Que el universo imaginativo de Burton es genuino y truculentamente identificador no nos lo iba a enseñar su enésima película. Así pues, el inaugurador de la saga Batman pone a las órdenes de Disney su reconocible mente fantástica para adaptar los libros que hicieron a Lewis Carroll pasar a la historia de la literatura. Maniatado por las garras de una major, recibe el prediseñado guión de Linda Woolverton (guionista de El rey león o La bella y la bestia) que busca el fanatismo cinematográfico de las motivaciones y recompensas del esquema más clásico hollywoodiense.Así pues, Alicia vuelve a ese mundo de fantasía cuando su vida real se lo pide con el conejo blanco angustiado por la falta de tiempo como placebo imaginario. Amnésica de sus antiguas aventuras, comete los mismos errores que la "invitan" a revisitar los pasajes de las novelas predecesoras. Y es que Burton sólo es capaz de poner en imágenes (poco innovadoras estilísticamente pero acertadas en su contexto) una historia de buenos y malos donde hasta el apuntador pierde su identidad original en pos de una clara estructura dramática digerible para el gran público.
Sin olvidarse de sus compañeros de aventuras, Johnny Depp y Helena Bonham Carter (también compañera sentimental), Burton tropieza en la redundancia poco agraciada y cansina. Si por una parte, es cruel y dulcemente malvada esa Reina de Corazones interpretada por Bonham Carter; Johnny Depp arrastra todos los malos vicios adquiridos por un vínculo demasiado estrecho entre director y actor. Un Sombrerero Loco que demuestre poco de lunático (en comparación con su elocuente referente literario) y proponga sentimentalismo pseudo pederasta, enoja. La Alicia burtoniana, Mia Wasikowska, imanta un sensual recuerdo de la niña británica pero no levanta las pasiones de un personaje idílico para una joven actriz. Brillante la composición de Matt Lucas (divertido hasta el extremo en su propia serie Little Britain) de sus Din y Don desdibujados bajo millones de píxeles y, Anne Hathaway, me deja sin comentarios con que descalificar su neo punk Reina Blanca de la bondad y pureza snob.
Por todo esto, Alicia en el país de las maravillas debe hacer que Tim Burton vuelva a mirarse el ombligo y dejarse llevar por su esencia personal. Porque no es que la "Alicia versión 2010" sea una película para tirarse de los pelos y salir llorando del cine por haber perdido el dinero de la entrada pero, sin duda, no se trata de una película con el sello Burton de los que muchos estamos enamorados. Pues el imaginario de Burton tiene más de Eduardos Manostijeras, Eds Woods o Jacks Skelletors (solitarios desquiciados) que de adolescentes mesiánicas dispuestas a salvar el mundo que las ha hecho madurar. Una pena que hayan coartado la libertad de un cineasta tan lúcido, más aun, con un referente a interpretar tan predispuesto a su rediseño por el siniestro director. Otra vez, el dinero vuelve a primar sobre el arte. Cosas de la industria cultural.
Remake de la homónima película dirigida por Desmond Davis en 1981. Ochentera donde las haya, el que aquí escribe no consigue recordar con exactitud el argumento pero sí deambula por su ineficaz memoria el pasaje de Perseo arrancando la cabeza de Medusa. Esta vez es el francés Louis Leterrier (El increíble Hulk), el encargado de llevar a la gran pantalla la epopeya de Perseo, hijo de Zeus, quien tiene que alcanzar su venganza contra Hades, el dios del inframundo, por haber matado a su familia adoptiva.
Que el genocidio es una de las formas de odio indiscriminado que más veces la raza humana ha sacado a relucir, desgraciadamente, no es algo poco común: el antisemitismo nazi, la guerra de los Balcanes, Ruanda... Y sólo en el siglo XX. Aquí, el director chino Lu Chuan (tildado por su propio gobierno de poco más que "traidor"), nos muestra los crímenes del ejército japonés en la invasión de China previa a la Segunda Guerra Mundial. Arriesgada propuesta de exponer el horror de la intolerancia y el dolor de los que la sufren.

Vacaciones escolares, película de animación al canto. Que tontos no son. Esta vez Dreamworks, eterna rival y competidora de Pixar, adapta las novelas escritas por Cressida Powell, una precoz escritora de literatura fantástica, a la gran pantalla. Concretamente, inventa un origen a la saga de libros. Instinto de superación, llegar a ser lo que se espera de uno y amistad vuelven a conjugarse en una película infantil para no salirse mucho del tiesto. No vayan a equivocarse, claro.

