Existen finales que son vueltas al principio, como bucles inquebrantables de una historia que ha de repetirse una y mil veces, pues así está escrito, como en el libro que abre todas las películas del famoso ogro verde. Y es que esta cuarta parte, es una reescritura de la esencia de lo que nos vino a contar Shrek en su primera aparición hace ya unos años: amar no está supeditado a ningún físico y supera todas las barreras (incluso las espacio-temporales).Bajo la dudosa imaginativa del universo paralelo, el gruñón héroe tiene que empezar de cero la reconquista de su amor verdadero. Bien estructurada, quizá haya menos humor del habitual en la saga en favor de una mayor emotividad. Aun así, el despegue de la cinta es divertido a la par que agobiante, con Shrek emulando a Bill Murray en el eterno día de la marmota, versión la tribu de los Brady con burro incluido. No puede haber mejor motivación para la búsqueda de un cambio en la vida del protagonista.
Shrek. Felices para siempre abusa, como las dos anteriores, en la referencia y parodia externa sin preocuparse de crear un mundo original, o por lo menos, 90% original (en la primera, Asno, Fiona, Lord Farquad, etcétera no estaban sacados de ningún otro cuento). Sobre todo, irritan esas brujas, secuaces del antagonista, reflejos de la bruja malvada del Oeste del maravilloso clásico El mago de Oz. Acertado el malvado Rumpelstiltskin, pese a ser el enésimo de la saga, cínico y avaricioso, que no hace flojear la estructura de una trama sencilla pero completa y emotiva.
En conclusión, Shrek. Felices para siempre finaliza la aventura de uno de los personajes más carismáticos de la animación digital (emblema de Dreamworks, sin duda) en un digno final. Nada nuevo, eso sí, pero efectivo en sus objetivos. Una película donde, en ocasiones, sólo esperas la aparición de los tiernos ojos del Gato con Botas pero que es inflexible en el transcurso de su exposición para concluir en el esperado romántico desenlace y su consecuente vuelta a empezar. Se termina aquí una saga de ogros que pueden ser felices, de inesperadas resoluciones de maldiciones que muestran la verdadera identidad de una princesa, de príncipes encantadores metrosexuales y perversos y un sinfín de peculiares y grotescos personajes más. Shrek. Felices para siempre demuestra que volver al origen, a la fuente, a la esencia de uno mismo es, en la mayoría de las ocasiones, la decisión más sensata y acertada.

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