lunes, 13 de septiembre de 2010

Toy Story 3 (*****) (10/10)

TOY STORY 3 (USA, 2010, 102 min.). Dirección: Lee Unkrich. Intérpretes (voces): Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Ned Beatty, Michael Keaton. Guión: Michael Arndt. Música: Randy Newman. ANIMACIÓN.

Han pasado ya 15 años desde que Buzz y Woody se colaron en los corazones de niños y no tan niños. Esta tercera entrega no ha podido ser mejor. En un soberbio homenaje a la figura de Woody (protagonista indiscutible), se le convoca a una última hazaña: mantener unidos a los juguetes de Andy, más allá de saber que él es el favorito, el elegido para acompañar a su dueño a la universidad. Consecuente propuesta, parecida a ese último capítulo de Lost, dedicado a su gran protagonista: Jack Sheppard. Generosa enfatización de ambos personajes, pese a haber sido vilipendiados (en ocasiones) por el ultramoderno Buzz Light Year o el cínico Sawyer, respectivamente. Los verdaderos héroes siempre aparecen al final.

Toy Story 3 sigue siendo calificable como película infantil pero traspasa los límites de la edad para enfocar directamente a otro púlico más difícil de convencer: el de los cinéfilos. Y es que, cualquier amante del buen cine, podrá comprobar la cantidad de sutiles detalles que ofrece, más allá del chiste y la aventura clásica, elementos identificadores del cine de animación. Referenciando cine negro, mafia, cárcel, las apologías son incontables, haciendo de la película un deleite para las mentes inquietas.

John Lasseter, poderoso líder e inconfudible fantasma en todas y cada una de las creaciones de su marca con estilo propio, delega en Lee Unkrich para proponer un ataque a los sentidos, una espeluznante travesía por el colorido mundo infantil convertido en un Vietnam de guardería, con un Jardín del Edén tan cercano como la habitación de al lado, aunque regentado y defendido de las invasiones externas por una cruel "familia". No es que el término aparezca en la cinta pero, Lotso, el dulce osito rosa abrazador es un capo en toda regla.

Excepcional ejemplo de cine con mayúsculas de los que no tienen figuras de carne y hueso (y de los que sí). Gran traca final donde no se puede explicar la emoción pero sí el llanto. Virtuoso recuerdo el que quedara en la memoria de quienes aman a estos seres de plástico, como el que aquí escribe. Y, por supuesto y como casi siempre, agradecimiento eterno, o mejor dicho, "hasta el infinito y más allá", a esa pequeño flexo juguetón que salta alegremente sobre la I de Pixar justo antes de comenzar la función. Por poner una pega (si es que se puede), no acabe de encontrarle el gustillo al evidente cortometraje previo a la maravilla.

NOTA FINAL: 10 / 10

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