martes, 26 de abril de 2011

Gnomeo y Julieta (**)

GNOMEO & JULIET. Dirección: Kelly Asbury. Intérpretes (voces): James McAvoy, Emily Blunt, Michael Caine, Matt Lucas, Maggie Smith, Jason Statham. Guión: Andy Riley, Kevin Cecil, Mark Burton, Kathy Greenberg y Kelly Asbury, basada en la novela de William Shakespeare. Música: James Newton Howard y Chris Bacon, con canciones de Elton John. Nac.: Reino Unido, USA. Año: 2011. Duración: 86 min. ANIMACIÓN.

Gran referente cinematográfico es Shakespeare. Literato extasiado de conflicto, amante de tragedia popular, gratificante en la temática de su obra (por contemplar en ella, los grandes enigmas humanos). Enésima vez que Romeo y Julieta, los dos amantes de Verona, se lleva a la gran pantalla. Los enanitos de jardín tienen la culpa, por echársela a alguien. Y es que hay que tener siempre en cartelera películas familiares que dejen buena recaudación. Bailando al son de la historia narrada por William Shakespeare (que se reserva un pequeño papel), dos clanes de enanitos de jardín de contiguos chalets están enfrentados por ser de diferente dueño: un viejo cascarrabias Montesco y una anciana gruñona Capuleto.

Historia de amor acompasada con la discografía completa de Elton John como parte del engranaje creativo del film, certifican un nulo riesgo empresarial en la composición de esta cinta. Ganas de machacar lo correcto y eficiente, se conforman con lo que hay. Por supuesto, no se puede criticar el oficio de estos trabajadores del celuloide que, sabiendo que no inventan nada, hacen que todo ranscurra tal y como debe ser sin que parezca haber visto lo mismo una y mil veces.

Son los gags cómicos, cada vez más abundantes y mesiánicos en su función de levantar el relato, los que consiguen esa hipnosis narrativa que impide ver (o esconde bastante bien) la forma de trabajar los guiones en América, pura fórmula científica. Al puro estilo Toy Story, los enanitos de jardín tienen una vida propia que nosotros desconocemos, la cual sirve aquí para unir a dos imprevistos amantes en un romance imposible. Rodeados de los personajes que Shakespeare ideó transformados en habitantes de adosado, se desarrolla un entuerto que si no fuera por ese cortacésped venido desde el infierno poca gracia hubiera tenido.

Y es que Gnomeo y Julieta, se queda un poco lánguida para un público que no esa pueril. Demasiado facilona e ingenuamente coqueta, tras el efectismo y popularidad de esos pequeños seres que habitan los jardines de la población hortera. Unos seres, elevados a la categoría de referente cinematográfico, por el inquieto enanito que inventó Jean-Pierre Jeunet, recorriendo mundo y enviando postales por obra y gracia de Amelie Poulin. Aquel sí tenía carisma y eso que no tenía vida propia. O sí. Pregunten al señor Poulin.

NOTA FINAL: 3/10

martes, 12 de abril de 2011

Nunca me abandones (****)


NEVER LET ME GO. Dirección: Mark Romanek. Intérpretes: Carey Mulligan, Andrew Garfield, Keira Knightley, Charlotte Rampling. Guión: Alex Garland, sobre la novela de Kazuo Ishiguro. Fotografía: Adma Kimmel. Música: Rachel Portman. Nac.: Gran Bretaña. Año: 2010. Duración: 104 min. DRAMA.

Mark Romanek es un visionario. Ya lo demostró mostrándonos un desconocido Robin Williams en la notable Retratos de una obsesión, su anterior y única cinta. Nueve años después, vuelve para demostrar que, si se quiere, es más apasionante y, ficcionalmente interesante, un trío amoroso que una civilización donde se clonen humanos para morir como donantes de órganos. Y pese a la actualidad de semejante tema, lo evita para esclavizarlo a la historia de dos amantes separados por la vida (y por una tercera amante) y componer con él, un mayor dramatismo contextual.

Irresistible ese aire british pop que supura este redil de hora finita en el matadero de la supervivencia agonizante de nuestra especie, en esa incansable búsqueda de la eternidad y el triunfo sobre la muerte como primera ambición humana. Nunca me abandones (Never let me go, como título original, "Nunca me dejes marchar" en su traducción literal que, obviamente, no viene a ser lo mismo) transcurre pausada pero incorregiblemente directa hacia su desenlace. No evita la humanidad de seres a los que no se les debería permitir semejante lujo e instiga la conciencia del espectador que pasa el metraje buscando la moralidad inherente en la sociedad que plantea la cinta bajo el prisma (siempre) de las interrelaciones entre donantes que todavía tienen que "cumplir".

Gran parte del logro de la permeabilidad de Nunca me abandones es el reparto. Delicados, ingenuos, perfectamente dóciles en su irrevocable destino para el progreso de la raza humana. Sobresale Carey Mulligan, protagonista de la cinta y tercera en discordia de este trío imposible de certera caducidad, ejerciendo de altruista matriarca vocacional, plena de matices y sencillez desbordada. Keira Knightley dibuja el personaje más oscuro y corrupto y, por tanto, más denso y humano de los tres, y Andrew Garfield las acompaña como objeto de deseo dando otro paso de gigante en su prestigio como actor, ayudándose de su salto en La red social y olvidándose de ser, exclusivamente, el próximo Spiderman.

Nunca me abandones no se presenta como un cuento moralizador, aunque finalmente deba calar hondo en este sentido, si no como pura expresión de sentimiento humano, de enfrentamiento con la soledad y asunción de un trágico destino. Personajes que no deberían poder interpretar e intelectualizar emociones engalanados con una fría y bella fotografía y una banda sonora de una siempre eficiente y, en esta ocasión, muy inspirada Rachel Portman. Una película que comienza con su final, inevitable final. Una mirada a través del cristal que, de principio, no podemos comprender pero que, tras el metraje, se llena de emoción, de libertad contenida y generosidad frustrada. Porque estos clones, antes de "cumplir", ya nos han robado el corazón. Justo lo que "nosotros" necesitamos de ellos.

NOTA FINAL: 8/10