viernes, 21 de enero de 2011

También la lluvia (****)

TAMBIÉN LA LLUVIA. Dirección: Icíar Bollaín. Intérpretes: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Aduviri, Karra Elejalde, Carlos Santos, Raúl Arévalo. Guión: Paul Laverty. Fotografía: Álex Catalán. Música: Alberto Iglesias. Nac.: España, Francia, México. Año: 2010. Duración: 104 min. DRAMA.

Han pasado más de 500 años desde el descubrimiento de América y parece que fue ayer. Como si no hubiéramos sido capaces de tragar nuestro complejo de superioridad ante otras culturas tan o más ricas que la nuestra. Icíar Bollaín propone una película que, en su premisa inicial, puede resultar un símil evidente, mientras demuestra en su profundización dramática una sutileza digna de las mejores parábolas. También la lluvia tiene la capacidad de impregnar de sentido un contexto que bien podría ser reiterativo en exceso.

La película retrata en su comienzo un homenaje a La dolce vita (Federico Fellini, 1960) con un helicóptero arrastrando por los cielos el sagrado símbolo cristiano para depositarlo en tierra donde los trabajadores bolivianos la pondrán en pie con el sudor de su frente. Primer abuso (como metáfora de la colonización) contado sólo en imágenes. Y así, multitud de sugerentes motivos, guiños para mentes inquietas sin necesidad de abusar del concepto. Brillante obsequio de un Paul Laverty más entregado a la causa del cine como arte que del cine como denuncia social, aunque sea incapaz de olvidarse de ello.

El motor de la historia es la película que vive dentro de ella, un discurso sobre las barbaries que se produjeron en el primer desembarco occidental llevado a cabo por una expedición española, encabezada por Colón, interpretado aquí por un espléndido Karra Elejalde. Dicotomía moral entre lo que se debe hacer y lo que se hace, lucha entre personalidades del propio gremio que enriquece la película. El joven intelectual y leído director de la película concienciado con la causa indígena interpretado por Gael García Bernal contra el productor descreído, hipócrita, práctico y capaz, maquiavélico en su búsqueda del fin sin importar los medios al que da vida un impresionante, como siempre, Luis Tosar.

Si a todo esto unimos, la gracia divina posada en el revolucionario indígena que trae a todos de cabeza, un Juan Carlos Aduviri asentado y perfecto en las mejores escenas, También la lluvia genera una estimulante matización de personajes, en una incuestionable evolución a través de una historia que utiliza la privatización del agua en Bolivia para mostrarnos lo que, en realidad, es occidente: colonización, mercenarios dispuestos a sacar provecho de las diferencias económicas y mercantiles. En También la lluvia, mientras algunos emplean su dinero para arte o entretenimiento (según se vea el cine), allí todo sigue siendo una lucha por sobrevivir.

NOTA FINAL: 7/10

lunes, 17 de enero de 2011

Burlesque (***)

BURLESQUE. Dirección: Steve Antin. Intérpretes: Christina Aguilera, Cher, Eric Dane, Cam Gigandet, Kristen Bell, Stanley Tucci. Guión: Steve Antin. Fotografía: Bojan Bazelli. Música: Christophe Beck. Nac.: USA. Año: 2010. Duración: 119 min. MUSICAL.

El musical no claudica. Pese a ser uno de los géneros clásicos más olvidados por el sistema suele aportar su ración anual y acude, como mínimo, a los Globos de Oro (premio a mejor canción y nominación a mejor película comedia-musical), casi por incomparecencia de rivales. Más exquisito unas veces que otras en su puesta de largo, sí se reconoce una estructura en pos de su función más directa: entretenimiento para la platea que necesita hacer descansar su maltrecho cerebro mientras no deja de mover imperceptiblemente el cuerpo al compás del repertorio elegido para la ocasión.

Es el caso de Burlesque, oda a la simplificación de la historia de superación personal de la inocente chiquila de provincias (cualquier lugar, Iowa) buscando su destino en las redes de la corrupta y populosa gran ciudad (Los Ángeles, California). Ninguna sorpresa, ciertamente. Como tampoco lo es descubrir la soberbia madurez interpretativa y vocal de Cher o el talentoso ejercicio de Christina Aguilera acompañada de buenas canciones. Talentoso ejercicio vocal porque en el total de su representación deja más que desear. No es razón para aniquilarla del panorama del séptimo arte pues, para lo que está en Burlesque (cantar y bailar), cumple.

Y no se le puede achacar a la señorita Aguilera, todos los fallos de un guión que es el que hace soporífera la película por su estereotipado esquema de evolución en la trama donde no hay nada que el espectador no pueda intuir. Y es la verdadera lástima de una película con una buena selección musical; entretenida y generosa en comparación con el metraje total donde brilla principalmente Cher con los dos números más íntimos (Globo de Oro por You haven´t seen the last of me, mímesis total entre Cher y Tess, su personaje), y ambientada fantásticamente en un bar de cabaret donde lo vital es la insinuación por encima de la excitación. Lo picaresco como agitación hormonal.

Sin embargo, el punto notorio de Burlesque, es ese dandi de ciudad, ese malandrín de profesión promotor inmobiliario encantado de haberse conocido y malo de la película sin ninguna gana de disimularlo. Notorio por la ejemplificación de nuestro pasado cercano y sus consecuencias en la economía a nivel global. En Burlesque, los malos continúan siendo los que abusaron del mercado inmobiliario y, nosotros, la sociedad que los mantiene, sigue viviendo hipnotizada por los números musicales, acordes, voz y coreografía de la cabaretera en cuestión, aquí Christina Aguilera enseñando mucho muslo.

NOTA FINAL: 4/10

lunes, 3 de enero de 2011

Balada triste de trompeta (***)

BALADA TRISTE DE TROMPETA. Dirección: Álex de la Iglesia. Intérpretes: Carlos Areces, Carolina Bang, Antonio de la Torre, Sancho Gracia, Manuel Tejada. Guión: Álex de la Iglesia. Fotografía: Kiko de la Rica. Música: Roque Baños. Nac.: España, Francia. Año: 2010. Duración: 107 min. COMEDIA DRAMÁTICA.

Cierto es que determinados directores tienen licencia para exorcizar sus demonios personales siempre bajo el espectro de una nutrida y poderosa filmografía precedente. Me viene a la memoria (la palabra no es casual) La mala educación de Almodóvar. En ese intento puramente egoísta, Álex de la Iglesia se ahoga en el amplio contexto de su sencilla historia donde sólo sobresalen personajes. Dos payasos enfrentados por el amor de una mujer: el payaso triste apagado en su sed de venganza y el payaso tonto cuya única habilidad es poner una sonrisa en la cara de un niño.

Carlos Areces y Antonio de la Torre como payaso triste y payaso tonto, respectivamente, constituyen dos fuertes pilares donde cimentar una película que necesita tanto su versión más agresiva desquiciada como la melancólica lastimera. Y ambos rinden. De la Torre, por lo común de su currículo; Areces, por saber ejemplificar sin mimetizar lo que haría la gran mayoría de sus compañeros de gremio; no salva las secuencias, las reinventa. El caso de Carolina Bang es más sombrío, me reservo la opinión para otros círculos sin querer hacer leña del árbol caído.

Y es encomiable el esfuerzo de ese soberbio diseño de producción (ojo que se acercan los Goya) para capricho de uno de los cineastas más carismáticos de este país, amén de presidente de la Academia. Pero en su revisión de la historia reciente de este país, sus personajes se diluyen en busca de su lugar en este país loco denominado España. Ya saben "Spain is different". Quede claro, de ante mano, que cuanto más macabra y delirante era la película, más me sorprendía por su deslenguada acidez y por lo improbable de acabar viendo semejante imaginario en la sala. Balada triste de trompeta obsequia imágenes, regala momentos perdurables que no consiguen mantener en nuestra psique esa narración lacia sin aparente sentido, sobre todo, en su dilatada segunda mitad que acaba por destrozar esa sensación de gustazo en la forma, de brillante continente pero indefinido contenido.

Sin embargo, sigue siendo un placer irreprochable esa galería de imágene de evidente buen gusto (especialmente, esa secuencia metalingüística, el cine en el cine, de Areces observando a Raphael cantar la canción que da título a la película). Ese ritmo brusco y desafinado por medio siglo español con unos inaugurales títulos de crédito irónicamente significativos. Fondo negro con títulos en blanco y las risas de los niños en off cada vez que aparece uno nuevo, grande maestro. Y es lógico que, alguien como Tarantino, se haya enamorado de este pintoresco relato; pero no lo es, que uno de los cineastas con mayor repercusión de este país utilice su posición para desengranar sus infantiles inquietudes públicamente y sin coherencia cinematográfica. Al fin y al cabo, se paga por ver historias no recuerdos tuneados.

NOTA FINAL: 5/10