lunes, 30 de agosto de 2010

Shrek. Felices para siempre (***) (6/10)

SHREK FOREVER AFTER (USA, 2010, 94 min.). Dirección: Mike Mitchell. Intérpretes (voces): Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz, Antonio Banderas, Julie Andrews, Walt Dohrn. Guión: Josh Klausner y Darren Lemke. Música: Harry Gregson-Williams. ANIMACIÓN.

Existen finales que son vueltas al principio, como bucles inquebrantables de una historia que ha de repetirse una y mil veces, pues así está escrito, como en el libro que abre todas las películas del famoso ogro verde. Y es que esta cuarta parte, es una reescritura de la esencia de lo que nos vino a contar Shrek en su primera aparición hace ya unos años: amar no está supeditado a ningún físico y supera todas las barreras (incluso las espacio-temporales).

Bajo la dudosa imaginativa del universo paralelo, el gruñón héroe tiene que empezar de cero la reconquista de su amor verdadero. Bien estructurada, quizá haya menos humor del habitual en la saga en favor de una mayor emotividad. Aun así, el despegue de la cinta es divertido a la par que agobiante, con Shrek emulando a Bill Murray en el eterno día de la marmota, versión la tribu de los Brady con burro incluido. No puede haber mejor motivación para la búsqueda de un cambio en la vida del protagonista.

Shrek. Felices para siempre abusa, como las dos anteriores, en la referencia y parodia externa sin preocuparse de crear un mundo original, o por lo menos, 90% original (en la primera, Asno, Fiona, Lord Farquad, etcétera no estaban sacados de ningún otro cuento). Sobre todo, irritan esas brujas, secuaces del antagonista, reflejos de la bruja malvada del Oeste del maravilloso clásico El mago de Oz. Acertado el malvado Rumpelstiltskin, pese a ser el enésimo de la saga, cínico y avaricioso, que no hace flojear la estructura de una trama sencilla pero completa y emotiva.

En conclusión, Shrek. Felices para siempre finaliza la aventura de uno de los personajes más carismáticos de la animación digital (emblema de Dreamworks, sin duda) en un digno final. Nada nuevo, eso sí, pero efectivo en sus objetivos. Una película donde, en ocasiones, sólo esperas la aparición de los tiernos ojos del Gato con Botas pero que es inflexible en el transcurso de su exposición para concluir en el esperado romántico desenlace y su consecuente vuelta a empezar. Se termina aquí una saga de ogros que pueden ser felices, de inesperadas resoluciones de maldiciones que muestran la verdadera identidad de una princesa, de príncipes encantadores metrosexuales y perversos y un sinfín de peculiares y grotescos personajes más. Shrek. Felices para siempre demuestra que volver al origen, a la fuente, a la esencia de uno mismo es, en la mayoría de las ocasiones, la decisión más sensata y acertada.

jueves, 19 de agosto de 2010

Eclipse (*) (0/10)

THE TWILIGHT SAGA: ECLIPSE (USA, 2010, 124 min.). Dirección: David Slade. Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Bryce Dallas Howard, Dakota Fanning. Guión: Melissa Rosenberg, sobre la novela de Stephenie Meyer. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Música: Howard Shore. FANTÁSTICO.

Y todavía queda otra. En fin, esta tercera parte, firmada por David Slade, es un completo esperpento redundante sobre la más que excesivamente dilatada historia de amor entre los protagonistas, incluyendo una absoluta amnesia sobre la naturaleza de la historia (recuerden que hablamos de vampiros y licántropos). Vamos, una triste reproducción de un exasperante triángulo amoroso sin sentido ninguno. Una tomadura de pelo para el público que no desee empacharse una tarde cualquiera en su cine habitual.

Se podría haber sacado más jugo a una trama que, fuera del triángulo Bella-Edward-Jacob, existía; ese ejército de neófitos, o vampiros recién convertidos, que han de acabar con la familia Cullen y que "roban" los mejores planos de la película. Sin embargo, Eclipse se aburre de repetir las tonterías de los tres chavales que no entienden cuán difícil es el amor cuando las hormonas revolotean (da igual que hayas vivido 500 años como el deseado Edward).

Así que, tras desaprovechar incomprensiblemente el apartado fantástico / terror (increíble dentro de una película de vampiros y hombres lobo), todavía pretenden que el público no objetivo (los que superen los 18 años de edad) salgamos contentos de la sala. Cierto es que determinados chistes hacen hasta gracia, porque referencian las mayores estupideces de la saga, en especial, la incomprensible falta de camisetas en el armario del señor Black. El único, otra vez, que no desmerece en Eclipse es Charlie (Billy Burke), como el inocente padre que cree tener todo bajo control sin conocer las románticas aventuras de su hija Bella con las fantásticas criaturas que habitan alrededor de Forks.

Y es que La saga Crepúsculo: Eclipse ha conseguido acabar con mi paciencia respecto a los tira y afloja de estos tres chavales marcados por una inoperante capacidad para comunicarse entre sí y dejar las cosas claras. Porque ya van tres películas de dudas, amores, engaños e indecisiones y la gasolina de esta historia hace tiempo que está acabada. Sobre todo, por esa necesidad de volcar todo el protagonismo en la historia de amor, habiendo detrás algo más que parece hasta interesante. Intuyo (pues de los libros sólo pude acabar Crepúsculo y acabe saturado de tanto azúcar) que la misteriorsa familia Voltiuri tendrá algo que decir en el final de traca, pero como se han enredado tanto en mostrar a Bella, Jacob y Edward haciendo el ridículo, no entenderé nada. Qué lástima que aprovechen el filón tan descaradamente porque, lo que de verdad están haciendo, es perder la taquilla de la última película. Se lo merecen.