Los responsables de Piratas del Caribe, Gore Verbinski y Johnny Depp (los que vienen a ser su director y alma mater, respectivamente) han decidido reciclarse a la animación. Como vocación, no sé. Más como vía que recorrer para desembarcar en un producto nunca visto. Más real que nunca, tan verosímil que pierde de soslayo su propia magia, ese clasicismo resguardado en la regencia de los volúmenes imposibles y las imágenes fuera del alcance humano. Algo triste en su esencia aunque impecable en su factura técnica que debería impresionar los subalternos ojos de cualquier espectador. Rango, lagarto de terrario con aspecto camaleónico, protagonista de este western (no tengo tan claro si parodiado u homenajeado), refleja el poco carisma de sus mayores logros: cobardía e indecisión que le hacen empático pero frío, un antihéroe de capa caída, luchando frente a sí mismo y sus melancólicos e indefinibles consecutivos fracasos. Una tradicional y repetida búsqueda de identidad heroica que no borra la variedad y multitud de referencias cinéfilas que se exponen durante el metraje. Me quedo con "La cabalgata de las valkirias" sonando en la persecución aérea cual Vietnam en Apocalypse Now.
Infinidad de matices de una luz variable y fotográficamente rica. Del crepuscular sol que se apaga en el Oeste al cenital abrasador del mediodía. Estética digital utilizada para el bien de la historia, escenarios integrados de luz característica, esencia del western y su puesta en escena. Adjuntada a la brillante iluminación se encuentra esa peste, ese contexto decrépito y hediondo llamado "Dirt" (suciedad en castellano), el pueblo donde aterriza Rango. Tan sucio en sus escenarios como en sus personajes, no exentos de colaborar en el relato (la totalidad de ellos) con roña de la más alta alcurnia. De lo más destacable ese esfuerzo por convertir Dirt en un vertedero esperando su funesta hora final como ya la han tenido todos los pueblos del medio y lejano Oeste.
Así, Rango es otro ejemplo del desarrollo tecnológico de la animación que raya ya la perfección. Pero también lo es, de esa nueva vertiente de cine de animación destinado a un público adulto. Pues cualquier niño, apenas si podrá comprender y disfrutar de la cantidad de alusiones que este pequeño lagarto está dispuesto a ofrecer. Añoranza de western, el espíritu del Oeste personificado en un psicotrópico Eastwood y Rango sediento de alma del desierto de Nevada, en un clímax poético pero magnificado en exceso. Clásica historia sobre un personaje que no encuentra su lugar en el mundo y descubre que puede ser un héroe donde ni el mismo imaginaría. Brillante por momentos, desubicada los que menos, Rango merece el crédito de quien propone algo diferente. Me gusta. Especialmente, ese monólogo inicial sobre personaje y conflicto.
NOTA FINAL: 7/10

Hay veces, por la cantidad de películas consumidas, que uno se olvida que el cine tiene esa capacidad innata para ofrecer sensaciones que transportan a otro tiempo y espacio y, belleza, sobre todo belleza, aunque sea vertida desde inquietantes tormentos. Cine no como ocioso pasatiempo sino como eterno placer contemplativo de historias inventadas. Cisne negro ataca ese aburguesamiento cinematográfico, nutrido de mediocridades y se premia a sí misma (y al público) con una realización antológica, de ensayo clínico sobre las virtudes de la mirada de una cámara tras unos personajes.
Primo, ma. (Del lat. primus). 5. Coloq. Persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente, según el Diccionario de la Real Academia Española. No conviene equivocarse pues la tercera película de Daniel Sánchez Arévalo no versa sobre una historia de hijos de hermanos, o sea Primos, sino de la superlativa estupidez aderezada con abundante inmadurez tan identificadora en el género masculino. Vamos, viene a contarnos que somos unos "primos", aunque algunos ya lo intuyéramos de antes.
