sábado, 30 de enero de 2010

Up in the air (****) (7/10)

UP IN THE AIR (USA, 2009, 109 min.). Dirección: Jason Reitman. Intérpretes: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Danny McBride, Melanie Lynskey. Guión: Jason Reitman y Sheldon Turner, sobre la novela de Walter Kirn. Fotografía: Eric Steelberg. Música: Rolfe Kent. COMEDIA DRAMÁTICA.

Ansiado era el regreso de Jason Reitman, creador de Gracias por fumar (2005) y, el imprevisto éxito, Juno (2007). Su tercer film tenía la presión de convencer a la gran audiencia de que los dos anteriores no fueron pura casualidad. Y así ha sido. Una historia muy cercana a la que le hizo debutar en el cine donde el protagonista sería el "malo" en cualquier otra película (en el caso de Gracias por fumar, Nick Naylor, interpretado por Aaron Eckhart, un portavoz del lobby de la industria tabacalera). Como siempre, Reitman cumple con su necesidad de humanizar los personajes más indeseables que para cualquier otro cineasta serían estériles (dramaticamente hablando) por completo.

George Clooney se mete en la piel de Ryan Bingham, un solitario, frío y cortés galán de aeropuerto obesionado con acumular millas con las compañías aéreas. Trabajador de una empresa a la que, a su vez, contratan cuando tienen que hacer reestructuración de plantilla (o sea, despedir empleados, no quiero ser peyorativo). Así pues, más cruel no podía ser el empleo de Bingham al que, no sólo no le molesta, sino que disfruta de su trabajo y se autoconvence de que ayuda indirectamente a todas esas personas. Soberbio Clooney que, aunque queden muchas dudas sobre si realmente está interpretando algún papel (el parecido entre personaje y persona es ridículamente especial), sería capaz de enamorar hasta a los más altos cargos sindicalistas soviéticos. Absolutamente perfecto, aunque supongo que ya nadie piensa que Clooney sólo es capaz de vender café.

Bingham es feliz pero la aparición del personaje de Anna Kendrick, Natalie Keener (no puedo creer que sea la misma actriz que interpreta a la odiosa amiga de la Bella crepuscular), altera su maravilloso, íntimo y personalmente bien estructurado status quo con la invención e implantación del despido vía Internet. Así mismo, el encuentro con Alex Goran, alter ego (incluso más masculino) de Bingham, interpretado por una sublime, encantadora y más que deseable Vera Farmiga (La prueba del crimen), unido a la indeseable, por el protagonista, compañía de Natalie, producen el cambio de vida que experimenta nuetro héroe a través de la película.

Con todos estos precedentes, Up in the air es la golosina de la temporada, el dulce que todos los niños quieren cuando lo ven tras el cristal del escaparate pero que puede llegar a disgustar una vez lo engullan sin compasión. Porque pese a que se trate de una gran película, con espléndidos personajes en situaciones esperpénticas, parece que se ha perdido algo en el camino. Un guión (ni de lejos redondo pero sí ganador del Globo de Oro) que es capaz de combinar las situaciones divertidas y disparatadas con las profundas y emotivas donde la evolución psicológica de nuestro protagonista es clara pero deja ciertas desconexiones en su totalidad. Una pequeña decepción es, sin duda, la final deslegitimación de la forma de vida inicial del protagonista: individual y egocéntrica pero independiente; para acabar demostrando que lo normal es el estereotipo de vida que todos estamos supuestos a llevar, ya saben: matrimonio, hijos, perro y casita con valla blanca, por favor. ¿Qué tiene de malo la vida de Bingham? ¿Qué tiene de malo ser diferente? ¿O es que, en el fondo, no estamos hechos para vivir así?

viernes, 22 de enero de 2010

La cinta blanca (**) (2/10)

DAS WEISE BAND (Austria, Alemania, Francia, Italia, 2009, 145 min.). Dirección: Michael Haneke. Intérpretes: Christian Friedel, Burghart Klaussner, Ernst Jacobi, Leonie Benesch, Tribault Sérié, Ullrich Tukur. Guión: Michael Haneke. Fotografía: Christian Berger. DRAMA.

No podía ser más interesante la premisa: el nacimiento de la generación que acabaría convirtiéndose en seguidora del nacionalsocialismo hitleriano. Sin embargo, la elevada ambición de Haneke (La pianista, Funny Games, Código desconocido) en pos de una reveladora búsqueda en el pasado reciente de la Historia alemana le supera con creces, aproximándose demasiado a un simple cuento sobre la educación de principios del siglo XX en un pueblo recóndito y aislado del norte de Alemania.

De gusto exquisito por las imágenes de marcados contrastes (para mayor efectismo utiliza el blanco y negro) y una selección de planos escalofriantemente buenos e intensos, Haneke toma la asepsia como principal virtud de su obra, abandonando la perspectiva o los puntos de vista, las más claras herramientas del cine a la hora de contar y posicionarse dentro de cualquier historia. Utilizando la voz en off como recurso para guiar al espectador, se elige al maestro del pueblo para este fin, siendo éste el personaje más imparcial, bobo, apartado y aburrido del film. No llego a ver los riesgos, en este sentido, que sí se tomaron a la hora de elegir el tema de la película.

Una cinta donde sólo se atisban pequeñas pinceladas de la tesis promocional del film: la similitud física de los niños del pueblo respecto al patrón físico de la raza aria, las siniestras contestaciones de la hija mayor del pastor a la hora de ver cómo se encuentran las (posibles) víctimas de sus delitos o las marcas (cintas blancas) de castigo y culpabilidad con la que los padres señalaban a sus propios hijos. La ausencia de banda sonora convierte los títulos de crédito iniciales en el caldo de cultivo de la que se espera una bella película y sacrifica los del final para el destripamiento general (mediante enigmáticos cuchicheos, seguramente sibilinos) de la platea que no sabe exactamente con qué quedarse del conjunto global. Complicada aunque realmente significativa apuesta.

Así, La cinta blanca es la película que pretende mostrar al mundo los posibles acontecimientos que originaron el terror en Europa a mediados del siglo XX pero se queda en una diminuta y original muestra de un apartado pueblo alemán donde ocurren circunstancias seguramente extrapolables a cualquier otro recóndito lugar de Europa (no nos engañemos). Porque el verdadero germen del nacionalsocialismo, y esto no se puede obviar, es la dolorosa derrota del pueblo alemán tras la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias económicas. Pretencioso ejercicio del director alemán Michael Haneke que intenta versar sobre una nueva La semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968), versión pluralista (más de un solo niño) y nazi (que no luciferiana), pero que acaba pintando un reestructurado Dogville (Lars von Trier, 2003) sólo que con decorados hechos de casas con paredes, donde las extrañas relaciones en una comunidad endogámica le gana la mano a la supuesta oculta maldad de un grupo de críos cualquiera.

domingo, 17 de enero de 2010

Un tipo serio (****) (8/10)

A SERIOUS MAN (USA, 2009, 104 min.). Dirección: Joel y Ethan Coen. Intérpretes: Michael Stuhlbarg, Richard Kind, Fred Melamed, Sari Lennick, Adam Arkin. Guión: Joel y Ethan Coen. Fotografía: Roger Deakins. Música: Carter Burwell. COMEDIA.

Qué maravilla ir al cine y encontrar cineastas con su propia, personal e identificativa firma en todas y cada una de sus películas. Y no cuenten muchos porque no los hay. Un tipo serio, otra perla de la factoría Coen para la delicia de sus más acérrimos seguidores (entre los que yo me incluyo). Una película que recupera su humor más negro, tan cercano al negro absoluto, que acaba transformándose en un drama díficil de digerir. Basada en la máxima de las máximas "coenianas": si algo puede salir mal, saldrá mal; pero si es posible que salga peor, no tengan ninguna duda, saldrá peor (teoría existencial tan presente en películas como Fargo o El gran Lebowski).

Alejándose del estilo de sus últimas películas, los Coen vuelven a la producción indie (vamos, con menos presupuesto), dejando a un lado a ciertas estrellas del celuloide con capricho de interpretar papeles histriónicos en personajes hinchados de esteroides (Quemar después de leer) o las películas muy del gusto académico para la repartición de premios (No es país para viejos). Con un prólogo de los de quitarse el sombrero, la comunidad hebrea planea sobre el subconsciente del espectador para aterrizar en la sociedad judía americana de los años 60, donde el profesor de física Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg) sufre las irónicas consecuencias de la Ley de Murphy a pleno rendimiento contra el hombre mediocre.

Un casting genial plagado de desconocidos (quizás para el bien de la cinta), donde se nota la mano de los Coen a la hora de caracterizar físicamente a sus personajes en son de una mayor comicidad estática. Ni siquiera han echado mano de sus actores fetiche (Steve Buscemi, Frances McDormand, John Turturro o John Goodman) para encontrar un elenco adecuado a la historia que querían contar. Michael Stuhlbarg (nominado al Globo de Oro, veremos si se lo lleva, la sombra de Daniel Day-Lewis es muy alargada), desconocido para el público europeo, imanta la negatividad de su personaje hasta niveles paranormales y conduce la película por los más peligrosos y oscuros derroteros del "American Way of Life". Sorprende la aparición como primer rabino de Simon Helberg, el Howard Wolowitz de la serie The Big Bang Theory, donde también interpreta a un judío. ¿Casualidad?, ¿incapacidad para llevar a cabo otros roles? o ¿encasillamiento facilón? (no es la única coincidencia que encuentro con respecto a la serie).

Así pues, Un tipo serio es una película hecha por y para la autorealización de los hermanos, una aproximada biografía con ganas de derrochar humor del siniestro. Un producto que no captará nuevos adeptos (como tampoco lo hizo Quemar después de leer por mucho Pitt y Clooney que saliera) pero que hará las delicias de los ya enamorados del universo de este dúo de vitalidad pesimista. Una parodia sobre lo inútil de buscar la verdad o sobre la estupidez de querer recuperar la armonía de lo común. Y es que, como cantaban Los Piratas, el equilibrio es imposible. Que se lo digan a los Coen.

lunes, 11 de enero de 2010

Solomon Kane (***) (5/10)

SOLOMON KANE (Francia, Gran Bretaña, República Checa, 2009, 106 min.). Dirección: Michael J. Bassett. Intérpretes: James Purefoy, Jason Flemyng, Pete Postlethwaite, Rachel Hurd-Wood. Guión: Michael J. Bassett sobre los personajes de Robert E. Howard. Fotografía: Dan Laustsen. Música: Klaus Badelt. FANTÁSTICO.

Vuelve a llevarse al cine una de las creaciones de Robert E. Howard, padre de Conan el Bárbaro o Kull el Conquistador. En este caso, Solomon Kane, tenebroso personaje ubicado en la Inglaterra de principios del siglo XVII: suciedad, enfermedades, emigración y, sobre todo, lluvia (muy británico) y barro. Producción europea dirigida por Michael J. Bassett que se aleja del estilo fantástico norteamericano tornándose así la película en oscura, virulenta y agresiva. Será que el gusto europeo sobre este género es bastante más macabro y violento (como en todos los demás, me atrevería a decir).

Escrita y dirigida para convertirse en una trilogía, Solomon Kane se enzarza innecesariamente en mostrar el origen del personaje, derivando así en un prólogo harto largo que, aunque ayuda a entender mejor al personaje, paraliza las expectativas de ver acción fantástica hasta bien entrada la mitad de la película. Porque el fin último de estas producciones ha de ser siempre el de entretener muy por encima del de describir o moralizar pero la moda de construir personajes psicológicamente coherentes (actualmente, nadie puede hacer nada en el cine si no se justifica esa acción) y, lo que es peor, la moda de mostrar esa psicología en pantalla, convierte las películas en lentos, largos y aburridos discursos narrativos. Y es que estas son películas de acción y no hay nada que justificar o... ¿acaso James Bond necesita muchas justificaciones para defender el bien y combatir el mal?

Encabezando este reparto netamente británico está James Purefoy (Destino de caballero) que alcanza su madurez cinematográfica dando (mala)vida a este antihéroe sumido en un profundo pozo de tinieblas del que, quizás, ni actuando de buena fe pueda escapar. Y es que Solomon Kane se convierte en su primer rol importante en cine tras varios destacados papeles en televisión como el Marco Antonio de la serie Roma. Completan el reparto Jason Flemyng (Snatch: Cerdos y diamantes) casi irreconocible en su papel de malo malísimo, Pete Postlethwaite (Romeo y Julieta) de inmejorable presencia en cualquiera de sus interpretaciones y la joven Rachel Hurd-Wood, objeto de deseo en la reciente El perfume: historia de un asesino.

Así, Solomon Kane deja un buen sabor de boca. Un sabor a película de las de antes pero gratamente actualizada (respecto a los efectos especiales, la violencia y el gore que expone) y que entretiene que, seguramente, sea el mayor de los éxitos para este tipo de producciones. Sin embargo y, a sabiendas de que éste es su punto fuerte, se queda corta en su aventura real y se echa de menos un viaje más duro y prolongado del héroe hacia su destino. O sea, hubiera preferido un Solomon Kane que estuviera repartiendo leña desde el minuto cero.