martes, 27 de abril de 2010

Alicia en el país de las maravillas (***) (4/10)

ALICE IN WONDERLAND (USA, 2010, 108 min.). Dirección: Tim Burton. Intérpretes: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway. Guión: Linda Woolverton, sobre los libros de Lewis Carroll. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Danny Elfman. FANTÁSTICA.

Que el universo imaginativo de Burton es genuino y truculentamente identificador no nos lo iba a enseñar su enésima película. Así pues, el inaugurador de la saga Batman pone a las órdenes de Disney su reconocible mente fantástica para adaptar los libros que hicieron a Lewis Carroll pasar a la historia de la literatura. Maniatado por las garras de una major, recibe el prediseñado guión de Linda Woolverton (guionista de El rey león o La bella y la bestia) que busca el fanatismo cinematográfico de las motivaciones y recompensas del esquema más clásico hollywoodiense.

Así pues, Alicia vuelve a ese mundo de fantasía cuando su vida real se lo pide con el conejo blanco angustiado por la falta de tiempo como placebo imaginario. Amnésica de sus antiguas aventuras, comete los mismos errores que la "invitan" a revisitar los pasajes de las novelas predecesoras. Y es que Burton sólo es capaz de poner en imágenes (poco innovadoras estilísticamente pero acertadas en su contexto) una historia de buenos y malos donde hasta el apuntador pierde su identidad original en pos de una clara estructura dramática digerible para el gran público.

Sin olvidarse de sus compañeros de aventuras, Johnny Depp y Helena Bonham Carter (también compañera sentimental), Burton tropieza en la redundancia poco agraciada y cansina. Si por una parte, es cruel y dulcemente malvada esa Reina de Corazones interpretada por Bonham Carter; Johnny Depp arrastra todos los malos vicios adquiridos por un vínculo demasiado estrecho entre director y actor. Un Sombrerero Loco que demuestre poco de lunático (en comparación con su elocuente referente literario) y proponga sentimentalismo pseudo pederasta, enoja. La Alicia burtoniana, Mia Wasikowska, imanta un sensual recuerdo de la niña británica pero no levanta las pasiones de un personaje idílico para una joven actriz. Brillante la composición de Matt Lucas (divertido hasta el extremo en su propia serie Little Britain) de sus Din y Don desdibujados bajo millones de píxeles y, Anne Hathaway, me deja sin comentarios con que descalificar su neo punk Reina Blanca de la bondad y pureza snob.

Por todo esto, Alicia en el país de las maravillas debe hacer que Tim Burton vuelva a mirarse el ombligo y dejarse llevar por su esencia personal. Porque no es que la "Alicia versión 2010" sea una película para tirarse de los pelos y salir llorando del cine por haber perdido el dinero de la entrada pero, sin duda, no se trata de una película con el sello Burton de los que muchos estamos enamorados. Pues el imaginario de Burton tiene más de Eduardos Manostijeras, Eds Woods o Jacks Skelletors (solitarios desquiciados) que de adolescentes mesiánicas dispuestas a salvar el mundo que las ha hecho madurar. Una pena que hayan coartado la libertad de un cineasta tan lúcido, más aun, con un referente a interpretar tan predispuesto a su rediseño por el siniestro director. Otra vez, el dinero vuelve a primar sobre el arte. Cosas de la industria cultural.

jueves, 22 de abril de 2010

Furia de titanes (***) (4/10)

CLASH OF THE TITANS (USA, 2010, 106 min.). Dirección: Louis Leterrier. Intérpretes: Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Mads Mikkelsen, Gemma Arterton, Alexa Davalos. Guión: Phil Hay y Matt Manfredi. Fotografía: Peter Menzies Jr. Música: Craig Armstrong. ACCIÓN.

Remake de la homónima película dirigida por Desmond Davis en 1981. Ochentera donde las haya, el que aquí escribe no consigue recordar con exactitud el argumento pero sí deambula por su ineficaz memoria el pasaje de Perseo arrancando la cabeza de Medusa. Esta vez es el francés Louis Leterrier (El increíble Hulk), el encargado de llevar a la gran pantalla la epopeya de Perseo, hijo de Zeus, quien tiene que alcanzar su venganza contra Hades, el dios del inframundo, por haber matado a su familia adoptiva.

No sin antes recalcar la espectacularidad de la cinta (con un limitado presupuesto), Furia de titanes está destinada a caminar por el limbo de las películas épicas de aventuras. Ni se desmarca ni se hunde frente a todas las demás del género (un género, por lo general, muy del gusto del espectador). Pues lo ramplón de sus personajes planos, encorsetados y triviales mata el misticismo de la mitología, haciendo incomprensible la verdadera identidad de las historias clásicas que siempre van teñidas de un claro ejemplo moralizador para el pueblo.

El chico de moda de Hollywood, Sam Worthington, la persona más vista en el planeta en 2010 tras su Avatar, pasea sin pena ni gloria (otra vez) dentro del cuerpo de Perseo, sin poder darle una vitalidad más real por culpa de un guión más divertido que preocupado por el conflicto interno de sus personajes. Mientras, en un Olimpo ideado por Alaska, Liam Neeson y Ralph Fiennes, como Zeus y Hades respectivamente, se lo pasan bomba ejerciendo de divinidades relucientemente enfrentadas (lo de Fiennes con los papeles de villano es paranoia tras interpretar a Lord Voldemort). A destacar entre todos a Mads Mikkelsen como Draco, general del ejército de Argos, cuya sobriedad interpretativa es de lo más acertado de la cinta, y es que la figura del "maestro" siempre tiene un carácter especial en este género (Obi-Wan Kenobi, Gandalf, etc.).

Así que, más allá de alacranes de exageradas dimensiones, mujeres encantadas con cabellos de serpiente, monstruos ancestrales surgidos del océano o caballos alados, Furia de titanes crispa a todo aquel que no sólo vaya a engullir refresco y palomitas. Concebida como taquillazo, es generoso el esfuerzo por no escapar demasiado de su "cutre" predecesora gamberro-aventurera, aunque habilitando los efectos al siglo XXI. Total, un blockbuster plagado de testosterona, adrenalina, músculo y espada, sin ninguna vergüenza en reconocerlo y encantado de haberse conocido, que hará las delicias de todos aquellos aficionados a la acción con tintes fantásticos y despertará lejanas imágenes en el subconsciente de los que disfrutaron (o sufrieron) con su antigua versión. En este caso, no es que tiempos pasados fueran mejores, es que, sinceramente, parecían tener más espíritu.

miércoles, 21 de abril de 2010

Ciudad de vida y muerte (****) (8/10)

NANJING! NANJING! (China, Hong Kong, 2009, 133 min.). Dirección: Lu Chuan. Intérpretes: Liu Ye, Hideo Nakaizumi, Fan Wei, John Paisley, Gao Yuanyuan. Guión: Lu Chuan. Fotografía: Cao Yu. Música: Liu Tong. DRAMA HISTÓRICO.

Que el genocidio es una de las formas de odio indiscriminado que más veces la raza humana ha sacado a relucir, desgraciadamente, no es algo poco común: el antisemitismo nazi, la guerra de los Balcanes, Ruanda... Y sólo en el siglo XX. Aquí, el director chino Lu Chuan (tildado por su propio gobierno de poco más que "traidor"), nos muestra los crímenes del ejército japonés en la invasión de China previa a la Segunda Guerra Mundial. Arriesgada propuesta de exponer el horror de la intolerancia y el dolor de los que la sufren.

Una película partida en dos. El director propone una primera parte bélica que demuestra la frialdad y violencia de la guerra en clave estética para entrar en un Nanking (antigua capital china) gris de marcados claroscuros en su preciosa fotografía, junto con el ejército invasor nipón. La excepción radica en esa segunda parte con el ejército chino entregado. Y es que a partir de la mitad de la película, los dramos de personajes encerrados en un campo de refugiados relatan el verdadero terror, rozando en demasiadas ocasiones la indigestión por su excesiva dureza: violaciones consecutivas, ejecuciones indiscriminadas, etc. Escenas que la mayoría de espectadores no están acostumbrados a presenciar. Por lo menos, tan repetidamente y sin descanso.

La ganadora de la Concha de Oro a Mejor Película en el último Festival de Cine de San Sebastián, representa en carne viva, las dos vertientes del conflicto. Ni olvida (como siempre) a los hostigados, ni deja a un lado a los hostigadores (algo más difícil de ver). Cuesta creer que esa cultura multicolor y tecnológica fuera una de las más salvajes a mediados de siglo XX. Por otro lado, es inevitable pensar que no todos los participantes de genocidios son puros brazos ejecutores de las órdenes de un líder trastornado, sino que, más allá, existe esa conciencia pura e interna de cada individuo. Es aquí, donde el protagonista japonés, Kadokawa (y con ello la nación japonesa), un militar incapaz de parar la masacre, reciben el perdón del pueblo chino (o del director Lu Chuan) con esta película que no utiliza los maniqueísmos a los que estamos tan sometidos, también dentro de nuestro propio cine (me viene a la mente Sergi López en El laberinto del Fauno).

La relevancia de que John Rabe, un afiliado del partido nazi de Hitler (un Schindler a la oriental), sea el personaje del que el pueblo chino depende, ya habla por sí solo de las atrocidades que están por venir. Un personaje que no puede evitar el desastre pues se debe a su patido y a la futura alianza del Eje entre Alemania y Japón en la Gran Guerra. Y es que, por derecho propio, Ciudad de vida y muerte, no es un ejercicio de traición al régimen comunista de su China natal ni una justificación de las atrocidades del genocidio promovido por Japón, sino una preciosa y sensible declaración de memoria histórica a los héroes, entre ellos muchísismas mujeres (increíble la secuencia en la que levantan la mano), que allí fallecieron. Ni olvido, ni rencor. Bravo.

miércoles, 14 de abril de 2010

La isla interior (***) (5/10)

LA ISLA INTERIOR (España, 2009, 93 min.). Dirección: Dunia Ayaso y Félix Sabroso. Intérpretes: Candela Peña, Alberto San Juan, Cristina Marcos, Geraldine Chaplin, Antonio de la Torre, Celso Bugallo. Guión: D. Ayaso y F. Sabroso. Fotografía: Juan A. Castaño. Música: Lucas Vidal. DRAMA.

Sin duda, el miedo es el más poderoso de todos los sentimientos, el que más condiciona la vida de un ser humano. Dunia Ayaso y Félix Sabroso (Los años desnudos. Clasificada S, Chuecatown), directores y guionistas de la cinta, aparcan su género favorito, la comedia, para retratar la familia como el peor de los vicios, arrinconándose en un drama intenso y, preferentemente, original salpicado con pequeños tintes de historia muy trillada en algunas de sus tramas secundarias (quizás es tan real que por eso parece trillado).

La esquizofrenia de un padre acecha las vidas de sus hijos por tratarse de una enfermedad hereditaria. Las consecuencias, graves. La incapacidad de los protagonistas para relacionarse con su entorno de una manera sana y natural, evidencia el acertado (aunque un poco desconcertante) título: La isla interior. Y es que los personajes son islas, islas rodeadas de agua (por definición), que perderían toda su identidad si fueran capaces de unirse a otro pedazo de tierra.

Escalofriantes y virtuosas las interpretaciones de los cinco actores principales. Un verdadero regalo para el espectador. Mención especial para Alberto San Juan, que acumula méritos de forma escandalosa. Aquí como un frustrado escritor de novela que ha de conformarse con dar clases en un instituto. Cristina Marcos, poco presente últimamente en el cine, recrea una actriz de éxito como un notable fracaso. Candela Peña, para quien seguramente escribieran el papel, no se sale mucho del estereotipo de sus personajes pero, otra vez, consigue ser sutil hasta en la trama más evidente, manteniendo la tensión con la complicidad de un Celso Bugallo tan ausente como perfecto. La madre, Geraldine Chaplin, encauza, en una lección magistral, a una mujer protectora y, quizás, más responsable de la vida de sus hijos que la enfermedad paterna.

Así pues, La isla interior indaga en la familia como principal referente en la vida adulta, convirtiendo el miedo en el motor de reacción de las personas. Los directores, de paso, se permiten hacer un homenaje a la isla que les vio crecer, Gran Canaria, colocando allí unos personajes bellísimamente complejos y genialmente definidos por todos los actores, que no esconden una endeble estructura dramática que acaba muy "fundida". En cualquier caso, es un placer descubrir pequeños pedazos de vida de manos de gente con miedo, los que de verdad viven, los seres humanos.

lunes, 12 de abril de 2010

Cómo entrenar a tu dragón (***) (5/10)

HOW TO TRAIN YOUR DRAGON (USA, 2010, 98 min.). Dirección: Chris Sanders y Dean DeBlois. Intérpretes (voces): Jay Baruchel, Gerard Butler, Craig Ferguson. Guión: Will Davies, C. Sanders y D. DeBlois, sobre el libro de Cressida Powell. Música: John Powell. ANIMACIÓN.

Vacaciones escolares, película de animación al canto. Que tontos no son. Esta vez Dreamworks, eterna rival y competidora de Pixar, adapta las novelas escritas por Cressida Powell, una precoz escritora de literatura fantástica, a la gran pantalla. Concretamente, inventa un origen a la saga de libros. Instinto de superación, llegar a ser lo que se espera de uno y amistad vuelven a conjugarse en una película infantil para no salirse mucho del tiesto. No vayan a equivocarse, claro.

Esta vez, el protagonista es Hipo, hijo de un vikingo experto en cazar dragones. Justo todo lo contrario de lo que es capaz y desea hacer Hipo. Aunque ñoña y renqueante en varias de sus tramas (excesivamente naif), el pequeño público disfruta con las aventuras de este héroe adolescente con las mismas ambiciones que podría tener Zack Efron en High School Musical (me gusta la chica / quiero ser popular), enfrentándose a la llegada de la vida "adulta" a la que tanto desea pertenecer como dista de poder participar (el eterno conflicto del acné que no le he inventado yo).

La película narra la batalla entre vikingos y dragones, ambos gobernados por el instinto de supervivencia y condenados a luchar unos contra otros, en una guerra nacida desde los estereotipos (si los dragones nos roban la comida, los dragones tienen que ser malos). Será Hipo quien descubra gracias a una amistad con el dragón más peligroso de todos, el que nadie jamás ha conseguido siquiera ver, un Furia Nocturna cuyo apelativo será "Desdentao", que los dragones no son precisamente como los vikingos creen. Se produce la fugaz domesticación del animal más feroz conocido por el pueblo vikingo que se aproxima más a una súper evolución de un pokemon hormonado que a la bestia de las peores pesadillas de los niños nórdicos de cornudos cascos.

En cualquier caso, con Cómo entrenar a tu dragón, Dreamworks continúa avanzando en la buena dirección de la animación contemporánea (mejora considerable tras Madagascar 2), aunque se queda un poco atrás, componiendo sus películas para un público objetivo demasiado corto de edad (lejos queda ya la maravillosa Shrek). Es una pena que no quieran aproximarse a esa intensidad multi-espectador patentada por Pixar. Que, por otro lado, no se les puede reprochar nada, pues éstas son películas infantiles, hechas y dirigidas hacia el público infantil (valga la redundancia). Otra cosa es que algunos, malacostumbrados como yo, esperemos encontrarnos demasiados regalitos inesperados. Aunque por pedir, que no quede.

jueves, 8 de abril de 2010

El mal ajeno (**) (2/10)

EL MAL AJENO (España, 2009, 107 min.). Dirección: Oscar Santos Gómez. Intérpretes: Eduardo Noriega, Belén Rueda, Angie Cepeda, Clara Lago, Luis Callejo, José Ángel Égido. Guión: Daniel Sánchez Arévalo. Fotografía: Josu Inchaustegui. Música: Fernando Velázquez. THRILLER.

Una película cuya primera frase en pantalla reza "Alejandro Amenábar presenta" bien merece, por lo menos, el beneficio de la duda. El rey Midas del cine español apoya al realizador Oscar Santos en su debut cinematográfico. Mayor es, si cabe, el interés, si se conoce que el guionista es Daniel Sánchez Arévalo (AzulOscuroCasiNegro, Gordos). Con todos estos elementos, el prejuicio ha de ser inmejorable.

Sin embargo, y pese a la capacidad de productor y guionista de golpear en la tecla del éxito, parecen falibles. Y es que el efecto "Capítulo de Hospital Central excesivamente paranormal" planea durante toda la película en el subconsciente del espectador. Una trama en la que se descubre, cuando todos los elementos ya están plantados, que tampoco tiene mucho más que decir. Una de esas películas en las que la premisa (médico capaz de sanar con las manos) vence por goleada a la verdadera narración (¿qué hará el médico cuando descubra que puede curar con las manos?). Aunque bien planteados los conflictos, el espectador siente que el último en enterarse de la película es Diego, el protagonista de la cinta.

Acertadas interpretaciones. Eduardo Noriega es el más castigado por recaer sobre él todo el protagonismo de una narración que no avanza, que más que desesperarle a él, desespera al que está sentado en la butaca. Así pues, todos los elogios para el elenco de féminas que rodea a Noriega. Belén Rueda, clava un escueto papel que reporta mucha publicidad (qué barbaridad lo que sale en los anuncios/trailers/carteles en comparación con el minutaje real); Angie Cepeda, que pasa la mitad de la cinta postrada en cama, le basta con media hora para demostrar su talento; Cristina Plazas, llena de identidad a una ex mujer arrepentida y; por encima de todas ellas, Clara Lago, espectacular en su papel de adolescente rebelde, y no sé si me estoy quedando corto (da gusto ver que niñas prodigio del cine español pueden seguir ofreciendo tantas cosas al llegar a su madurez).

Y es que el popurrí de importantes nombres del (joven) cine español contemporáneo delegando en el debutante Santos, deja un regustillo amargo. Un resultado débil para las expectativas que puede crear. Se trata de una película (como me gusta clasificarlas) de las españolas de verdad, con sus buenas situaciones cómicas durante la primera parte para el deleite del público y una activación del dramatismo en la segunda, aquí un poco diluido por su incapacidad de largo recorrido, pero nada más. Así pues, El mal ajeno sirve para conocer un nuevo cineasta con mano y prever que rodeado de "buenas compañías", seguro que da en el clavo (si le dejan). La aquí presente, no es el caso.