El eterno conflicto entre amantes de lo ajeno y cuerpos de seguridad suele premiar al espectador con una buena dosis de cine que llevarse de la sala. Sea por lo ingenioso que son los ladrones al agenciarse de lo que no les pertenece, o por lo extravagante del policía, generalmente, fuera del método lícito de un funcionario estatal, para apresarlos con las manos en la masa. Ladrones intenta, que no consigue, tanto lo uno como lo otro para acabar con un revuelto en el que es difícil confiar.Los ladrones, un eficaz grupo patrocinado por Dolce & Gabbana, jerarquizados y ordenados para llevar cada uno su función en sus golpes perfectos, de año en año. Los policías, incapaces de dar con ellos, meros perseguidores de lo invisible bajo pistas difícilmente identificables, enfrascados en unos dramas personales que roban minutos a los verdaderos protagonistas: los ladrones (o no se llama así la película).
Era de esperar que el debut de Chris Brown y T.I., reconocidos cantantes norteamericanos, no fuera para tirar cohetes y que, camuflados entre Paul Walker, Hayden Christensen e Idris Elba, incluso pasaran desapercibidos. Pues no señores, lejos de intentar guardar la ropa, el director le entrega al rapero el personaje más conflictivo de la película y obsequia al hombre que nos ha demostrado que la violencia de género no está reñida con la fama y el dinero (Chris Brown, ex novio de Rihanna) con una persecución de 10 minutos (o se me hicieron eternos), de saltimbanqui absurdez y fatal desenlace. Matt Dillon los persigue, aunque hubiera sido más gracioso tan racisa como en Crash, el trastorno familiar que suponemos tiene su personaje huele a tufillo de calcetines demasiado usados.
Así, Ladrones se cimenta en las bases de un ultra efectivo grupo de ladrones (evidente) que, en la primera que tienen, se meten en el charco más grande. Con un ex compañero caído en otra batalla que camina como si estuviera en uno de sus videoclips como única motivación para perder la cabeza. Bueno y mucha pasta, claro, pero el caso es que ya vivía como marajás. ¿Es tan grande la avaricia? Me quede con ganas de ver más minutos de Zoë Saldana, lo más rentable de la cinta aunque esta vez no fuera un bicho alto y azul.
NOTA FINAL: 3/10
Basura entretenida. Entretenida por lo infame. Alienígenas invadiendo la Tierra con una nueva estrategia de abducción lumínica. No está mal. Humanos "convertidos" al tener contacto visual con el haz de luz azul. "15 horas antes", comienza el desastre. No el de la invasión sino el de la película que nace de un flashback. Se podría intuir una especie de cinéfilo sarcasmo de personajes chupando de la teta de mamá Hollywood que predecía algo más de lo que, finalmente, hay. No lean entre líneas, no hay nada que leer.
Pues resulta que los espías de verdad no son como James Bond (¡qué lástima!), sino que tienen hijos y una rutinaria vida familiar trenzada con secretas investigaciones para desentramar las políticas de países antiamericanos (o países víctimas de la paranoia post 11 de septiembre). Como el caso de Valerie Plame, una agente encubierta de la CIA y madre de gemelos, a la que la administración Bush vapulea publicando su nombre real, denostándola y robándole su verdadera identidad que, paradójicamente, es la que no existe. El individuo contra el gobierno, la hormiga que desafía al elefante, la impotencia de luchar contra el poder.
