Primo, ma. (Del lat. primus). 5. Coloq. Persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente, según el Diccionario de la Real Academia Española. No conviene equivocarse pues la tercera película de Daniel Sánchez Arévalo no versa sobre una historia de hijos de hermanos, o sea Primos, sino de la superlativa estupidez aderezada con abundante inmadurez tan identificadora en el género masculino. Vamos, viene a contarnos que somos unos "primos", aunque algunos ya lo intuyéramos de antes.Escalofriante indagación cómica de la personalidad viril en sus tres facetas protagonistas: la cobarde; Quim Gutiérrez ante su mejor interpretación; la chulesca, Raúl Arévalo divertido y muy alejado de su mojigato y célibe personaje en Gordos, anterior cinta de Sánchez Arévalo (su primo) y; la dependiente, Adrián Lastra, descubrimiento para el séptimo arte, encorsetado en infinidad de neuroticismos plagados de comicidad.
No deja de notarses un cierto desánimo en sus personajes femeninos, espectadores del show que, particularmente, coreografían sus respectivos amantes, cuyo clímax final es un arrítmico (aunque curiosamente acompasado) homenaje a aquellos grupos musicales prediseñados para adolescentes de hormona revuelta. Porque, en general, Primos es una vuelta a la pubertad, a la inocencia, a la ausencia de responsabilidad que carga el adulto medio. Es una escapada tan necesaria como vital que, quizás, no sea pura ficción sino elemento constructivo de regresión a una etapa y edad mucho más placentera y despreocupada.
Aún así, el compendio de neuras y desenfrenadas locuras, no deja de ser un producto dinámico aunque poco serio que pierde intensidad y arroja sombras a los momentos dubitativos y dramáticos para ofrecer luz en su vertiente de comedia (género de la película). Innecesario algún guiño que podría haber sido suprimido, sobre todo, en esa retroalimentación artística (e imagino personal) de la que goza Sánchez Arévalo con algún director de renombrado nombre, valga la redundancia. Primos es una relajación en la meteórica carrera de Sánchez Arévalo, imprevista pero efectiva, que aporta frescura e inocencia a una filmografía repleta de laberintos emocionales. Distinta e ingenua, menos intensa de lo que cabría esperar.
NOTA FINAL: 6/10

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