Bajo el publicitario apadrinamiento de El orfanato, llega a la cartelera Los ojos de Julia, un thriller mainstream de ascendencia española, algo cada día más común en los cines de nuestro país. Lo cual, me llena de orgullo y satisfacción, como diría aquel. Guillem Morales, el director convoca a un grupo de cineastas que adolecen un cuidado gusto por la imagen para ofrecer una película de género recomendable. Y aunque las comparaciones son... inevitables (más, si es así como lo venden), El orfanato gozaba de una unidad dramática más equilibrada en su conjunto global.Y es que todo lo que en Los ojos de Julia pertenece al género es lo correcto. Una puesta en escena delicada, una imagen acorde a lo que se cuenta, una sutil y brillante dirección de arte y una actriz, Belén Rueda, generosa en el esfuerzo y que brilla con luz propia (en una película a oscuras). Pero claro, las películas no son sólo aspectos formales y técnicos, son historias. Y en la pura narrativa es donde Los ojos de Julia expone un libreto con demasiadas sombras que, en ocasiones, indica descaradamente al espectador que se aferre al suspense de una forma obligatoria, abandonando a su protagonista en forzadas secuencias.
No desmerece el resultado final, pero Los ojos de Julia se dilata en su desarrollo, en ocasiones, tedioso e inverosímil. Y tropieza en un intento de mezcla de géneros digno del Telecinco de los años 90. La cinta pierde intensidad en cuanto se aleja por los derroteros que no pertenecen al suspense, su hábitat natural, buscando en el culebrón todo aquello que cree puede completar la historia. Error de bulto, cuando se tiene un concepto bueno para la concepción de un thriller en estado puro: una mujer con una enfermedad degenerativa en los ojos (se queda ciega) es acosada por un perturbado que se esconde en la oscuridad. Genial.
Que ese sea su talón de Aquiles, no significa que Los ojos de Julia no sea fiel a la propuesta que vende. Terror y suspense envuelven una historia que respeta al espectador en su objetivo, con un eterno e intenso clímax final y un villano muy gratamente malvado. A lo mejor, al aquí presente, le resultó tan bonito el envoltorio del regalo que encontró más en el interior de lo que, de verdad, había. Aunque los pasillos interminables que se van iluminando, los rincones repletos de oscuridad y los flashes fotográficos regalen imágenes que impregnan la retina del espectador. Lástima de epílogo "universal", tanto por su definición más estricta como por querer dejar contento a "todos los públicos".
NOTA FINAL: 6/10

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