Es inusitado que dentro de las fórmulas del cine de género exista todavía un resquicio para inventar algo fresco, no de por sí redundante. Y es que el thriller es una de las estructuras más férreas sobre las que inventar. Sin embargo, F. Gary Gray (The Italian Job), más allá de un prólogo cómodo, propone una trepidante e inverosímil aventura llena (hasta arriba) de golpes de efecto, diseccionada en dos partes definidas por sus protagonistas. La primera, con Butler como padre en busca de justicia y; la segunda, con Foxx como el hombre que intenta capturarle.
Esta dicotomía moral produce un efecto desconcertante en la mente del espectador que, casi sin querer, se da cuenta de que, en realidad, no forma parte de ninguno de los dos bandos o, al revés, está de parte de ambos. Así, Un ciudadano ejemplar puede provocar un contundente disgusto por la incomodidad de no estar bien posicionado dentro de la narración (aunque, por otro lado, es de lo más excitante de la película).
Gerald Butler, el eterno Leónidas de 300, vuelve por los fueros espartanos del héroe sobrehumano, en este caso, como discípulo de Maquiavelo, transformándose de persona común a amenaza nacional. Porque, según mi punto de vista, el verdadero ciudadano ejemplar es el personaje de Jamie Foxx (Ray), maniatado por la burocracia gubernamental, más allá de sus ganas de protagonismo mediático (presentes siempre en la raza humana: reconocimiento, fama, etc.). El cara a cara de estos dos personajes, enfrentados deontológicamente, lo gana Foxx, inmerso en un rol que guarda muchos más conflictos que el de Butler, precisamente por moverse dentro del sistema.
Con todo, Un ciudadano ejemplar es el caso de que películas tensas, suspendidas y sorprendentes pueden hacerse en base a un concepto "original". Que en algunos casos será más verosímil que en otros pero a nadie le importa. Una película donde no se legitima ninguna forma de actuar con respecto a la ley (dentro o fuera de ella) pero que si presenta, sin ningún afán aleccionador, las limitaciones de un sistema lineal y fracturado como corresponde al de la justicia. Aprovechando de paso un inquebrantable (y exagerado en primeros planos) combate entre dos curiosos personajes que se convierten en héroes aunque, más allá de la historia que se cuenta, siempre fueron ciudadanos ejemplares.


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