltaje sugestivo que, conclusivamente, serán muy reveladores, Scorsese golpea repetidamente la tecla que revuelve las entrañas y la conciencia del espectador. Una maravilla del séptimo arte que el aquí presente tardará mucho en olvidar pues le hizo recordar que, en contadas ocasiones, cuando se sienta delante de la gran pantalla es una simple marioneta en manos de un genial y especializado tirititero.

Una maravilla que se veía venir desde que explican los distintos enfoques médico y un canteo máximo cuando les hace la entrevista a los/las enfermer@s; si bien el principio de la pelíicula es brutal y te sumerge en el mundo negro carcelario, el final me decepcionó bastante, sorry
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