NEVER LET ME GO. Dirección: Mark Romanek. Intérpretes: Carey Mulligan, Andrew Garfield, Keira Knightley, Charlotte Rampling. Guión: Alex Garland, sobre la novela de Kazuo Ishiguro. Fotografía: Adma Kimmel. Música: Rachel Portman. Nac.: Gran Bretaña. Año: 2010. Duración: 104 min. DRAMA.
Mark Romanek es un visionario. Ya lo demostró mostrándonos un desconocido Robin Williams en la notable Retratos de una obsesión, su anterior y única cinta. Nueve años después, vuelve para demostrar que, si se quiere, es más apasionante y, ficcionalmente interesante, un trío amoroso que una civilización donde se clonen humanos para morir como donantes de órganos. Y pese a la actualidad de semejante tema, lo evita para esclavizarlo a la historia de dos amantes separados por la vida (y por una tercera amante) y componer con él, un mayor dramatismo contextual. Irresistible ese aire british pop que supura este redil de hora finita en el matadero de la supervivencia agonizante de nuestra especie, en esa incansable búsqueda de la eternidad y el triunfo sobre la muerte como primera ambición humana. Nunca me abandones (Never let me go, como título original, "Nunca me dejes marchar" en su traducción literal que, obviamente, no viene a ser lo mismo) transcurre pausada pero incorregiblemente directa hacia su desenlace. No evita la humanidad de seres a los que no se les debería permitir semejante lujo e instiga la conciencia del espectador que pasa el metraje buscando la moralidad inherente en la sociedad que plantea la cinta bajo el prisma (siempre) de las interrelaciones entre donantes que todavía tienen que "cumplir".
Gran parte del logro de la permeabilidad de Nunca me abandones es el reparto. Delicados, ingenuos, perfectamente dóciles en su irrevocable destino para el progreso de la raza humana. Sobresale Carey Mulligan, protagonista de la cinta y tercera en discordia de este trío imposible de certera caducidad, ejerciendo de altruista matriarca vocacional, plena de matices y sencillez desbordada. Keira Knightley dibuja el personaje más oscuro y corrupto y, por tanto, más denso y humano de los tres, y Andrew Garfield las acompaña como objeto de deseo dando otro paso de gigante en su prestigio como actor, ayudándose de su salto en La red social y olvidándose de ser, exclusivamente, el próximo Spiderman.
Nunca me abandones no se presenta como un cuento moralizador, aunque finalmente deba calar hondo en este sentido, si no como pura expresión de sentimiento humano, de enfrentamiento con la soledad y asunción de un trágico destino. Personajes que no deberían poder interpretar e intelectualizar emociones engalanados con una fría y bella fotografía y una banda sonora de una siempre eficiente y, en esta ocasión, muy inspirada Rachel Portman. Una película que comienza con su final, inevitable final. Una mirada a través del cristal que, de principio, no podemos comprender pero que, tras el metraje, se llena de emoción, de libertad contenida y generosidad frustrada. Porque estos clones, antes de "cumplir", ya nos han robado el corazón. Justo lo que "nosotros" necesitamos de ellos.
NOTA FINAL: 8/10


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