lunes, 14 de junio de 2010

Robin Hood (****) (7/10)

ROBIN HOOD (Gran Bretaña, 2010, 139 min.). Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Russell Crowe, Cate Blanchett, Mark Strong, Max Von Sydow, Danny Houston, Eileen Atkins. Guión: Brian Helgeland. Fotografía: John Mathieson. Música: Marc Streitenfeld. AVENTURAS.

Era inevitable respirar ese tufillo a Máximo Décimo Meridio en la sala. Aun así, es encomiable el esfuerzo del dúo Scott / Crowe por disimular las permanentes características comunes a la película que les catapultó por primera vez (juntos) hasta el éxito en ese péplum memorable. Aquí, se presenta un origen al legendario sir Robin de Locksley (ahora que no está de moda: ni Batman, ni Lobezno, etc.), como otra persona suplantando la personalidad del noble, para justificar la archiconocida acción de robar a los ricos para dárselo a los pobres.

Este Robin Hood mejora sus anteriores versiones poniendo especial atención en las conspiraciones palaciegas representadas bajo una cantidad ingente de personajes de peso que hacen la trama muy interesante. Sin embargo, se confunde en la necesidad de mostrar unos genes heroicos para un personaje que proviene de los orígenes más humildes. Me refiero a esos flashbacks del demonio, sentimentaloides e indigestos, de imagen difusa, olvidadiza. En todo caso, el dominio de la épica por parte de Scott (Blade Runner, Thelma y Louise) es innegable, convirtiendo las batallas en auténticos ejercidios de estilo preparados para ser devorados visualmente por un espectador ávido de secuencias espectaculares.

Russell Crowe escapa, en la medida de lo posible, de un papel tan aparentemente ajustado al general del ejército romano que le dio un Oscar. Y pese a que el rostro sea el mismo al del gladiador que se vengó del emperador, consigue destaparse gracias al resto del reparto que le ayuda sobremanera. Meritorio el papel de la nueva Lady Marian, interpretada por Cate Blanchett, que se hace fuerte en sus reivindicaciones políticas. Max Von Sydow está impecable como ciego señor feudal de unas tierras saqueadas sin compasión por la corona de Inglaterra y, el príncipe Juan, interpretado por Oscar Isaac, es la revelación de la película pues acompasa su ambición y egoísmo con parsimonia, imantando rápidamente un sentimiento absoluto de repulsión. Pero, haciendo analogía con Gladiator, estas películas son, lo que el villano vale. Y si Joaquin Phoenix era el despreciable emperador Cómodo, aquí la vibrante ejecución de Mark Strong ejemplifica a la perfección lo que un malvado de película ha de ser: un pérfido calculador exento de escrúpulos. Impresionante sonrisa final.

Pues eso, ya tenemos los amantes del séptimo arte, un origen a la leyenda del arquero del bosque de Sherwood. Ya podemos entender mejor, si place, a ese pícaro zorro de Disney o a ese Kevin Costner de pelo lacio. Pues aunque sea un personaje multiplicado en la gran pantalla, el Robin Hood de Ridley Scott no pierde un ápice de interés, sino que indaga en la Inglaterra del siglo XII para obsequiar con una intriga digna de ser vista. Y es que Ridley Scott vuelve a demostrar que sabe hacer su trabajo a la perfección, tanto desde el punto de vista estilístico como desde el punto de vista narrativo. Una buena historia realizada con buenas imágenes. Eso, ladies and gentleman, se llama cine.

jueves, 3 de junio de 2010

Prince of Persia (*) (1/10)

PRINCE OF PERSIA: THE SANDS OF TIME (USA, 2010, 116 min.). Dirección: Mike Newell. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton, Ben Kingsley, Alfred Molina. Guión: B. Yakin, D. Miro, C. Benard, sobre el videojuego de J. Mechner. Fotografía: J. Seale. Música: H. Gregson-Williams. AVENTURAS.

El todopoderoso rey del blockbuster americano, Jerry Bruckheimer (Piratas del Caribe, Armageddon, La roca, El bar coyote, y un larguísimo etcétera), vuelve a la carga con una nueva saga de taquilla asegurada. Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz de fuego) se encarga de la consecuente y aburrida realización de esta cinta de aventuras cortada por el patrón de lo corriente y vulgar disfrazado de viajes temporales con dagas misteriosas pertenecientes a sagradas civilizaciones.

Y es que Prince of Persia no aporta nada a un género que demanda novedades. Y si no, cuanto menos, sería recomendable encomendarse a un emblemático personaje con carisma suficiente para que te salve la hora y media. Pues ni lo uno ni lo otro, el nuevo producto "Bruckheimer" sobrepasa con creces el perfecto subrayado de todos los estereotipos de la aventura (el peor, la relación amorosa entre protagonistas, extrapolable al 90% de películas) para regalar un soporífero espectáculo de acontecimientos que no se sale de lo común, entiéndase dentro dél género.

Con un reparto elegido para establecer una íntima complicidad con la taquilla, la película cojea desde su instante inicial. Jake Gyllenhaal salta, lucha y ama perdido, en sentido literal, por los desiertos de la antigua Persia (con barbita de dos días y musculito hinchado, vamos, el persa de todas la vida y no tipos como Sadam Hussein). Es incomprensible la elección, lastra toda la película. También, Sir Ben Kingsley se equivoca pues no le hace falta el jugoso cheque y quedar en ridículo por este tipo de papeles. Pase que éste último, por lo menos, está mejor caracterizado. Así pues, la sensual Gemma Arterton (mucho mejor que en Furia de titanes) es la única que salva su personaje, no por una buena interpretación sino por un espectacular envoltorio. Ni nombrar quiero, el continuo y pesado chiste fácil sobre impuestos (aprovechando la coyuntura) del cansino personaje de turno interpretado por Alfred Molina.

Y es que, por nombrar algo positivo de Prince of Persia, diré que es correcto a la hora de adaptar un juego de plataformas colocando a su protagonista dando brincos entre tejados buena parte del metraje. Porque más allá del goce de ver a la señorita Arterton luciendo palmito, Prince of Persia es un entretenimiento simplón, de escasa comicidad y surrealista aventura. Demérito de sus creadores, cuyos ojos no son capaces de ver algo que mostrar al espectador sino sólo de convertirse en dólares al más puro estilo tío Gilito. Bueno, es que distribuye Disney, tiene su lógica.