No puedo dejar de hacerme eco de los comentarios que he leído sobre la ópera prima de David Pinillos, montador como principal oficio. Y no puedo dejar de hacerlo por lo curioso que me resulta ver la profundidad e intensidad que, otros, han conseguido entresacar de la última película protagonizada por Unax Ugalde. Y no sólo comentarios, sino incluso premios en festivales de cine, como los seis que se llevó en el de Málaga.Bien es cierto que, durante un tiempo inicial, Zurich se nos ofrece a los ojos como una gran anfitriona, incluso dejándonos olvidar lo que todo esto conlleva en las producciones nacionales (corproducciones europeas, mejor dicho), hecho que ya se evidencia por las pericias de los protagonistas en Bilbao y Munich. Y que puede denotarse un cierto orgullo amateur, estética de cortometraje, que invita a algo de frescura en la imagen. Pero no traspasa más allá, Bon appétit, se enmascara en un mundo de alta cocina para versar sobre amores imposibles entre caprichosos niños de papá jugando a ser grandes nombres en el mundo profesional. En todo caso, el papel de la "chica", Hanna, Nora Tschirner, genera más ansiedad en su tragedia personal.
Y no es por los actores, que todos cumplen (Ugalde, Tschirner, Berruti), sino sus diálogos que, aunque agresivos, están fuera de tono, demasiado reaccionarios y falsamente cínicos sobre el amor y el sentido de la vida. Es lógico que todo ser humano se haya sentido rechazado alguna vez, sin embargo, no es excusa que con la maravillosa (500) days of Summer todavía en la memoria, nos inviten a un convidado de piedra donde falta lo evidentemente sutil de la anteriormente nombrada: la comedia. Así como hizo Cobeaga en Pagafantas. La esencia está ahí.
Así, Bon appétit es indigerible. Y quizá ese sea uno de los objetivos que los responsables han intentado mostrar. Si es así, he de rectificar en varias de mis líneas, sin embargo, creo que Bon appétit busca ser más trascendente de lo que, en realidad, es. Indagando en el drama de las relaciones amorosas no correspondidas, se estrella ante la inutilidad de un propósito ya por todos reconocido, melancólico y triste en exceso, con unos personajes bastante planos y poco convincentes, en una dicotomía vital entre trabajo y amor, más bien, sencillita. Y es que, aunque la línea a seguir no era equivocada, falta "picante" en este primer plato del chef Pinillos.
NOTA FINAL: 1/10
Bajo el publicitario apadrinamiento de El orfanato, llega a la cartelera Los ojos de Julia, un thriller mainstream de ascendencia española, algo cada día más común en los cines de nuestro país. Lo cual, me llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel. Guillem Morales, el director convoca a un grupo de cineastas que adolecen un cuidado gusto por la imagen para ofrecer una película de género recomendable. Y aunque las comparaciones son... inevitables (más, si es así como lo venden), El orfanato gozaba de una unidad dramática más equilibrada en su conjunto global.
