Sin duda, el miedo es el más poderoso de todos los sentimientos, el que más condiciona la vida de un ser humano. Dunia Ayaso y Félix Sabroso (Los años desnudos. Clasificada S, Chuecatown), directores y guionistas de la cinta, aparcan su género favorito, la comedia, para retratar la familia como el peor de los vicios, arrinconándose en un drama intenso y, preferentemente, original salpicado con pequeños tintes de historia muy trillada en algunas de sus tramas secundarias (quizás es tan real que por eso parece trillado).
La esquizofrenia de un padre acecha las vidas de sus hijos por tratarse de una enfermedad hereditaria. Las consecuencias, graves. La incapacidad de los protagonistas para relacionarse con su entorno de una manera sana y natural, evidencia el acertado (aunque un poco desconcertante) título: La isla interior. Y es que los personajes son islas, islas rodeadas de agua (por definición), que perderían toda su identidad si fueran capaces de unirse a otro pedazo de tierra.
Escalofriantes y virtuosas las interpretaciones de los cinco actores principales. Un verdadero regalo para el espectador. Mención especial para Alberto San Juan, que acumula méritos de forma escandalosa. Aquí como un frustrado escritor de novela que ha de conformarse con dar clases en un instituto. Cristina Marcos, poco presente últimamente en el cine, recrea una actriz de éxito como un notable fracaso. Candela Peña, para quien seguramente escribieran el papel, no se sale mucho del estereotipo de sus personajes pero, otra vez, consigue ser sutil hasta en la trama más evidente, manteniendo la tensión con la complicidad de un Celso Bugallo tan ausente como perfecto. La madre, Geraldine Chaplin, encauza, en una lección magistral, a una mujer protectora y, quizás, más responsable de la vida de sus hijos que la enfermedad paterna.
Así pues, La isla interior indaga en la familia como principal referente en la vida adulta, convirtiendo el miedo en el motor de reacción de las personas. Los directores, de paso, se permiten hacer un homenaje a la isla que les vio crecer, Gran Canaria, colocando allí unos personajes bellísimamente complejos y genialmente definidos por todos los actores, que no esconden una endeble estructura dramática que acaba muy "fundida". En cualquier caso, es un placer descubrir pequeños pedazos de vida de manos de gente con miedo, los que de verdad viven, los seres humanos.


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