El experimento ha cuajado. No las tenía todas conmigo, malpensado por naturaleza, en esa sugerente mezcla para cualquier productor: barato y vendible (para confirmar teorías de la conspiración, en números, Buried es la película con más copias para distribuir de la historia del cine español). Sin embargo, el valor y la decisión han sobrepasado a la economía como factores determinantes para que el proyecto que andaba pululeando durante años en los despachos de Hollywood se haya llevado a cabo. Y en España. Rodrigo Cortés hace de su segunda película mucho más que un virus comercial ya que, después de "obligarte" a verla, la recompensa es bastante generosa.El desafío era intrigante, casi como una experiencia virginal pues los ejemplos de enterramiento audiovisual (Kill Bill Vol. 2, CSI Las Vegas...), no aplicaban al pie de la letra el concepto de enterramiento en vida. Cortés, no sólo nos invita a acompañar a Paul Conroy, un conductor norteamericano enterrado en un ataúd perdido en Iraq, sino que consigue que lo seamos durante hora y media, en un ejercicio natural de empatía digno de cualquier espécimen perteneciente a la raza humana.
Pese a que la sensación física a la que hace referencia el director, no haya pasado factura en mi cuerpo (siempre fui consciente de que estaba en una butaca, no bajo tierra en un reducido espacio), el producto lleva consigo un alto agotamiento psicológico compartido con un Ryan Reynolds espectacular. Quizás es evidente decir que "él" es la película pero me temo que es así, más allá de lo lógico en un actor que está el 100% de las tomas allí delante. Genial en los detalles de una interpretación tan complicada como expuesta a cualquier ínfimo error. Perfecto el que ya nunca más será conocido como el marido de Scarlett.
Buried es lógica, visceral, inquietante en un lugar expuesto a pocas sorpresas, siniestra incluso en su mensaje político /corporativo. Es un ejemplo de timing, de ritmo cinematográfico por parte de Cortés que envuelve a su protagonista en un elenco de tonalidades lumínicas todas diegéticamente explicables (y que también afectan a la retina del espectador para no tener esa sensación de estancamiento visual). Buried enmarca lo que es una aventura en el cine, arriesgar en un producto innovador. Un transparente concepto, visual y narrativo. Y qué narices, para que se lo lleven crudito en Estados Unidos, nos lo llevamos aquí, que lo sabemos hacer tan bien o mejor que ellos.
NOTA FINAL: 8/10
Robert Rodriguez había recuperado su versión más golfa en Planet Terror, quizá su versión más identificativa. Indicio de lo que nos prometía el futuro. Machete, que nació como tráiler falso entre las dos películas del Grindhouse de Tarantino y Rodriguez, es un producto en el tono en el que Rodriguez se siente como pez en el agua, un ejercicio de realización íntima en autocomplacencia. Pues tras un origen tan desequilibrado (una mofa entre ambos directores), se ha conseguido armar un guión divertido, cachondo y, lo más increíble, premonitorio.
La extraterrestre Alice, única ser humano capaz de asimilar el virus T, vuelve a pasearse por la cartelera. Desvergonzada, impune, aburrida. La cuarta adaptación del videojuego Resident Evil es una continuación (sin intención de enmienda) de las dos anteriores: Apocalipsis y Extinción. Tanto en su pésimo gusto como en su inexistente estilo, a pesar de haber retomado las riendas de la dirección, Paul W. S. Anderson, que no lo hacía desde la primera incursión (única salvable aunque firma todos los guiones). Autodenominado gurú del nuevo cine de acción, patina cada vez que se vuelve a involucrar en la recreación del archiconocido videojuego de Capcom.
Poco pródigo en sus apariciones en pantalla, Achero Mañas ha reservado su regreso para una ocasión supongo especial. Todo lo que tú quieras se esperaba como una de las vueltas más sonadas en el panorama cinematográfico español. Sin embargo, tras el visionado, me ha dejado muy frío, distante, aguardando al genio que realizó Noviembre. Y, en realidad, vuelve por los fueros políticos sin preocuparse en colocar claras señas de identidad narrativas.
Si hay alguien capacitado para contar siempre lo mismo y no aburrir es, sin duda, Woody Allen. Como el chiste que cuenta un amigo y siempre hace gracia pese a haberlo oído infinidad de veces. Porque Allen vuelve a retratar ese mundo dominado por las diferencias conyugales, llevadas hasta puntos extremos, donde lo superlativo de sus personajes es precisamente su seña de identidad y donde no falta (como siempre) un escritor, o sucedáneo, con falta de inspiración. La disfunción entre parejas y la incapacidad creativa: sus dos temas favoritos.
