Rezaba el cartel publicitario: "¿Quién es Salt?". Pese a haberme tomado la molestia de intentar averiguarlo, sigo sin saberlo a ciencia cierta. Dudo que ella misma sea capaz de discernirlo. Los cambios de actitud respecto de la protagonista son tan impredecibles y caprichosos que podría ser cualquiera de las que se presenta en el film. El director, Phillip Noyce (El coleccionista de huesos), intenta mejorar el producto que lleva de sobrecarga un guión bastante flojo. Y es que Salt se caracteriza por ser una generosa trampa continua para sus espectadores, intentando imitar las complicadas narraciones contemporáneas para acabar siendo un conglomerado de giros narrativos, quizá sorprendentes pero, vacíos de contenido.Relato incoherente, necesitado de estrambóticos trucos de guión para hacer fluir la historia que, en realidad, es sosa y produce una total apatía. Pese a estar de moda y ser un género relativamente satisfactorio (en un término general) para la audiencia, Salt aprovecha la coyuntura para asaltar la cartelera sin compasión y, peor, sin nada que contar. Quizá haya engañado a algún espectador con esos inesperados giros que pueden ejercer de atractivos efectos que deslumbren a algún inocente espectador. No se dejen engañar por una gran cantidad de fuego artificial y poca lógica interna.
Prominente esfuerzo de deificación a la figura de Angelina Jolie, que sale mal parada del acontecimiento. Y poco más que decir, pues el desaprovechamiento general del elenco de secundarios es alarmante y sirve como advertencia de lo nulo del proceso dramático. Una tercera secuela de Tomb Raider, sin cuchillo a la cintura ni pantalones censurablemente cortos. Diversos agentes soviéticos viven infiltrados en la cultura norteamericana esperando, en estado de latencia, su oportunidad de actuar. Hasta aquí, bien. Lo demás, continuas y poco sugerentes secuencias de acción más caracterizadas por la inoperancia de los agentes de inteligencia americanos que por su espectacularidad como secuencias de género.
Tiempo limitado de incomprensibilidad, de extrañas actitudes y toma de decisiones, de sin sentidos con motivaciones imposibles y agentes de inteligencia de corazón blandito. Además de una acérrima defensa del sistema de vida norteamericano y un rechazo a la cultura soviética digo de hace 50 años, en plena guerra fría. Salt es olvidable, no cede en su actitud de película seria cuando, en realidad, se define como una hilera de secuencias trepidantes y desengarzadas entre una trama aburrida. Desde luego, Salt es una vergüenza para el género, un género tan bien llevado a cabo en las tres películas del carismático Jason Bourne donde, por cierto, también la identidad era el núcleo principal. Menuda diferencia.
NOTA FINAL: 2/10
El maestro Calderón escribió: "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son." Sin querer emular al conocido literato español, Christopher Nolan adquiere un cuasi estatus de leyenda del séptimo arte, como uno de los mejores cineastas de este nuevo (y aún corto) siglo XXI, con la estimable capacidad de mostrar el genio bajo una descarada capa de pura comercialidad.
Han pasado ya 15 años desde que Buzz y Woody se colaron en los corazones de niños y no tan niños. Esta tercera entrega no ha podido ser mejor. En un soberbio homenaje a la figura de Woody (protagonista indiscutible), se le convoca a una última hazaña: mantener unidos a los juguetes de Andy, más allá de saber que él es el favorito, el elegido para acompañar a su dueño a la universidad. Consecuente propuesta, parecida a ese último capítulo de Lost, dedicado a su gran protagonista: Jack Sheppard. Generosa enfatización de ambos personajes, pese a haber sido vilipendiados (en ocasiones) por el ultramoderno Buzz Light Year o el cínico Sawyer, respectivamente. Los verdaderos héroes siempre aparecen al final.
