Bien nutrida ha estado la cartelera, en estos últimos años, de reconocibles aventuras de variopintos superhéroes. Pues he aquí uno diferente (¿o raro?), uno que desea serlo más por su idílica conducta defensora del bien que por sus propias características físicas: Kick-Ass. Aunque podría tratarse de la payasada pre-veraniega de Hollywood, Kick-Ass, a parte de la proximidad a lo absurdo de su protagonista, es una llamativa máquina de eficiente resultado, bien diseñada por su creador.Y es que Matthew Vaughn, director del film, construye basándose en la finalidad común de todo superhéroe/heroína: salvar el mundo, para aplicárselo a un patético chaval cuyas únicas habilidades sólo son visibles tras la pantalla de un ordenador, manipulando en redes sociales cibernéticas y encerrado en su habitación sin contacto con la realidad (ojito con la actualdad del tema, aquí tomado a chufla). Así pues, Dave Lizewski o Kick-Ass, su torpe anque valiente alter ego, reclama lo que cualquier otro superhéroe: la paz y, por su puesto, a la chica (cuanto más popular mejor, como siempre). Esta vez con Twiter como intermediario.
Pese a contar con un reparto plagado de desconocidos, el prestigio de la película, que bien podría haber sido vapuleada por ser una auténtica chorrada (en parte, lo es), lo respaldan un peso pesado como Nicolas Cage, interpretando a Big Papi, el vengador padre disfrazado de Batman sesentero, y Mark Strong (otra vez de villano, el más malo del blog) que ejerce de implacable mafioso cuyo imperio ve peligrar por un chaval vestido con mallas apretadas de un verde rancio. Adam Johnson, el protagonista, debuta en cine reflejando una falta de cordura que enlaza con el espectador en la lástima absoluta. Lo verdaderamente llamativo es ver a esa niña malhablada de 11 años, interpretada por Chloë Grace Moretz, revolcándose en imposibles acrobacias de violentas consecuencias. No se veía nada así de salvaje y de tan corta estatura desde el Damian de La profecía. Sólo que en plan vacililla.
Así pues, Kick-Ass se apoya en el clásico esquema de película de superhéroes y se alimenta de las nuevas tecnologías para contar historias contemporáneas. Valiéndose de ellas para incrementar el interés narrativo, la película va madurando en su justa medida hasta llegar a su clímax, ese enfrentamiento final con el villano de turno. Con bazuca de por medio. Maravillosa creación de esperpéntica mezcla. Una especie de cóctel de Spider-Man añejo, aligerado con unas gotas de Tarantino y endulzado con un poquito de Kevin Smith. Un curioso (y efectista) ejercicio de barman que deja un buen sabor a cine de siglo XXI y nada de resaca.

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